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Capítulo 8: La Iglesia no hace política, pero no renuncia a la dimensión política de la existencia

El último capítulo, el octavo, de la encíclica Fratelli tutti se ocupa de «Las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo» y reitera que la violencia no encuentra fundamento en las convicciones religiosas, sino en sus deformaciones. Actos tan «execrables» como los actos terroristas, por lo tanto, no se deben a la religión, sino a interpretaciones erróneas de los textos religiosos, así como a políticas de hambre, pobreza, injusticia, opresión. El terrorismo no debe ser sostenido ni con dinero ni con armas, ni con la cobertura de los medios de comunicación, porque es un crimen internacional contra la seguridad y la paz mundial y como tal debe ser condenado.

Al mismo tiempo, el Papa subraya que es posible un camino de paz entre las religiones y que, por lo tanto, es necesario garantizar la libertad religiosa, un derecho humano fundamental para todos los creyentes.

En particular, la encíclica hace una reflexión sobre el papel de la Iglesia: no relega su misión a la esfera privada, no está al margen de la sociedad y, aunque no hace política, sin embargo, no renuncia a la dimensión política de la existencia. La atención al bien común y la preocupación por el desarrollo humano integral, de hecho, conciernen a la humanidad y todo lo que es humano concierne a la Iglesia, según los principios del Evangelio.

Diálogo como camino, colaboración común como conducta

Por último, recordando a los líderes religiosos su papel de «auténticos mediadores» que se dedican a construir la paz, Francisco cita el «Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común», firmado por él mismo el 4 de febrero de 2019 en Abu Dabi, junto con el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb: de este hito del diálogo interreligioso, el Pontífice recoge el llamamiento para que, en nombre de la fraternidad humana, se adopte el diálogo como camino, la colaboración común como conducta y el conocimiento mutuo como método y criterio.

Carlos de Foucauld, «el hermano universal»

La encíclica concluye con la memoria de Martin Luther King, Desmond Tutu, Mahatma Gandhi y sobre todo, el beato Carlos de Foucauld, modelo para todos de lo que significa identificarse con los últimos para convertirse en «el hermano universal». Las últimas líneas del documento están confiadas a dos oraciones: una «al Creador» y la otra «cristiana ecuménica», para que en el corazón de los hombres haya «un espíritu de hermanos».

Fratelli tutti: La fraternidad debe promoverse no solo con palabras, sino con hechos

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