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Cardenal Alberto Suárez (México): El calendario escolar nos abre una nueva oportunidad

Cardenal Alberto Suárez (México): El calendario escolar nos abre una nueva oportunidad

El calendario escolar nos abre una nueva oportunidad 

Por el Cardenal Alberto Suárez Inda,  Arzobispo de Morelia (México)

El inicio de un nuevo ciclo escolar y de muchos servicios de educación no formal: cursos de catecismo, iniciativas pastorales, deportivas, artísticas y culturales, son una nueva oportunidad que todos debemos aprovechar, en nuestros respectivos campos de formación, para preguntarnos ¿qué es educar?, ¿para qué educamos? y ¿cómo debemos educar?

Muchas son las voces, opiniones, propuestas y posturas frente a la situación educativa del país. Ante ellas debemos reflexionar con capacidad crítica y una profunda disposición para el diálogo creativo y constructivo.

La educación debe ser la tarea principal de una sociedad madura y generosa. El papa emérito Benedicto XVI, desde el año 2007, nos señaló que estamos frente a una “emergencia educativa”. Con ello, nos llamó curiosamente a educarnos para educar. Esta tarea requiere no sólo de leyes, estructuras, materiales o métodos, sino sobre todo de un claro acuerdo sobre el sentido de la educación, situando sus distintas etapas y circunstancias.

Los obispos de México, el pasado 19 de julio, emitimos un comunicado “Sobre la situación educativa del país”. Principalmente llamamos a recorrer como sociedad un camino de oportunidades y nuevos desafíos que debe tener como centro la educación –entendiendo a ésta como un servicio concreto a la persona del educando–, así como a ensanchar nuestra forma de entender la educación, de modo que los trabajos de los diversos actores del país tengan como dirección la realización humana, integral y trascendente de las personas.

Educar implica reconocer al ser humano, una realidad noble y compleja que no se reduce a ideas o razonamientos, instrucciones o ciertas habilidades para incorporarse al mundo laboral. Es necesario formar un correcto y responsable ejercicio de nuestra afectividad, pasiones e impulsos. Debemos cultivar nuestra realidad personal, siempre en relación con el mundo natural y social. Lo anterior, exige tener la valentía de aclarar el sentido mismo del ser humano y la sociedad.

Educar, según lo explica el papa Francisco, es enseñar a la mente a reflexionar de manera correcta, mover al corazón a amar con generosidad y, por último, a usar las manos para hacer el bien; todo orientado a nuestro sentido final. En síntesis, educar es ayudar al otro a ser persona, a ser corresponsable en la construcción de una mejor humanidad, que para nosotros, los creyentes, tiene trazos de eternidad.

Fuente: Conferencia del Episcopado Mexicano

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