Revista Ecclesia » Belleza y alegría de ser cristiano
angel rubio

Belleza y alegría de ser cristiano

Belleza y alegría de ser cristiano

Nada hay más bello y hermoso que ser sorprendido por el Evangelio de Cristo. Un evangelizador auténtico ha de saber comunicar la belleza y alegría del cristianismo, y ha de convencerse de que realmente vale la pena arriesgar la propia vida por Cristo que no nos pide otra cosa que El que vivamos para El y desde El; que El sea para nosotros ese tesoro escondido o esa perla fina del Evangelio que lo merece todo y reclama que nuestro corazón sea ganado enteramente para El y nuestros criterios de juicio y de pensamiento sean los suyos. Solo en Cristo se encuentran la alegría y la plenitud de la vida. Solo así se puede atraer a los no creyentes y a los alejados, con un proyecto de vida fascinante del todo que da respuesta a los anhelos profundos del corazón.

La alegría del cristiano no es un sentimiento de bienestar egoísta, sino que es una certeza que brota de la fe que serena el corazón y capacita para anunciar la buena nueva del amor de Dios.  El Papa Francisco con frecuencia nos habla de la alegría. Su primera y programática Exhortación Apostólica lleva el título de “la alegría del evangelio”.

La alegría del evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.

El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado.

El Evangelio, donde deslumbra gloriosa la Cruz de Cristo, invita insistentemente a la alegría. Bastan algunos ejemplos: «Alégrate» es el saludo del ángel a María (Lc 1,28). La visita de María a Isabel hace que Juan salte de alegría en el seno de su madre (cf. Lc 1,41). En su canto María proclama: «Mi espíritu se estremece de alegría en Dios, mi salvador» (Lc 1,47). Cuando Jesús comienza su ministerio, Juan exclama: «Ésta es mi alegría, que ha llegado a su plenitud» (Jn 3,29). Jesús mismo «se llenó de alegría en el Espíritu Santo» (Lc 10,21). Su mensaje es fuente de gozo: «Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría sea plena» (Jn 15,11). Nuestra alegría cristiana bebe de la fuente de su corazón rebosante. Él promete a los discípulos: «Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría» (Jn 16,20). E insiste: «Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón, y nadie os podrá quitar vuestra alegría» (Jn 16,22). Después ellos, al verlo resucitado, «se alegraron» (Jn 20,20). El libro de los Hechos de los Apóstoles cuenta que en la primera comunidad «tomaban el alimento con alegría» (2,46). Por donde los discípulos pasaban, había «una gran alegría» (8,8), y ellos, en medio de la persecución, «se llenaban de gozo» (13,52). Un eunuco, apenas bautizado, «siguió gozoso su camino» (8,39), y el carcelero «se alegró con toda su familia por haber creído en Dios» (16,34). ¿Por qué no entrar también nosotros en ese río de alegría?

La mayor alegría es poder llamarnos y ser hijos de Dios. El hombre es tan grande que nada sobre la tierra puede satisfacerle. Solo cuando se vuelve a dios está satisfecho. Si sacas un pez del agua no puede vivir. Eso es el hombre sin Dios. Toda nuestra felicidad esta siempre en Dios.

 

+ Ángel Rubio Castro

                                                                    Obispo de Segovia



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Cada semana, en tu casa