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Bolivia: La familia responde a las expectativas profundas de la persona, afirma el presidente del episcopado

Bolivia: La familia responde a las expectativas profundas de la persona, afirma el presidente del episcopado

Del 10 al 15 de noviembre, los obispos de Bolivia celebraron su 102 Asamblea Plenaria, en la ciudad de Cochabamba. La familia ha sido uno de los temas centrales de esta reunión como se desprende del discurso de inauguración monseñor Ricardo Centellas Guzmán, obispo de Potosí y presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB).

Ofrecemos extractos del discurso pronunciado por el presidente de la CEB

– La situación de la familia hoy.

Nuestra Asamblea tratará el tema de la familia, a propósito, me permito citar la afirmación interpelante del Papa Francisco: “no podemos renunciar a proponer el matrimonio, como proyecto divino: frente al descalabro moral y humano” de tantas familias. Es innegable en todo tiempo y lugar la importancia determinante de la familia para establecer una sociedad que recupere la humanización del mundo.

Estamos urgidos a recuperar la identidad y la misión de la familia que garantice el desarrollo integral de las generaciones presentes y futuras, que los padres asuman su responsabilidad de educadores. Este ideal, nos debe motivar a un acompañamiento cercano y sistemático, especialmente a tantas familias en situaciones conflictivas e irregulares; porque ellas no son un problema sino una oportunidad.

El mundo materialista de hoy pretende, cada vez más, interpretar la institución de la familia como unión provisoria, pero desde siempre, ha sido y es alianza permanente e insustituible. En este sentido, la familia debe ser asumida como fuente de vida inagotable, recibida de Dios.

En este contexto, todo cristiano y persona de buena voluntad está llamada a asumir la responsabilidad de superar los desafíos actuales que están deteriorando la estabilidad y consistencia de la familia: divorcio que destruye permanentemente la unidad; alcoholismo que degenera y oscurece la racionalidad; la mentira que debilita y anula el proceso de confianza reciproca; el machismo que origina la violencia intrafamiliar hasta el extremo del feminicidio; la ideología de género que niega la diferencia y la reciprocidad natural del hombre y la mujer.

– Iglesia al servicio de la Familia

“La Iglesia es familia de familias, constantemente enriquecida por la vida de todas las iglesias domésticas”. A partir de esta afirmación podemos decir, sin duda alguna, que no puede haber Iglesia sin el concurso de las familias. Al respecto, la evangelización de la familia exige una visión pastoral renovada. Es decir, todos los agentes pastorales de la Iglesia debemos cambiar en nuestra mentalidad conservadora y hacer una opción fundamental de apostolado prioritario a favor de la familia. No simplemente acciones por la familia, sino procesos de acompañamiento de toda la Iglesia.

Nuestro actual servicio a la familia es insuficiente, realidad que nos motiva a comprometernos en un servicio serio y actualizado de la familia como eje transversal de toda pastoral en la Iglesia, porque como es la familia es la Iglesia y la sociedad. Este desafío, requiere una profunda conversión personal y pastoral sostenida en el espíritu de Jesús, porque sin su presencia en el seno familiar no hay consistencia. En este año de la misericordia, todos hemos sido bendecidos y estamos muy agradecidos por las diversas experiencias que fortalecen nuestra vida personal y familiar.

– Misión Profética

La familia responde a las expectativas profundas de la persona, por eso es necesario cuidar su integridad para que sea capaz de luchar con decisión por una verdadera paz, una auténtica justicia y respeto a la dignidad de toda persona y sus derechos. Impulsar una ética, que es la rectitud de la conciencia, para humanizar al hombre de hoy.

Es innegable que el vacío moral que padecemos es degradante, y vacío ético que es la causa de la corrupción en nuestro ambiente. El engaño y la mentira encuentran en el terreno propicio para crecer y distorsionar principios elementales de convivencia fraterna, presentando el poder como derecho y no como servicio. Necesitamos un proyecto ético común sin exclusiones, apoyado y valorado por todos los ciudadanos y las instituciones públicas y privadas, que nos permita participar de una familia boliviana donde nadie sea perseguido injustamente y seamos capaces de expresarnos con libertad en cualquier circunstancia.

La ética cristiana podría hacer una valiosa aportación a la ética civil de la que nuestra sociedad se encuentra tan urgida. Sin una ética básica nada se mantiene en pie y nuestra sociedad puede convertirse en una jungla y solo los que no tienen escrúpulos se mueven sin impedimento alguno. Los pueblos y sus gobiernos tienen la alta responsabilidad de consolidar una sociedad donde prevalezca la dignidad y la realización integral de sus ciudadanos. Porque una democracia sin ética no es democracia.

Que María, nuestra madre, interceda por todos y especialmente nos acompañe estos días de encuentro y reflexión. Gracias.
Fuente: Iglesiaviva

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