Blog del exdirector Jesús de las Heras Los Santos

Beato Manuel Domingo y Sol, apóstol de las vocaciones (Fiesta 29 enero)

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El 29 de enero es la memoria libre del beato español del siglo XIX Manuel Domingo y Sol, fundador de la hermandad de sacerdotes operarios diocesanos del Sagrado Corazón de Jesús, que dedicó al servicio de la pastoral vocacional.

Pinceladas biográficas

El beato Manuel Domingo y Sol –mosen Sol como era conocido-  nació en Tortosa el 1 de abril de 1836 y falleció, en esta misma ciudad, el 25 de enero de 1909. Es beato, proclamado por el Papa Juan Pablo II, desde el 29 de de marzo de 1987.

Fue ordenado sacerdote el 2 de junio de 1860. El día 29 de enero de 1883 se considera como fecha fundacional de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Sagrado Corazón de Jesús. Un año después funda el primer colegio de vocaciones, en Valencia. Después hará lo propio en Murcia, Orihuela, Plasencia, Burgos, Almería. Lisboa (Portugal y Toledo. El 1 de abril de 1892 funda el Colegio Español San José de Roma. Y hasta su muerte los obispos correspondientes confían a la Hermandad de Sacerdotes Operarios la dirección de los seminarios diocesanos de Astorga, Toledo, Chilapa (México), Zaragoza, Cuernavaca (México), Sigüenza, Cuenca, Badajoz,  Puebla de los Angeles (México), Baeza, Jaén, Ciudad Real, Málaga, Barcelona, Segovia, Almería y Tarragona.

 

 

Una vida al servicio de los sacerdotes y seminaristas

 

Los seminarios habían quedado muy diezmados en cantidad y, sobre todo, en calidad, como fruto de los acontecimientos tan convulsos que marcaron la vida española del siglo XIX.

 

Mosen Sol fue consciente de que la vitalidad de la Iglesia pasaba por la adecuada e integral formación de los futuros sacerdotes y a ello consagró su vida y su Instituto sacerdotal. Y como realización especialmente significativa, en 1892, en medio de penurias de toda índole, pero lleno de ardor y profecía, fundó el colegio-seminario «San José» de Roma, que a lo largo de estos 120 años ha contribuido  y contribuye espléndidamente en la renovación del clero español.

El “alma” de la obra de mosen Sol

 

“Mucho clero y bueno” era una de sus frases favoritas y más repetidas. Los principios de su pedagogía vocacional eran cuatro: la selección, el clima formativo familiar, la fraternidad universal y la vida espiritual.

 

La primacía de la Eucaristía,  la devoción y culto al Sagrado Corazón de Jesús,  la devoción a la Virgen María eran los pilares sobre los que mosen Sol buscaba apuntalar la formación espiritual e integral de los futuros sacerdotes, que necesitaba también ser basada sobre un estudio o dimensión intelectual serio, completo, exigente e interdisciplinar y sobre una vida de comunidad disciplinada, alegre, fraterna y ordenada.

 

Propuestas para el relanzamiento de la pastoral vocacional

 

Al beato Manuel Domingo y Sol encomendemos las vocaciones sacerdotales, que experimentan en la Iglesia en España una situación cuando menos preocupante. Los caminos de esta pastoral vocacional deberán recorrer etapas como estas:

 

1.- El redescubrimiento de los valores esenciales de la vida. La vida es mucho más que la pretendida fiesta fácil y permanente a la que la cultura postmoderna actual aboca a nuestros jóvenes. Las falsas concepciones de la vida y de sus valores están en la base, por ejemplo, de los recientes sucesos de conflictividad juvenil a los que asistimos.

 

2.- La tierra abierta y fértil de la pastoral vocacional pasa por una vida cristiana generosa, fiel y coherente, enraizada en las praxis religiosas, en la frecuencia de los sacramentos y en los espacios para el cultivo del espíritu y la formación.

 

3.- El testimonio alegre, incisivo y convincente de la vida de los sacerdotes, de los consagrados, de los seminaristas y de los candidatos a la vida consagrada es premisa inexcusable y sin la cual la vocación difícilmente puede arraigar.

 

4.- Las familias han de desempeñar un papel fundamental en la pastoral vocacional. Las familias han  de ser iglesias domésticos y primeros semilleros de vocación. Las familias han de ser generosas y han de estar gozosa y prontamente dispuestas a no escatimar ni disuadir si alguno de sus miembros se siente vocacionado.

 

5.- También los centros educativos, las comunidades parroquiales y grupos eclesiales deben organizar sistemáticamente y favorecer expresamente el surgimiento, cuidado y seguimiento de las vocaciones. Será además un índice de su misma vitalidad.

 

6.- La oración, la oración intensa y confiada, personal y familiar, parroquial y comunitaria, es camino seguro de vocaciones. Ya nos lo dijo el Señor: «Rogad al dueño de la mies para que operarios su mies». Y así rezamos también hoy con la ayuda e intercesión del beato Manuel Domingo y Sol en favor de las vocaciones.

 

Jesús de las Heras Muela

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