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Cartas de los obispos

Campaña de Manos Unidas 2020, por Julián López

El domingo 9 de febrero, Vº del denominado “Tiempo durante el año”, acoge la Jornada eclesial, de ámbito español, de la dinámica organización “Manos Unidas”, nacida en 1959 al calor del compromiso apostólico de las Mujeres de Acción Católica y realizando su primera campaña al año siguiente. Hoy tiene un bien ganado prestigio en el compromiso solidario, interpelando a toda la sociedad con el fin de acabar o reducir, al menos, la pobreza allí donde se manifieste. Esta realidad, incompatible con el nivel de desarrollo alcanzado en la mayor parte de los países, constituye un desafío, por no decir una lacra que debería avergonzarnos a todos los que podemos comer tres veces al día e incluso seleccionar nuestros platos. Se asegura, por quien tiene motivos para contrastar la veracidad del dato, que actualmente hay 821 millones de personas que padecen hambre en mayor o menor grado y cuya pobreza sigue siendo endémica, constituyendo un escándalo insoportable para quien tiene todavía sentimientos de humanidad.

Por eso, campañas como la de “Manos Unidas” siguen siendo necesarias, lo mismo que el compromiso de todas las personas que colaboran con estos fines y otros análogos. Por eso es importante comprender que no estamos ante una simple acción solidaria con quienes padecen determinadas carencias o viven bajo ciertos niveles de pobreza. Ningún cristiano puede desentenderse de un problema como el de la alimentación “insuficiente” que se da también aquí, en nuestra ciudad y Diócesis, aunque bajo otras manifestaciones análogas como las dificultades para llegar a fin de mes, las bajas pensiones, la soledad de los ancianos, etc. Me expreso así para que, entre nosotros, nadie caiga en la tentación de pensar que el “hambre” afecta tan solo al llamado “tercer mundo” o este que es el único “problema” social. Basta tener un poco de sensibilidad social para darse cuenta de esta realidad.

La institución benéfica española de “Manos Unidas” nació como un compromiso de las entonces mujeres de la Acción Católica que, movidas por su fe, quisieron dar testimonio luchando contra la lacra insoportable del hambre consiguiendo también una dignidad de vida para las personas necesitadas. Desde el principio, esta obra social, movida ciertamente por la caridad cristiana, no se ha contentado con realizar una acción meramente asistencial, sino que ha procurado también un mayor compromiso personal y comunitario para reducir las diferencias injustas y a veces escandalosas entre los pueblos y en la misma sociedad.

Por eso “Manos Unidas” ha trabajado siempre en favor de los “Derechos Humanos”. Para lograr este objetivo, el mejor camino consiste en una verdadera promoción de las personas, de las familias y de los grupos sociales. Por eso, las acciones que propone esta institución giran todas en torno al objetivo de transformar situaciones injustas desde la perspectiva de los derechos humanos. Esto solamente se logrará si todos, especialmente los cristianos desde las propias posibilidades reales y movidos por la virtud de la caridad, nos comprometemos en la escucha del clamor de los pobres y de cualquier persona necesitada de ayuda, afecto o compañía y, por supuesto, en la acción concreta para no quedarnos en planteamientos idealistas e ineficaces.

Cada uno deberá realizar o poner en práctica aquello que le dicte su conciencia rectamente interpelada, no contentándose con echar unas monedas en la colecta dominical sino actuando en consecuencia. Con mi cordial saludo y bendición:

+ Julián López
Obispo de León

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