Editoriales Ecclesia

Caminos para la reconciliación verdadera tras el comunicado de ETA – editorial Ecclesia

Caminos para la reconciliación verdadera tras el comunicado de ETA – editorial Ecclesia

            La página 6 de este número de ecclesia recoge las declaraciones del secretario general y portavoz de la CEE y de los obispos de Navarra, País Vasco y Bayona tras el comunicado de la banda terrorista ETA del pasado 20 de abril. «ETA al pueblo vasco: declaración sobre el daño causado» es el engolado y parcial título de este comunicado, al que todo parece indicar seguirá otro el sábado 5 de mayo con el anunció quizás definitivo de la disolución de este infame grupo terrorista.

¿Qué sentimientos y actitudes surgen desde la moral cristiana, desde el Estado de Derecho y desde la reflexión de nuestra reciente historia a propósito del comunicado? En primer lugar, creemos que es innegable  experimentar alegría y satisfacción. Que el final de ETA, más allá de que desde hace siete años no ha vuelto a realizar atentados o secuestros, esté tan próximo no deja de ser una buena noticia. De ahí, y con palabras textuales de la nota de los obispos de Pamplona, Bilbao, San Sebastián, Vitoria y Bayona, es preciso valorar «lo que de positivo tiene esta declaración». Y es que estas seis décadas de terror –casi cinco de ellas de modo activamente letal- han dejado el espantoso saldo de 2.472 actos terroristas,  858 personas asesinadas y 197 atentados mortales sin esclarecer. Todo ello sin contar el número de heridos y damnificados y sin ahondar en la siembra de  quebranto y de perversión llevada a cabo singularmente en Euskadi.

En segundo lugar, resulta también evidente que la petición de perdón de ETA es selectiva,  incompleta, sectaria y hasta torticera, aunque también real e histórica, pues nunca hasta ahora ETA había entonado «mea culpa» alguno, aunque este, el de ahora, sea insuficiente. Para ser auténtico, el perdón que ETA pide debería ir acompañado de un reconocimiento de que jamás hubo justificación para sus acciones. Y cualquier manipulación y falsificación de la historia y de la verdad y cualquier búsqueda de rentabilización política de la actual situación devalúa y hasta puede invalidar la referida petición de perdón. ETA todavía está a tiempo para rectificar.

Partiendo del inmenso y tan injusto e injustificable daño ocasionado y de esta tan deficiente petición de perdón,  las perspectivas en que nuestra sociedad se hallaría tras el final de ETA han de encontrar en el apoyo a las víctimas de la barbarie etarra una premisa imprescindible y fundamental para cualquier deseable escenario de reconciliación, sanación y superación. La solidaridad efectiva con las víctimas del terrorismo y con sus familiares ha de ser inexcusable, sin fisuras y sin ambigüedades.  Y hemos de  estar con las víctimas sin equidistancias, matices o reservas, porque fueron y son inocentes. Porque para la Iglesia y la humanidad de bien las víctimas han de ser lo primero. Y jamás han de ser humilladas.

En cuarto lugar,  el comunicado del 20 de abril y, de producirse, el inicialmente previsto para el 5 de mayo, nos sitúan a todos, como ya se indicó, en un nuevo escenario. Es el de servir eficazmente a la normalización, a la reconciliación y a la reconstrucción moral del amplio tejido social dañado, en muchas ocasiones hasta de modo gravísimo, «por las ideologías totalitarias e idolátricas que alimentaron el fenómeno terrorista».

Por ello, «queremos –afirmó el secretario general de la CEE el mismo 20 de abril- que esta disolución contribuya a la gran tarea que queda, que es la reconciliación, que es el trabajo más difícil, más costoso y que lleva más tiempo y que exige más generosidad». Y es que, con palabras de los obispos de Navarra, Euskadi y Bayona,  para la Iglesia es irrenunciable la vocación, recibida de Jesucristo, de  «ser instrumento de paz y de justicia, de consolación y de reconciliación». Una reconciliación que solo es verdadera y efectiva «si existe un auténtico arrepentimiento y una sincera petición de perdón; además de una disposición real a reparar el mal causado en la medida de lo posible».

Y para todo esto son precisas, al menos, otras dos actitudes capitales.  La primera, la petición de perdón también por parte de la Iglesia, como hacen los prelados de Navarra, Euskadi y Bayona, por las «complicidades, ambigüedades, omisiones» que se hayan podido producir entre nosotros. Y la segunda, «vivir en una actitud permanente de conversión, sirviendo humildemente a la verdad y acogiendo a aquellas personas que desean emprender un camino nuevo».

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