Brasil ha superado este martes 28 de julio las 87.000 muertes por COVID-19. En la foto, del pasado mes de abril, dos excavadores abren fosas en São Paulo / EFE.
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Brasil: Obispos católicos contra Bolsonaro

Durísimo alegato de 152 obispos de Brasil contra el presidente Jair Bolsonaro, a quien consideran incapaz e incompetente para hacer frente a las gravísimas crisis (sanitaria, económica e institucional) que sufre el país. En una Carta al pueblo de Dios que ha sido filtrada al diario Folha de São Paulo, este grupo de prelados afirma que Brasil está atravesando uno de los momentos más duros de su historia, una «tormenta perfecta» que requiere «mucho más diálogo institucional» del que hay en estos momentos, así como la superación de «discursos ideológicos cerrados».

No se trata de un pronunciamiento oficial de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos (CNBB). De hecho, el documento, que supuestamente debería haber visto la luz la pasada semana, ha sido aireado ante el temor de que el sector más conservador del episcopado —y más afín, por tanto, a los posicionamientos del Presidente— lo acabase vetando o edulcorando. Después de que la pandemia fuese minimizada por el mandatario —en su día la calificó de «gripecita»— y de la ausencia de políticas eficaces de prevención para no perjudicar la economía, Brasil es actualmente el segundo país del mundo con más muertes por coronavirus —cerca de 90.000—, solo superado por Estados Unidos: más de 148.000.

COVID: Ni azar, ni castigo divino

«Estamos asistiendo sistemáticamente —empieza denunciando la Carta— a discursos anticientíficos que tratan de naturalizar o normalizar el flagelo de los miles de muertos por el COVID-19, tratándolo como fruto del azar o del castigo divino, el caos socioeconómico que se avecina, con el desempleo y la hambruna que se proyectan para los próximos meses, y las conspiraciones políticas que pretenden mantener el poder a cualquier precio».

Las críticas contra la gestión de Bolsonaro son contundentes. «Analizando el escenario político, sin pasiones, percibimos claramente la incapacidad y la imposibilidad del Gobierno Federal de hacer frente a estas crisis», se señala. «Las reformas laborales y de la seguridad social, que se considera que mejoran la vida de los más pobres, han demostrado ser trampas que han hecho que la vida de las personas sea aún más precaria. Es cierto que Brasil necesita medidas y reformas serias, pero no como las que se han hecho, cuyos resultados han empeorado la vida de los pobres, desprotegido a los vulnerables, liberado el uso de agrotóxicos antes prohibidos, aflojado el control de la deforestación y, por lo tanto, no han favorecido el bien común y la paz social. Una economía que insiste en el neoliberalismo, que privilegia el monopolio de los pequeños grupos de poder en detrimento de la gran mayoría de la población, es insostenible».

Para este nutrido grupo de prelados, que dice no tener más interés que la construcción del Reino de Dios, «el sistema del Gobierno actual no pone en el centro a la persona humana y el bien de todos, sino la defensa intransigente de los intereses de una “economía que mata” (Evangelii gaudium, 53), centrada en el mercado y el lucro a cualquier precio». «Vivimos, pues —constatan los obispos—, con la incapacidad e incompetencia del Gobierno Federal para coordinar sus acciones, agravada por el hecho de que está en contra de la ciencia, de los Estados y municipios, de los poderes de la República; por acercarse al totalitarismo y utilizar medios reprobables, como el apoyo y el fomento de actos contra la democracia, la flexibilización de las leyes de tráfico y el uso de armas de fuego por parte de la población, y de las leyes de tráfico, y la práctica de acciones de comunicación sospechosas, como las noticias falsas, que movilizan a una masa de seguidores radicales».

Desprecio a la educación y repugnancia ante la libertad de pensamiento y de prensa

 Los reproches al inquilino del palacio de Planalto no se detienen ahí. «El desprecio de la educación, la cultura, la salud y la diplomacia también nos asombra. Este desprecio es visible en las manifestaciones de ira hacia la educación pública; en el llamamiento a las ideas oscurantistas; en la elección de la educación como enemiga; en los sucesivos y graves errores en la elección de los ministros de Educación y Medio Ambiente y del secretario de Cultura; en el desconocimiento y la depreciación de los procesos pedagógicos y de los pensadores importantes del Brasil; en la repugnancia por la conciencia crítica y la libertad de pensamiento y de prensa; en la descalificación de las relaciones diplomáticas con diversos países; en la indiferencia ante el hecho de que el Brasil ocupa uno de los primeros lugares en el número de infectados y muertos por la pandemia sin tener siquiera un ministro en ejercicio en el ministerio de Salud; en la tensión innecesaria con las demás entidades de la República para coordinar el enfrentamiento de la pandemia; en la falta de sensibilidad con los familiares de los muertos por el nuevo coronavirus y los profesionales de la salud, que se están enfermando en los esfuerzos por salvar vidas».

«En el plano económico —prosiguen los firmantes— el ministro de Economía desprecia a los pequeños empresarios, que son responsables de la mayoría de los empleos del país, favoreciendo solo a los grandes grupos económicos, concentradores de ingresos y grupos financieros que no producen nada. La recesión que nos persigue puede hacer que el número de desempleados supere los 20 millones de brasileños. Existe una discontinuidad brutal en la asignación de recursos para las políticas públicas en el ámbito de la alimentación, la educación, la vivienda y la generación de renta».

Los vetos del Presidente y la manipulación de la Religión

La Carta denuncia asimismo la «omisión, apatía y rechazo hacia los más pobres y vulnerables de la sociedad» que está demostrando este Ejecutivo. «Hace unos días —se lamenta— el Presidente de la República, en el Plan de Emergencia para enfrentar el COVID-19, aprobado por el Legislativo federal, bajo el argumento de que no había previsión presupuestaria, entre otros puntos, vetó el acceso al agua potable, material de higiene, camas hospitalarias y de cuidados intensivos, ventiladores y máquinas de oxigenación sanguínea, en territorios indígenas, quilombolas y comunidades tradicionales».

«Incluso la Religión —prosigue el texto— se utiliza para manipular los sentimientos y creencias, provocar divisiones, difundir el odio, crear tensiones entre las Iglesias y sus líderes. Es digno de mención lo pernicioso de cualquier asociación entre la Religión y el poder en el Estado secular, especialmente la asociación entre grupos religiosos fundamentalistas y el mantenimiento del poder autoritario. ¿Cómo no indignarse por el uso del nombre de Dios y su Santa Palabra, mezclado con discursos y posturas prejuiciosas que incitan al odio, en lugar de predicar el amor, para legitimar prácticas que no concuerdan con el Reino de Dios y su justicia?».

La Carta al pueblo de Dios termina pidiendo «unidad en el respeto de la pluralidad», y proponiendo «un amplio diálogo nacional en el que participen los humanistas, los comprometidos con la democracia, los movimientos sociales, los hombres y mujeres de buena voluntad, para que se restablezca el respeto a la Constitución Federal y al Estado Democrático de Derecho». Un Estado, añade, con «ética en la política»; con transparencia en la información y el gasto público; con «una economía orientada al bien común; con justicia social y ambiental; con «tierra, techo y trabajo»; con protección de la familia; y con «una educación y una salud plenas y de calidad para todos».

Despedida del nuncio

Brasil, con 310 obispos en activo, y 169 eméritos es el mayor episcopado del mundo. Pese al avance de los evangélicos, fieles aliados del Presidente, el país cuenta con más de cien millones de católicos. La Iglesia cerró 2019 con 278 circunscripciones eclesiásticas, de las cuales 217 eran diócesis, 45 archidiócesis, ocho prelaturas y tres eparquías.

Después de ocho años y medio de servicio, el nuncio, el italiano Giovanni D´Aniello, se despidió del país el 23 de julio, rumbo a Moscú. Celebró una Eucaristía en el santuario nacional de Nuestra Señora de Aparecida y concedió una entrevista a TV Aparecida.  En ella, y preguntado por la misión de promover la reconciliación, señaló: «Encontré un episcopado muy cercano, muy cercano al Santo Padre, muy fiel al Santo Padre. Fue fácil para mí en el sentido de que ya conocía el episcopado, ya tenía esta unidad y solo se consolidó aún más».

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