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Bermejo: «Humanizar será siempre aliviar el sufrimiento pero respetando la inviolabilidad de la vida humana»

El superior provincial de los camilos y director del Centro de Humanización para la Salud de la orden en Tres Cantos, José Carlos Bermejo, asegura que tras la aprobación en el Congreso de la Ley de Eutanasia «es momento de duelo, de penosa observación de cómo se ha secuestrado el debate, de cómo se manipula a la sociedad con casos extremos, de cómo no se tiene en cuenta el terrible poder seductor que provocará la Ley de la Eutanasia a los más frágiles y necesitados de cuidados». Además, asegura que «necesitamos sentirnos desafiados a cuidar, a argumentar, a paliar, a acompañar, no a incluir en la cartera de servicios de prestaciones sanitarias, un deseo de unos pocos, que nunca podrá justificar la conversión del mismo en derecho individual y en obligación del Estado de garantizarlo». «Queda mucho por hablar y probablemente, penosas situaciones que contemplar. Humanizar será siempre aliviar el sufrimiento, paliarlo, acompañarlo, pero respetando la inviolabilidad de la vida humana», afirma, recordando cómo en los últimos días diferentes personalidades «han apelado a la humanización como clave» para justificar la ley.

«El mismo ministro de sanidad, Salvador Illa, ha dicho en el Parlamento en la sesión de votación: “Hoy se impone el sentido común y la humanidad”. También la anterior ministra, María Luisa Carcedo, impulsora de la norma, ha defendido la ley porque piensa “en la condición humana, que es vida, pero también padecimiento y muerte”. La eutanasia, ha defendido, “es un instrumento del que disponemos para ponerlo al servicio de un proyecto humanizador”». El texto aprobado establece que la persona afectada lo solicite dos veces con una diferencia al menos de 15 días y hacerlo voluntariamente, con plena autonomía y tras haber sido informada detalladamente y por escrito de su situación médica, del proceso que seguirá la misma y de las alternativas paliativas si las hubiere. El solicitante debe sufrir una enfermedad grave e incurable que provoque sufrimiento físico o psíquico constante e intolerable o padecer una dolencia crónica e invalidante que incida directamente sobre su autonomía física, de expresión y relación con seguridad de que dichas limitaciones no tienen posibilidad de curación o mejoría. Pero también puede haberlo dejado indicado en sus voluntades anticipadas.

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