Rincón Litúrgico

Cada caso de eutanasia es una derrota para la humanidad – editorial Ecclesia

Cada caso de eutanasia es una derrota para la humanidad – editorial Ecclesia

Ha sido la crónica de una muerte anunciada y fruto de una terrible eutanasia, además a cámara lenta y socapa de compasión y de progreso. Ya nos referimos a este caso estremecedor en nuestro Editorial del número 3.988.

Francés de 43 años y tetrapléjico a causa de un accidente en 2008, Vincent Lambert falleció finalmente en un hospital de Reims el 11 de julio, nueve días después de que fueran desconectadas las máquinas —en estos once años, había sido desconectado y vuelto a conectar ¡hasta en cinco ocasiones!— que le proporcionaban alimentación e hidratación. Algo, el suministro de alimentación y de hidratación, que la ética, la inmensa mayoría de las legislaciones y la recta razón proscribe y cuya práctica se considera pura y dura eutanasia.

El final de esta historia ha suscitado un gran debate en toda la sociedad acerca de la eutanasia y la eufemísticamente llamada «muerte digna». A ello se ha sumado que mientras los padres de Lambert no querían la desconexión, su esposa y otros familiares opinaban que él no hubiera querido vivir así.

Esta muerte provocada de Lambert coincidió, además, en España con la presentación en el Congreso de los Diputados de tres iniciativas populares con más de un millón de firmas recogidas a través de una plataforma digital, para reclamar la despenalización de la eutanasia y apoyar a Ángel Hernández, investigado por cooperación al suicidio, en abril pasado, al ayudar a morir a su mujer, María José Carrasco, que sufría esclerosis múltiple y quería supuestamente acabar con su vida.

En la víspera misma de que la vida de Lambert concluyera abruptamente, el Papa, en Twitter, lanzó un claro mensaje: «Oremos por los enfermos que son abandonados hasta dejarlos morir. Una sociedad es humana si protege la vida, toda vida, desde el inicio hasta su fin natural, sin decidir quién es digno o no de vivir. ¡Que los médicos ayuden la vida, no la quiten!».

Y al día siguiente, cuando ya se conocía la noticia de su muerte, Francisco publicó otro mensaje en esta misma red social: «Que Dios Padre acoja en sus brazos a Vincent Lambert. No construyamos una civilización que elimina a las personas, cuya vida consideramos que ya no es digna de ser vivida: toda vida humana tiene valor, siempre».

Por su parte, el arzobispo Vincenzo Paglia, canciller de la Pontificia Academia para la Vida, escribió, también en Twitter, que esta muerte «es la historia de una derrota para la humanidad». Y el cardenal arzobispo de Madrid recordó, en declaraciones periodísticas, que «no son los hombres los dueños de la vida, sino solo Dios, y que por tanto, es Él quien tiene la capacidad de dar la vida y de entregarnos su final». Y desde estas mismas premisas, el cardenal Osoro avaló el firme e irrenunciable compromiso de la Iglesia en favor de toda vida y de toda la vida y, por ello, su defensa inquebrantable de los más vulnerables, desechados y descartados. Como vulnerable, desechado y descartado ha sido Vincent Lambert.

Dios, sí, es el único señor de la vida desde su alba hasta su ocaso natural. Nuestro deber es custodiar siempre la vida y no ceder nunca a la cultura del descarte. Y ello, que va inscrito a fuego en la recta conciencia de todo ser humano, obliga de manera especial a los profesionales sanitarios, que han de servir la vida y no la muerte. Obliga también a los profesionales de la Justica, que han de velar por preservar el primero de los derechos que es el derecho a vivir. Como obliga y mucho a la entera ciudadanía, más aún si es cristiana.

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