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Bautismo en el Jordán

La fiesta del Bautismo de Jesús nos dice que Jesús tiene la plenitud del Espíritu Santo en orden a su actividad mesiánica. El Señor, revestido del poder de la palabra y de los signos, nos acercará al corazón misericordioso de Dios y a la salvación por medio de su palabra y de su testimonio. Jesús es el centro de nuestra atención en este día, así nos lo ha señalado Juan el Bautista, cuya figura nos recuerda la de uno de los grandes profetas de Israel, un hombre pobre y austero, cuya misión es la de presentar al Mesías prometido y señalarlo después entre los hombres. Para él fue también una sorpresa ver a Jesús que se le acercaba entre los demás, en fila con todos los penitentes que iban buscando el signo de conversión que ofrecía Juan. Con humildad y sencillez se pone Jesús en medio de su pueblo, como un hombre cualquiera. Pero la voz de Dios Padre, ante todo el mundo, lo está proclamando inocente y resalta su naturaleza divina: «Tu eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (Jn 5, 11). Este es un momento transcendental y privilegiado para tomar conciencia de que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. En este momento Jesús es ungido por el Espíritu Santo con el poder y la fuerza para afrontar la misión que le espera. Jesús es ahora el nuevo Moisés que guiará a su pueblo hacia la misericordia de Dios, hacia la salvación, hacia la justicia de Dios, como había anunciado el profeta Isaías (Is 63, 14).

Nosotros hemos vivido una maravillosa experiencia desde las cuatro semanas de Adviento, donde se nos pedía mucha atención para poder tener una sincera conversión, darle un giro al corazón y participar de una especie de «nuevo nacimiento».Para este nuevo año que acabamos de comenzar es una aventura necesaria y posible, basta con fiarnos, con no tener miedo, que los que hemos sido bautizados hemos recibido también el don del Espíritu Santo y el mismo Espíritu nos dará la fuerza y el coraje necesario. ¡Qué suerte hemos tenido de conocer a Dios! ¡Qué aventura es el seguimiento de Jesús y qué maravillas encierra! ¡Somos amados por Dios gratuitamente a cambio de nada! Dios nos ha hecho hijos suyos por el Bautismo y este es su gran regalo, ¡nos ha creado a imagen y semejanza suya y nos ha dado la filiación divina!

Pero, que no se nos olvide lo importante: el Señor nos llama a una conversión radical de vida y a crecer en la Palabra de aquel que nos ha transmitido la verdad del Padre (Mc 1, 15), asimilándola interiormente para lograr la felicidad y la vida que Él nos regala. Como una oración hecha desde el corazón para este año nuevo le podemos decir a Dios: «Solo tú debes iluminarme. Solo tú hablarme. Todo lo demás que conozco o he aprendido debe solamente llevarme a ti»(K. Rahner).

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena



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