Opinión

Cambiar las estructuras, anunciar a Jesucristo

Lo propio de la misión que tenemos encomendada los fieles laicos radica en estar en el mundo para ordenar las realidades temporales según Dios. Lo sabemos, pero nos cuesta ponerlo en práctica, porque cada vez es más difícil manifestarse como creyentes. Sin embargo, la realidad cotidiana nos demuestra que seguimos necesitando de Dios y que las estructuras sociales de las que nos hemos dotado precisan de los valores del Evangelio.
Cambiar la realidad pasa, sin duda alguna, por la conversión de las personas que estamos inmersas en ella. Pero exige igualmente nuestra presencia transformadora en las estructuras sociales. Para nosotros el mundo, como conjunto de todas las cosas creadas, son los ambientes en los que nos movemos y las personas con las que nos relacionamos en nuestra vida. Unos y otras reclaman nuestro testimonio, nuestra lectura creyente de la realidad, nuestra acción renovadora movida por el amor.
Anunciar a Jesucristo y cambiar las estructuras conlleva como efecto la anticipación del Reino de Dios, hacerlo presente en nuestro mundo, poder experimentar anticipadamente, aunque sea en una pequeña medida, lo que significa la vida eterna a la que estamos llamados.
De este modo, en cierto sentido, se cierra el círculo que hemos querido representar con los cuatro itinerarios de nuestro Congreso de Laicos: el primer anuncio, con el debido acompañamiento, permite iniciar procesos formativos que conducen paulatinamente a la presencia en la vida pública desde la que, a su vez, evangelizamos. En ellos está representada la esencia de la vocación laical. En ello nos jugamos la santidad.

Print Friendly, PDF & Email