Bodas de oro sacerdotales de Antonio Algora, obispo emérito de Ciudad Real
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Bodas de oro sacerdotales de Antonio Algora, obispo emérito de Ciudad Real

Bodas de oro sacerdotales de Antonio Algora, obispo emérito de Ciudad Real

El jueves 28 de diciembre Hermandades del Trabajo vivió una jornada muy emotiva y entrañable. Commemoró los 50 años de vida sacerdotal de Monseñor Antonio Algora, Obispo emérito de Ciudad Real. También se celebró el tradicional Te Deum de acción de gracias por el año que termina

50 Anviersario ordenación sacerdotal Monseñor Antonio Algora

A las 19,00 horas comenzaba en la Capilla de Hermandades del Trabajo la Eucaristía de Acción de Gracias por estas Bodas de Oro Sacerdotales.

Monseñor Antonio Algora fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1967.

A la celebración acudieron numerosos militantes, afiliados y simpatizantes de Hermandades, así como allegados a Monseñor Algora.

Monseñor Antonio Algora está muy vinculado a Hermandades del Trabajo y a su obra,  fue Consiliario Diocesano de este Centro, sucediendo a Don Abundio a quien también estaba muy vinculado. También cabe recordar que Monseñor Algora ha pronunciado el Pregón de Navidad de Hermandades del Trabajo en este 2017.

Homilía

En su homilía, el Obispo emérito de Ciudad Real reconoció que en ocasiones como estas, “uno tiene que medir mucho las palabras” por eso he encontrado “refugio” en el libro “Don y Misterio” de San Juan Pablo II.

Monseñor Antonio Algora para hablar de la historia de su vocación sacerdotal parafraseaba a San Juan Pablo II, quien decía que la conoce sobre todo Dios”.

“En su  dimensión más profunda toda vocación sacerdotal es un gran misterio, es un don que supera infinitamente al hombre. Cada uno de nosotros los sacerdotes lo experimenta claramente durante toda la vida. Ante la grandeza de este don sentimos cuán indignos somos de ello”.

La vocación es el misterio de la elección divina, no me habéis elegido vosotros a mí sino que yo os he elegido a vosotros. Y os he destinado para que vayáis y deis fruto y que vuestro fruto permanezca”.

A continuación, reconocía que estas palabras inspiradas “estremecen profundamente toda alma sacerdotal”. Por eso, en diferentes circunstancias, como por ejemplo, con ocasión de los jubileos sacerdotales, hablamos de sacerdocio y damos testimonio del mismo debemos hacerlo con gran humildad conscientes de que Dios “nos ha llamado por una vocación santa no por nuestras obras si no por su propia determinación y gracia”, concluía.

Vocación sacerdotal

Monseñor Algora se crió en una familia “profundamente” cristiana y señaló que su vocación se “cuajó” en la vieja Acción Católica. Recordó que estando en el seminario ya se empezaba a hablar de los hombres y mujeres que “en medio del mundo del trabajo sacrificaban muchas horas de su vida, de su existencia para ponerla al servicio de la Hermanos. De allí nació que yo fuera primero a Alcalá de Henares y después a Hermandades.”

Volviendo a recordar las palabras de San Juan Pablo II, afirmó, que estos días piensa en todos los laicos que el Señor “me ha hecho encontrar en mi misión de sacerdote y obispo han sido para mí un don sin límite por el cual no ceso de dar gracias a la providencia”.

Secularización de compañeros

Además, el Obispo emérito de Ciudad Real no pudo dejar de reconocer la “pena y el dolor” que sentía al ver cómo como casi la mitad de los compañeros de su curso se secularizaba a los 2 o 3 años. “Mi compañero Inocencio –presente en esta Eucaristía- y yo no podíamos soportar entonces la fragilidad de la iglesia.

“Una iglesia triunfante anticipadamente en la tierra que parecía que lo dominaba todo, y que se venía abajo, simplemente con una cosa tan sencilla como un seiscientos para  trasladar a las familias para dejar la misa dominical e irse de “weekeng”.

Eucaristías en Hermandades

Finalizó la homilía rememorando las Eucaristías de cuando estaba en Hermandades. “Cada 23 de diciembre celebrábamos la Navidad anticipadamente, también celebrábamos mi sacerdocio”.

“Doy gracias a nuestro padre Dios por volver después de 32 años a pisar esta casa con más frecuencia y por poder celebrar con vosotros, con mi iglesia doméstica de Hermandades del Trabajo los 50 años de Sacerdocio”.

Monseñor Antonio Algora concluyó con la siguiente frase: “como dice el Papa Francisco sed buenos y rezad por mí”.

A la conclusión de la Eucaristía, Ignacio María Fernández de Torres, Consiliario de Hermandades del Trabajo dio lectura a la felicitación enviada por el Papa Francisco desde el Vaticano.

Mensaje de la presidenta Diocesana y presidente Diocesano de Hermandades

Como cierre del acto, María José Plaza Bravo, Presidenta Diocesana del Centro de Madrid, tuvo unas palabras para Monseñor Antonio Algora, a quien le dio las gracias por “querernos tanto” y porque “nunca se ha olvidado de nosotros”.“Su amor por Hermandades y por los que formamos parte de ella ha sido un amor manifiesto, es decir, un amor eficaz del que nosotros nos hemos enterado”.

“A nosotros nos ha hecho y nos sigue haciendo muy felices sabernos queridos por usted. Y hablo en nombre de Hermandades del Trabajo porque es un amor correspondido”, concluyó.

Por su parte, Pedro Martín, Presidente Diocesano del Centro de Madrid, afirmó que para Hermandades el 2017 ha sido un año muy “vivido en gracia de Dios”. “Es muy justo reconocer y agradecer a Dios lo que ha hecho por nosotros este año”.

El Presidente Diocesano, cerró su intervención pidiendo al Señor que bendiga los deseos y propósitos de Hermandades del Trabajo para 2018.

Obsequio de Hermandades

Para concluir la celebración, la Presidenta Diocesana del Centro de Madrid, hizo entrega a Monseñor Antonio Algora de un obsequio como recuerdo a este día tan especial.

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