Foto cedida por Alberto Di Lolli.
Coronavirus

Blanca Gracia, médico intensivista: «Lo que vivimos nos da a todos una lección de humildad muy grande»

Concertamos la entrevista para el miércoles 24 por la tarde y eran las 19 horas cuando aún estaba saliendo del hospital. Son días duros, con jornadas muy largas para los sanitarios. Pero el cansancio no la frena. Se llama Blanca Gracia Gutiérrez (31 años, Zaragoza), médico intensivista de dos hospitales de Madrid, y miembro de la Comunidad de Vida Cristiana (CVX) Padre Arrupe, en La Ventilla (Madrid). Su compromiso, arraigado en la experiencia profunda de Dios, le hace aceptar la entrevista con gusto y ofrecer un testimonio. Porque el COVID-19 nos ha parado el tiempo, nos ha frenado la vida… aún no acabamos de creer lo que está ocurriendo, pero lo que es cierto, es que es real. Mientras trabaja incansablemente con tantos y tantos y tantos sanitarios, Blanca Gracia tiene una reflexión muy profunda: «Yo le pido a Dios que esta situación nos sirva para algo, es lo más importante. Que no nos creamos que somos dioses y que podemos con todo».

—Estamos viviendo momentos terribles y con una saturación de noticias muy difíciles de asimilar constantemente. En este momento, en los hospitales en los que estás ¿atiendes directamente a personas con COVID-19?
—Sí, a diario, prácticamente son el 80% de nuestros pacientes ahora mismo. Se han tenido que aumentar las camas de pacientes críticos. Hemos pasado de tener, por ejemplo, 8 camas de UCI, a tener esas 8 con pacientes COVID, más 3 pacientes de UCI (no COVID) en otra unidad separada, y otros 5 pacientes con COVID en otra unidad que se ha reorganizado para tener solo coronavirus y que se va a llenar en los próximos días. Y solo nos quedan tres respiradores. Hay tal cantidad de personas que necesitan estar en UCI, que estamos colapsados. El pronóstico de aquellas personas mayores y con enfermedades previas, es nefasto. Su radiografía indica que sus pulmones están totalmente ocupados por la neumonía y se ahogan, no pueden respirar. Ningún libro de medicina te dice qué pacientes pueden soportar esta enfermedad y lo que supone un tratamiento de estas características en la UCI.

—A muchísima gente se le indica que si tiene síntomas, se aisle en su habitación. Cuando llegan a urgencias ¿qué se hace?
—Pues llegan y en función de los síntomas y la gravedad se realiza un triaje. Si son síntomas leves, aunque posiblemente tengan COVID, se suelen dar de alta a casa en aislamiento. Si tienen algún síntoma más importante, como fatiga o fiebre persistente, se hace una placa de tórax y un análisis de COVID. De esos, algunos quedarán ingresados y otros se irán a casa con tratamiento y en aislamiento. Algunos pacientes que cuando llegan ya están muy graves con mucha fatiga, una neumonía con mucha afectación de los dos pulmones y con la saturación de oxígeno baja… pueden ir directamente a al UCI (si cumplen con algunos criterios), aunque lo más normal es que los pacientes que nos llegan a nosotros vengan de estar en planta. Son pacientes que tras unos días de ingreso, empiezan a empeorar, de un día para otros empeora la afectación pulmonar de la placa de tórax.

—¿Qué te dicen a ti los aplausos que os damos todos los días a las 20 horas?
—Me ayudan un montón. Hace unos días llegué a casa muy cansada, con el ánimo bajo… escuchar esos aplausos me levantaron, además era el cumpleaños de una vecina y todo el barrio le cantamos el cumpleaños feliz.

—Nunca antes como ahora mismo habíamos valorado tanto, tanto, tanto, vuestro trabajo. ¿Cómo te ves a ti y cómo ves a tus  compañeros?
—Yo ahora mismo me veo desbordada de cantidad de pacientes que ver por día, muy sola, porque no hay tiempo de compartir dudas o información con los compañeros. Pero lo peor son las guardias… en uno de los dos hospitales estoy sola de guardia para 15 pacientes COVID, más los 3 que hay de UCI (por ahora) y todas las llamadas de la planta de pacientes que empeoran. Me siento con mucha responsabilidad y con sensación de ir a la guerra… cada día hay que desestimar a alguien para ir a UCI, alguien que, quizás en otra circunstancia, sí entraría.

—Es tremendo que la gente se muera sola…
—Es lo peor. Y tener que informar a sus familiares por teléfono… [silencio]. Tengo que decir que las familias son muy comprensivas. Cuando informas a la familia que tienes que entubar al paciente, hay algunas que te dicen: Muchas gracias por todo el trabajo que haces. Yo estoy admirada y me sobrecoge esta situación.

—Es tiempo de transmitir serenidad… ¿cómo hacerlo desde la fe, desde Jesús?
—Bueno, por una parte, la serenidad es para toda la población, que si se queda en casa y sigue las recomendaciones… todo irá bien. Con los familiares de los enfermos, intento hacer todo lo posible, dar confianza. Pero sobre todo, yo lo vivo profundamente con los pacientes. Cuando ingresan en la UCI, antes de entubarlos, intento mirarles a los ojos, cogerles de la mano, darles esperanza, decirles que todo va a salir bien, que no ingresamos a la gente en la UCI si no tenemos esperanza… La verdad es que quienes tenemos la fuerza de Dios somos unos afortunados. Cuando me piden que rece por ellos, lo hago y les digo que ellos también recen. Como si se lo estuviera diciendo yo misma a Dios, o como si Jesús estuviera hablando con el paciente. Son los últimos minutos que estará consciente, así que intento tratarle como si fuera el padre de mi mejor amiga e intento explicar las cosas de la manera más llana posible, pero dejando claro que lo que hacemos tiene una evidencia científica detrás.

—Todos sabemos que estáis agotados y que estáis dándolo todo. ¿Qué haces para descansar?
—Mira, yo pienso que ahora mismo es necesaria la mejor versión de mi persona. Y lo mejor ahora mismo es estudiar al llegar a casa y ver lo que a los demás países les está yendo mejor. Leo las novedades que salen cada día de italianos, de chinos, el último protocolo que ha sacado el hospital de referencia de mi ciudad o hablando con colegas de otros hospitales para ver cómo lo llevan ellos… Los momentos de desconexión son, realmente, de reconexión conmigo misma. Reconozco que estoy tan agotada que me cuesta rezar, me cuesta el silencio… lo que me sale es ponerme a llorar. Así que para descansar me pongo música, me conecto a algunas oraciones por Instagram, participo en algún concierto, leo alguna oración que me han enviado. Se trata, para mí, de descansar en el Señor y dar gracias por algo del día.

—Recibirás muchos mensajes…
—Muchísimos, mensajes de ánimo, de cariño. Me dan mucha fuerza. Mensajes de mi familia, de mi comunidad, de CVX, de personas que no conozco…

—¿Te da tiempo a ver que se están organizando muchísimas actividades por las redes sociales?
—Sí, lo sé, hay muchísimas propuestas. Pero los sanitarios solo queremos llegar a casa, descansar un tiempo tranquilo… en realidad es que no estamos de cuarentena, venimos de la guerra.

—¿Qué le pides a Dios hoy?
—Que se acabe esto ya. Que esto nos sirva para algo, es lo más importante. Es la historia de la Humanidad, toda la vida ha habido grandes epidemias. Que no nos creamos que somos dios y que podemos con todo. Que la gente no se crea que por tener dinero o muchos medios nos vamos a salvar. Porque no. Nos tiene que ayudara no creernos dioses, a no creer que podemos dominar todo. Porque al final, todo depende de Dios, somos limitados porque somos humanos. A todos se nos olvida. Y creemos que podemos hacer de todo con la vida. Por eso, es tiempo de replantearse la vida, darse cuenta que hay que cuidar de todo el mundo, del planeta, reflexionar… Y para los médicos también, no juguemos a ser dioses. Todo esto nos ayuda a ser más humildes. Nos está dando a todos una lección de humildad muy grande. Valorar las cosas importantes. Ahora mismo trabajamos en los hospitales codo a codo, en fraternidad. Yo cada día aprendo algo nuevo y salgo cansada, pero dando gracias. Es muy duro lo que estamos viviendo, pero intento vivirlo desde Dios. Esto me ayuda a tener alegría y profundidad.

—Te percibo con mucha esperanza, transmites paz…
—Y me siento muy enviada y sostenida por mi familia, por la CVX. Recibo cientos de mensajes al día de ánimo, de alivio, de oración, de impulso. Solo puedo dar gracias a Dios por sentirme así ahora mismo. Hay días que lloro muchísimo, pero quiero dar la mejor versión de mí misma. Y es muy importante que en este momento sumemos, que ayudemos a la gente a salir adelante. Más tarde vendrá la reflexión de lo que ha pasado y la crítica, pero ahora, sumar, todos a sumar.

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