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Camino Cañón, en la XXI Asamblea del Foro de Laicos de España

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Camino Cañón, en la XXI Asamblea del Foro de Laicos de España

En la Casa de la Institución Teresiana en la Urb. Los Negrales de Alpedrete  se  realizó este fin de semana la XXI Asamblea General del Foro de Laicos de España.

Las palabras de apertura las pronunció la Presidenta del Foro, Doña Camino Cañón:

“Iniciamos este encuentro que anualmente precede a la celebración de nuestra Asamblea la víspera de la clausura del año de la fe. Un año de gracia iniciado por el Papa Benedicto XVI, y en el que la Iglesia ha recibido a un nuevo Papa.

El Papa Francisco, como bien sabemos, completó el texto de una encíclica sobre la fe, que Benedicto XVI había redactado y nos ha ofrecido su primera encíclica: La luz de la fe.

Hemos querido partir de este texto para construir juntos la experiencia de comunión que buscamos siempre en nuestros encuentros. Para ello hemos elegido dos partes de la encíclica: el capítulo cuarto y último titulado: “Dios prepara una ciudad para ellos” porque nos invita a poner la luz de la fe al servicio de la justicia, del derecho y de la paz (51). Una invitación que, en nuestro caso, es una oportunidad para dar pasos en la experiencia de comunión que venimos construyendo en nuestro modo de compartir, de acoger y de comprender más a fondo la manera como los carismas laicales encarnados en nuestros movimientos y asociaciones son a la vez anuncio de la buena noticia para el mundo. El Espíritu sabrá conducir nuestro deseo de ahondar en la comunión hacia frutos de novedad en la evangelización en la que todos estamos empeñados.

A veces pienso que quizás no somos suficientemente conscientes del gran don que supone la fe en un Padre común como fuente de solidaridad universal. Es común en nuestros ambientes escuchar que la virtud fundamental  en estos tiempos es la solidaridad, y escuchamos y leemos, a menudo, modos diversos de fundamentar la solidaridad. Los cristianos lo tenemos muy fácil, pero por eso mismo, porque la fe nos hace hermanos cuidados amorosamente por Dios mismo, nuestra responsabilidad en la construcción de un mundo habitable para que los seres humanos podamos vivir unos con otros en paz, justicia y libertad (cfr. 50), es muy grande.

Esta mañana, en el compartir de las aportaciones cada asociación y movimiento, tendremos la oportunidad de conocer o reconocer, según los casos, cómo la fe en el Dios de Jesucristo, dinamiza nuestras comunidades laicales y genera creatividad entre nosotros de manera que juntos tomemos conciencia una vez más de cómo “la luz de la fe no luce sólo en el interior de la Iglesia, ni sirve únicamente para construir una ciudad eterna en el más allá, nos ayuda edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza”. (51)

También el capítulo tercero para compartirlo en el trabajo de la tarde: “Transmito lo que he recibido” es el título, en palabras de Pablo a los Corintios, de esta parte de la encíclica. En ella se nos recuerda que la Iglesia, como toda familia, transmite a sus hijos el contenido de su memoria (40) y para transmitir esta riqueza, se nos invita a celebrar en la liturgia de la Iglesia los sacramentos, que ponen en juego a toda la persona, cuerpo, espíritu, Interioridad y relaciones.

Somos parte de una familia que peregrina en la historia, que se reconoce en los modos cómo hace memoria en la celebración de los sacramentos. En ellos recibimos la invitación a una forma concreta de vivir, que implica toda nuestra persona y la pone en el camino del bien (65). Recibimos también la capacidad para ver la realidad con otra profundidad y de dejarnos transformar por la fe que profesamos (cfr. 45).

Esta tarde, queremos también ofrecernos la oportunidad de compartir las diversas sensibilidades que tenemos para plasmar celebrativamente estas dimensiones de la fe común. Buscamos que lo que aquí hayamos vivido sea la llama que encienda muchas otras llamas, que animemos a otros a ofrecer la luz de la fe a las personas con las que nos relacionamos en nuestra vida diaria. Que llenemos de luz nuestros espacios de trabajo y nuestras relaciones con los que no lo tienen, nuestras familias, nuestras calles y todos nuestros ambientes. Sabemos, que al hacerlo, estamos invitando a que se unan a esta gran familia en la que cada cual es portadora de esa luz de la fe que va alumbrando el camino y que abre a la esperanza, dándonos un impulso nuevo para vivir cada día, tanto los que están llenos de buenas noticias, como los días grises ellos en los que un nuevo sufrimiento entra por nuestra puerta.

Nos invitamos, pues, a vivir esta experiencia de comunión con el deseo de que el Espíritu la transforme en experiencia de comunión entre todos los movimientos y asociaciones aquí representados, y con toda la Iglesia.

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