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Campaña navideña de Ayuda a la Iglesia Necesitada: «Que haya sitio en tu posada»
Javier Menéndez-Ros, director de ACN España, y el sacerdote burkinabé Wenceslao Belem, este jueves, 9 de diciembre, en la presentación de la campaña navideña de la institución.
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Campaña navideña de Ayuda a la Iglesia Necesitada: «Que haya sitio en tu posada»

«Hace un año dos hermanos, uno musulmán, el otro cristiano, volvían de trabajar en el campo cuando un grupo de terroristas los interceptó y les pidió que rezaran las oraciones en árabe. El musulmán supo hacerlo, el cristiano no. Así que a este último le conminaron a que se quitara la cruz que llevaba al cuello y la pisara. Como se negó, le dijeron al otro que abriera bien los ojos para ver cómo mataban a un pagano… Lo decapitaron allí mismo. El hermano musulmán no lo pudo soportar: si seguir a Dios es esto, esta no es mi religión, dijo, y hoy es un catecúmeno cristiano». La historia de estos dos hermanos la ha contado este jueves, 9 de diciembre, Wenceslao Belem, sacerdote de la diócesis de Ouahigouya, en el norte de Burkina Faso. Lo ha hecho en la presentación de la campaña «Que haya sitio en tu posada», con la que la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) pide un año más por estas fechas a los cristianos españoles que no olviden a sus hermanos perseguidos en el mundo y que salgan en su ayuda. En este caso, la organización pone el foco en los damnificados por el «yihadismo creciente» que hay en África.

«África nos duele profundamente por la ignorancia, la falta de conocimiento y sensibilidad de Occidente ante tantísima necesidad, y también por el aumento imparable del yihadismo en muchos de sus países», ha indicado el director de ACN-España, Javier Menéndez-Ros. Según su organización, en el 42% de los países africanos no se respeta hoy la libertad religiosa («hablamos de cualquier credo») y en 12 países la preocupación es ya «extrema». Menéndez-Ros ha asegurado que ACN ayuda a «más de 45.000 sacerdotes, uno de cada nueve en el mundo».

Avance del yihadismo en los últimos años en Burkina Faso / ACN-España.

Burkina Faso: más de 2.000 escuelas cerradas y grupos de autodefensa

Uno de los países de África en los que el yihadismo ha ganado un peso extraordinario en los últimos años es Burkina Faso, cuyos 21 millones de habitantes —la mayoría musulmanes— nunca habían tenido especiales problemas de convivencia hasta los últimos años. Desde finales de 2020, sin embargo, «casi el 60% del territorio está dominado por yihadistas y grupos afines». En Burkina hay unos cinco millones de cristianos.

«El terrorismo comenzó en 2015. Y el pasado mes de agosto había ya más de un millón de desplazados internos», afirma el Padre Belem, párroco de la Nuestra Señora de la Liberación en Ouahigouya, una diócesis situada al norte del país, en la frontera ya con Malí. El presbítero ha informado en castellano —se doctoró en Derecho Canónico por la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid— sobre la terrible situación que se vive hoy día en su país. «En mayo había cerradas 2.244 escuelas a causa de la inseguridad. Algunas de ellas han sido transformadas en escuelas coránicas. Como los militares no pueden estar en todos los lugares, el gobierno ha formado a grupos de autodefensas que tienen que proteger las escuelas cuando hay clases, las misas cuando hay celebraciones, etc. Los sacerdotes no pueden ir por los pueblos como antes, se tienen que hacer campesinos para burlar la vigilancia de los terroristas».

Aún así, «casi cada semana hay actos de intimidación, de saqueo y asesinatos de civiles». «Han asesinado a sacerdotes, a catequistas, a un misionero salesiano español, a periodistas extranjeros», recuerda. El sacerdote español al que se refiere es Antonio César Fernández, acribillado a tiros en febrero de 2019 cuando regresaba de un encuentro religioso el Lomé (Togo). Los periodistas a los que alude son David Beriain y Roberto Fraile, secuestrados y asesinados en abril de este mismo año cuando trabajaban en un documental sobre naturaleza. Un segundo salesiano, Fernando Fernández, también falleció violentamente en Burkina en 2019, pero su muerte no tuvo que ver con el yihadismo.

«Acoger sin ninguna distinción»

«Nosotros, los sacerdotes, solemos confesarnos antes de desplazarnos… por si acaso», ha reconocido el Padre Belem. El religioso explica que la labor de la Iglesia, además de la oración, es la de «acoger a todos sin ninguna distinción». «Mis visitas a los desplazados internos, junto a un grupo de laicos, busca animarles. Les decimos que el mal nunca tiene la última palabra. Veo que muchos vuelven a la fe de verdad», señala este hijo y nieto de catequistas.

Somos «una Iglesia local perseguida, pero no olvidada», refiere también antes de agradecer la ayuda de ACN, que el año pasado financió ocho de los quince proyectos en los que se embarcó su diócesis. Se trata de actuaciones relacionadas, sobre todo, con la atención de los desplazados: desde la adquisición de motocicletas o un todoterreno, a la alimentación y ayuda escolar, pasando por el equipamiento de un centro de desplazados, o la capacitación de los agentes de pastoral para la atención psicosocial… «En todas las diócesis hay personas traumatizadas, y el obispo tiene en proyecto abrir una escuela para niños traumatizados».

En la de Ouahigouya —17.067 kilómetros cuadrados y 1,3 millones de habitantes— los desplazados por terrorismo son ya más de 200.000. La diócesis cuenta con 14 parroquias. «Los católicos bautizados son 115.200. Tenemos 15.383 catecúmenos, 87 clérigos diocesanos, 70 seminaristas mayores, 184 catequistas, 196 seminaristas menores», dice el sacerdote burkinabé, que reconoce que «los laicos están cada vez más concienciados de sus responsabilidades en la vida parroquial y comprometidos en la organización y animación de la pastoral».

Preguntado por cómo combatir el terrorismo, Wenceslao Belem dice que lo primero es «sensibilizar sobre la libertad religiosa, que es un derecho natural». «No debemos matar al otro en nombre de Dios. Hay que poner el acento sobre este tema en las escuelas, y que todo el mundo se ponga de acuerdo para luchar contra el terrorismo. Firmar acuerdos para combatir este mal desde su raíz. Y nos gustaría que los países que en Occidente han sufrido terrorismo y tienen experiencia en su combate, compartieran esa experiencia».

«Es muy importante también —añade Menéndez-Ros— que Occidente no sea egoísta y actúe solo cuando el yihadismo lo golpea a él. Porque hacemos oídos sordos cuando lo hace en otros países como los africanos. En este sentido, es muy importante la labor de los medios de comunicación».



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