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Canto de amor a la Semana Santa. Mensaje de Francisco Gil Hellín, arzobispo de Burgos

Canto de amor a la Semana Santa. Mensaje de Francisco Gil Hellín, arzobispo de Burgos, para el domingo 24 marzo 2013

La Pasión y Resurrección son el momento culminante de toda la historia de Jesús de Nazaret. Toda su vida se encamina hacia el Calvario y a la mañana gloriosa de Resurrección. Los acontecimientos a través de los cuales se desarrolló este misterio se realizaron en la ciudad de Jerusalén y sus alrededores, en tiempo del emperador Tiberio, bajo el poder de Poncio Pilato, gobernador de Judea, siendo Caifás sumo sacerdote. Estas coordenadas espacio-temporales nunca más se han vuelto a juntar en la historia. A pesar de ser de tanta inhumanidad los hechos que se agolpan sobre Jesucristo en las últimas horas de su vida, los cuatro evangelistas han sido muy sobrios y discretos, dejando que sea el Espíritu Santo el que hable a través del texto. Estaban convencidos, por la fe en el Resucitado, de que una sola gota de sangre del Redentor hubiera sido suficiente para salvar al mundo y de que las llagas del Redentor son expresión de su fidelidad suprema al designio del Padre, y manifestación del amor a su voluntad soberana y santísima.

Desde la historia narrada por los evangelistas hasta nuestros días, el magno misterio de la Pasión y Resurrección de Jesucristo no ha cesado de asombrar a los hombres. Y lo han plasmado en formas muy variadas y expresivas. Se ha formado así una gigantesca y armónica coral integrada por predicadores y catequistas, escultores y pintores, miniaturistas monásticos y constructores de las grandes catedrales y retablos, poetas, literatos, músicos, orfebres, bordadores y un largo etcétera.

Dentro de este coro inmenso, los grandes autores de la tierra castellana ocupan un lugar destacado por su inmensa belleza, fuerza expresiva y sobrecogedora piedad. Baste recordar los Ecce Homo de Juan de Juni o los Cristos yacentes de Berruguete. El pueblo cristiano les impulsó a plasmar en piedra y madera el dolor, la compasión, la misericordia y, sobre todo, el inmenso amor que Dios nos ha mostrado en su Pasión. Ese mismo pueblo fue capaz de crear en torno a esas obras artísticas una variada y rica gama de actos piadosos: triduos, novenas, vía crucis, sermones de las siete palabras, procesiones y representaciones vivientes de la Pasión.

Nosotros hemos heredado ese inmenso tesoro de arte y de fe y hemos de apreciarlo, conservarlo, enriquecerlo, transmitirlo a las nuevas generaciones y, muy especialmente, vivirlo desde una fe consciente y renovada. Esta fe será capaz de llegar al corazón de tantas personas que no han conocido nunca a Jesucristo o que se han alejado de Él.

Yo os invito a todos los cristianos de Burgos y, de modo muy especial a los Cofrades de las diversas Cofradías y Hermandades, a participar en las celebraciones litúrgicas y actos de piedad popular de estos días. De modo que, entre todos, seamos capaces de convertir nuestras calles y plazas en un inmenso espacio en el que todos y cada uno podamos encontrarnos personalmente con Dios.

El misterio de Jesús de Nazaret, y, más en concreto, el de su Pasión y Resurrección, ha sido, y continuará siendo el rompeolas de la historia humana. Para los que creemos en Él, no ha existido ni existirá un acontecimiento con más repercusión a lo largo de los siglos. Al disponernos a revivirlo en la Semana Santa, contemplaremos a Cristo Crucificado y Resucitado con ojos de fe, sabedores de que Él también nos mira con inefable amor y compasión.

+Francisco Gil Hellín,

arzobispo de Burgos



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