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Capítulo 4: Una colaboración internacional para las migraciones

Todo el capítulo cuarto de Fratelli tutti, «Un corazón abierto al mundo entero», y parte del segundo, están dedicados al tema de los migrantes, con sus «vidas que se desgarran», que huyen de guerras, persecuciones, desastres naturales, traficantes sin escrúpulos, desarraigados de sus comunidades de origen. Deben ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados.

El Pontífice afirma que hay que evitar migraciones no necesarias, creando en los países de origen posibilidades concretas de vivir con dignidad. Pero al mismo tiempo, el derecho a buscar una vida mejor en otro lugar debe ser respetado. En los países de destino, el equilibrio adecuado será aquel entre la protección de los derechos de los ciudadanos y la garantía de acogida y asistencia a los migrantes.

Algunas respuestas

Concretamente, el Papa señala algunas «respuestas indispensables» especialmente para quienes huyen de «graves crisis humanitarias»: aumentar y simplificar la concesión de visados; abrir corredores humanitarios; garantizar la vivienda, la seguridad y los servicios esenciales; ofrecer oportunidades de trabajo y formación; fomentar la reunificación familiar; proteger a los menores; garantizar la libertad religiosa y promover la inclusión social. El Papa también invita a establecer el concepto de «ciudadanía plena» en la sociedad, renunciando al uso discriminatorio del término «minorías».

Lo que se necesita sobre todo es una gobernanza mundial, una colaboración internacional para las migraciones que ponga en marcha proyectos a largo plazo, que vayan más allá de las emergencias individuales, en nombre de un desarrollo solidario de todos los pueblos basado en el principio de gratuidad. De esta manera, los países pueden pensar como «una familia humana».

Una cultura acogedora

El otro diferente de nosotros es un don y un enriquecimiento para todos, escribe Francisco, porque las diferencias representan una posibilidad de crecimiento. Una cultura sana es una cultura acogedora que sabe abrirse al otro, sin renunciar a sí misma, ofreciéndole algo auténtico. Como en un poliedro —una imagen apreciada y reiterada por el Pontífice— el conjunto es más que las partes individuales, pero cada una de ellas es respetada en su valor.

No se cansa el Papa de pedir que se aumenten los esfuerzos por acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes, respetando su identida cultural y religiosa. Porque las personas migrantes son una fuente de enriquecimiento para la sociedad a la que llegan y es necesario tomar conciencia de nuestra ayuda mutua. Por encima de todo está la gratuidad, evitando el utilitarismo y la eficacia palpable porque se trata de dar sin esperar recompensa.

Fratelli tutti: La fraternidad debe promoverse no solo con palabras, sino con hechos

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