Santa Sede Última hora

Capítulo 7: La paz está ligada a la verdad, la justicia y la misericordia

La encíclica Fratelli tutti es muy rica en temas y propuestas. El capítulo séptimo, «Caminos de reencuentro», reflexiona sobre el valor y la promoción de la paz,  y el Papa subraya que la paz está ligada a la verdad, la justicia y la misericordia. Lejos del deseo de venganza, es «proactiva» y tiene como objetivo formar una sociedad basada en el servicio a los demás y en la búsqueda de la reconciliación y el desarrollo mutuo.

En una sociedad, todos deben sentirse «en casa», indica el Papa. Por esta razón, la paz es un «oficio» que involucra y concierne a todos y en el que cada uno debe desempeñar su papel. La tarea de la paz no da tregua y no termina nunca, continúa el Papa, y por lo tanto es necesario poner a la persona humana, su dignidad y el bien común en el centro de toda acción.

El perdón no es impunidad

Ligado a la paz está el perdón: se debe amar a todos sin excepción, dice la encíclica, «pero amar a un opresor no es consentir que siga siendo así; tampoco es hacerle pensar que lo que él hace es aceptable». Es más: los que sufren la injusticia deben defender con firmeza sus derechos para salvaguardar su dignidad, un don de Dios. El perdón no significa impunidad, sino justicia y memoria, porque perdonar no significa olvidar, sino renunciar a la fuerza destructiva del mal y al deseo de venganza. No hay que olvidar nunca «horrores» como la Shoah, los bombardeos atómicos en Hiroshima y Nagasaki, las persecuciones y las masacres étnicas —exhorta el Papa—. Deben ser recordados siempre, una vez más, para no anestesiarnos y mantener viva la llama de la conciencia colectiva. Es igualmente importante recordar a los buenos, aquellos que han elegido el perdón y la fraternidad.

«Una tercera guerra mundial en etapas»

Una parte del 7º capítulo se detiene en la guerra: no es «un fantasma del pasado» sino «una amenaza constante» y representa la «negación de todos los derechos», «un fracaso de la política y de la humanidad», «una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal». Además, debido a las armas nucleares, químicas y biológicas que golpean a muchos civiles inocentes, hoy en día ya no podemos pensar, como en el pasado, en una posible «guerra justa», sino que debemos reafirmar con firmeza «¡Nunca más la guerra!». Y considerando que estamos viviendo «una tercera guerra mundial en etapas», porque todos los conflictos están conectados, la eliminación total de las armas nucleares es «un imperativo moral y humanitario». Más bien —sugiere el Papa— con el dinero invertido en armamento, debería crearse un Fondo Mundial para eliminar el hambre.

La pena de muerte es inadmisible

Francisco expresa una posición igualmente clara sobre la pena de muerte: es inadmisible y debe ser abolida en todo el mundo. «Ni siquiera el homicida pierde su dignidad personal —escribe el Papa— y Dios mismo se hace su garante».

De ahí surgen dos exhortaciones: no ver el castigo como una venganza, sino como parte de un proceso de sanación y reinserción social, y mejorar las condiciones de las prisiones, respetando la dignidad humana de los presos, pensando también que la cadena perpetua «es una pena de muerte oculta». Se reafirma la necesidad de respetar «la sacralidad de la vida» allá donde hoy «partes de la humanidad parecen sacrificables», como los no nacidos, los pobres, los discapacitados, los ancianos.

Fratelli tutti: La fraternidad debe promoverse no solo con palabras, sino con hechos

Descarga aquí Fratelli tutti

Regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

REGISTRARME