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Bartolomé o Natanael, por José-Román Flecha

Natanael parece confundirse con el Bartolomé que aparece en las listas de los Doce en los evangelios sinópticos (Mt 10,3; Lc 6,14) y en los Hechos de los Apóstoles (Hech 1,13).

Era originario de Caná de Galilea. Jesús había llamado a Felipe y Felipe llama a Natanael, con una frase inolvidable: “Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés en la Ley, y también los profetas: Jesús, el hijo de José, el de Nazaret”.
Natanael tenía sus prejuicios. Por eso respondió displicente: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”. Ya se sabe, las aldeas cercanas siempre se muestran reticentes a reconocer los valores de sus vecinos, a los que consideran como adversarios.
Y, además, eran muchos los que comentaban: “¿Acaso va a venir de Galilea el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la descendencia de David y del pueblo de Belén?” (Jn 7,41-42).

Le sacó de su tranquilidad

Natanael vivía su vida, “sentado debajo de su higuera”, como se decía en su pueblo, y no deseaba ser inquietado (Mi 4,4). Pero Felipe lo sacó para siempre de su tranquilidad con esas palabras que pueden mover a los escépticos: “Ven y lo verás”.
Decidió acercarse a Jesús para “ver”. Pero no fue Natanael el primero en ver. Fue Jesús quien vio acercarse a Natanael. Y quien lo presentó elogiosamente: “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”.

El texto subraya este conocimiento de Jesús, que sobrepasa la experiencia habitual. Natanael, no puede menos de preguntar: “¿De qué me conoces?”.

Más llamativa es la observación de Jesús: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, yo te vi”. Nos sorprende la respuesta de Natanael: “Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”. El primero de esos títulos refleja la admiración del galileo ante un maestro de la Ley. Los otros dos títulos son equivalentes.

Humano y divino

A la confesión de Natanael sigue una gran revelación de Jesús: “¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores”. Y le añadió: “Yo os aseguro: Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre” (Jn 1,45-51). Frente a los títulos solemnes que le había dado Natanael, Jesús se presenta como el hijo del hombre, título que evoca su carácter humano y divino.

Se hizo la luz

Tras la muerte de Jesús, volvió con otros seis a las aguas del lago de Galilea. Y allí se hizo al fin realidad el anuncio de Felipe: “Ven y verás”. Allí se hizo la luz y se hizo visible la escala prometida.

Según la tradición, Natanael sería apóstol en la India y moriría mártir, desollado vivo. Cuchillo en mano, llevando su propia piel sobre el brazo. Así lo pintó Miguel Ángel en el fresco del Juicio Final, en la Capilla Sixtina. Sus reliquias se encuentran en la basílica de su nombre, en la Isla Tiberina, de Roma.

José-Román Flecha Andrés



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