Carta del Obispo Iglesia en España

Camino de Asís y de Bolonia, por Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrassa

Nuestra peregrinación diocesana de adultos pone rumbo este año a Asís y Bolonia, lugares donde se hallan las tumbas de dos grandes santos de la historia de la Iglesia: san Francisco de Asís y santo Domingo de Guzmán. Hoy en esta carta dominical os invito a recordar, aunque sea muy brevemente, algunos rasgos de las órdenes mendicantes, de las que ellos son dos grandes ejemplos.

La época medieval empezó con un periodo de transición, ya que se estaba forjando una nueva edad, una edad innovadora y llena de idealismos. En su primer período vive un momento de florecimiento con los carolingios, para caer después en una fase más oscura, en el siglo X. En el segundo período, la espiritualidad se recupera hasta alcanzar su cumbre en el siglo XIII.

Los ámbitos económicos, sociales, políticos y culturales de Europa sufren una serie cambios profundos en los siglos XII y XIII que inciden en lo religioso y propician una «nueva espiritualidad». La teología nace como ciencia en el siglo XIII como elaboración racional y sistemática sobre los contenidos de la revelación. Los contenidos no cambian, pero sí la metodología. La teología espiritual empieza a cobrar también vida propia en este contexto intelectual y religioso

Por otra parte, el sistema feudal se va desmoronando. Prosperan las ciudades y aparecen una nueva economía, una nueva cultura y una nueva mentalidad. La cultura se extiende y aparecen las primeras universidades. La teología ya no será la única ciencia, sino que tendrá que convivir con la filosofía y con el derecho. Simultáneamente surgen movimientos llamados «pauperísticos» como protesta contra el enriquecimiento de la Iglesia y de los nuevos burgueses. En este clima y en este marco asistimos también al nacimiento de nuevas formas de vida religiosa: los canónigos regulares y, sobre todo, las órdenes mendicantes.

Las órdenes mendicantes nacieron pues en este contexto del siglo XIII. Sus características principales son la pobreza individual y colectiva, la actividad apostólica, la fraternidad, y por último, la combinación entre la itinerancia y la estabilidad. Los franciscanos tomaron la vida pobre como un ideal en sí mismo, como un fin, mientras que los dominicos la consideraron como un medio para el apostolado. Los mercedarios y los trinitarios se dedican a la redención de cautivos, y los carmelitas centran su vida en la contemplación. Todas ellas nacen para la actividad apostólica, para servir al pueblo como predicadores y catequistas, para ayudarle en su formación y en sus necesidades espirituales. Fundan conventos en los pueblos y ciudades y adquieren la preparación cultural adecuada para su ministerio.

Las nuevas órdenes se caracterizan también por un profundo sentido de fraternidad. El convento está abierto a todas las clases sociales; los hermanos tienen el sentimiento de que son una organización de iguales, donde la corresponsabilidad y la solidaridad forman parte de las virtudes fundamentales; todos buscan la voluntad de Dios y conciben la fraternidad como don de Dios. Combinarán la estabilidad y la experiencia comunitaria con la itinerancia exigida por su actividad pastoral, intentando seguir el modelo de la comunidad fraterna que se constituyó en torno a los Apóstoles. En definitiva, vienen a ser como una especie de síntesis de las experiencias anteriores, es decir, del monacato clásico, de los clérigos regulares y de los laicos predicadores itinerantes. La variedad de las órdenes mendicantes facilitó su implantación en ciudades y también en los pequeños núcleos rurales a lo largo de toda Europa.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

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