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Barriocanal: «Sostener a la Iglesia es una labor de todos»

En el año 2014 la Conferencia Episcopal Española ponía en marcha su Plan de Transparencia. Han pasado siete años y todas las diócesis españolas están en el proceso de transparencia con diferentes ritmos, pero poniendo en el centro esa necesidad de ser Iglesia en salida y de puertas abiertas.

Porque la transparencia forma parte del ser de la Iglesia, encontrándose siempre «en permanente estado de renovación y mejora». No es un camino de llegada, siempre es un camino de salida y de continuidad.

En esto se centra el libro Una casa de cristal. El camino de la transparencia y el buen gobierno en la Iglesia (EDICE), escrito por Fernando Giménez Barriocanal y Ester Martín Domínguez, vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española y directora de la Oficina de Transparencia. Para Barriocanal, «en una sociedad como la actual los ciudadanos tienen derecho y exigen cada vez más estar suficientemente informados sobre la actuación de las distintas organizaciones sociales que operan en nuestro país, la transparencia se ha convertido en un pilar básico de nuestra sociedad y la Iglesia no puede ser ajena a ello».

—Este libro comparte la experiencia de trabajo de estos años en materia de transparencia. ¿Cuál ha sido el mayor avance en este campo?
—Yo creo que ser capaces de concienciar de la importancia que tiene la transparencia en la vida de la Iglesia, no solo por cumplir las normas, sino porque forma parte de su ADN, de su misión, de su mensaje. La transparencia no solo es una obligación, sino una gran oportunidad para dar a conocer la luz y la alegría del Evangelio.

—La CEE y las diócesis saben que invertir en transparencia es una apuesta segura tanto a corto como a largo plazo. ¿Cuál es el reto pendiente en el que hay que avanzar más?
—Faltan muchas cosas por hacer. Por ejemplo, en materia económica, todavía nos cuesta comunicar los recursos que tenemos y cómo los empleamos. Pero en el campo de la actividad pastoral y caritativa también pasa. Estamos poco acostumbrados a medir aquello que hacemos y a comunicarlo. Hay un gran desconocimiento sobre la labor de la Iglesia en favor de la sociedad y en gran medida se debe a nosotros.

—Transparencia y comunicación van de la mano. Por eso, en muchos momentos los medios exigen informaciones sobre diferentes temas marcando ellos mismos los criterios de transparencia. ¿Cuáles son los epígrafes más importantes para valorar la transparencia?
—Ser transparente no supone informar de absolutamente todas las cosas que haces al mínimo detalle, sino que se trata de ser capaz de poder trasladar a la sociedad la realidad de lo que eres. A veces, mucha información, demasiado detallada, genera opacidad y mucho foco distorsiona la realidad. La información debe ser clara, concisa, oportuna, relevante, fiable, dando como resultado el verdadero rostro de tu entidad.

—También la transparencia tiene mucho que ver con el buen gobierno dentro de la Iglesia. ¿Cuáles son los procesos de formación que se han ido implantando en España sobre la gestión, el gobierno y la transparencia?
—En todos estos campos trabajamos a varios niveles. En primer lugar, generando manuales y buenas prácticas (Manual de inversiones financieras, protocolos de prevención de blanqueo de capitales, etc.). Además, dando a conocer los mismos a nuestros interlocutores principales que son las diócesis españolas para que ellos a su vez los comuniquen en sus distintos ámbitos. Por otra parte, mediante una labor de asesoramiento permanente para resolver todas las dudas que puedan aparecer.

—Lo que la Iglesia tiene es para entregarlo a los demás. Pero la mayor parte del trabajo de la Iglesia y de su presencia al lado de tantas personas no se puede cuantificar… ¿Cómo aterrizar estos datos en la realidad?
—La Iglesia despliega en favor de la sociedad una importantísima labor. Muchas cosas son tangibles y quedan reflejadas en la memoria de actividades anual. Otras requieren de un esfuerzo adicional para poder medirlas o cuanto menos apuntarlas. El Evangelio en sí mismo contiene una fuerza que cambia a la persona y a la sociedad. Detrás de un sacerdote predicando o confesando, detrás de un catequista, detrás de la labor de una religiosa en una residencia… no está solo la labor social, está la trasmisión de unos valores que nos hacen más personas, mejores personas. También esto hay que aprender a medirlo, porque la pérdida de estos valores puede suponer una auténtica pobreza para la sociedad.

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—Hace unos días se dieron a conocer los datos de la Asignación Tributaria. 8,5 millones de contribuyentes han marcado la X durante una campaña en la que todos nos encontrábamos confinados y sufriendo una crisis sanitaria inimaginable. ¿Qué interpretaciones podemos hacer de este dato?
—Hay datos que no requieren muchas interpretaciones. En medio del contexto social en el que nos movemos, no solo no bajaron los asignantes, sino que se incrementaron en más de 100.000 las declaraciones a favor de la Iglesia. Este dato contrasta con otras informaciones que van siempre en sentido contrario y prueba que en momentos como los que estamos viviendo, la Iglesia SÍ ofrece respuestas. Una respuesta doble: por una parte se pone en marcha en favor de los que más lo necesitan y por otra da razón de esperanza en una sociedad que necesita ser iluminada, que necesita un referente. Hoy más que nunca el hombre necesita sentirse amado y redimido por Cristo.

—Los datos ofrecidos muestran diferencias notables entre unas comunidades y otras. Por ejemplo, aumenta el número de X en Andalucía, Madrid, Castilla La Mancha y Comunidad Valenciana. Sin embargo, llama la atención que el País Vasco registra el mayor descenso. ¿Cuáles podrían ser las razones? ¿Qué podemos hacer los católicos de a pie para contagiar a otros que todos salimos ganando si se marca la X de la Iglesia católica?
—Hay que destacar que en todas las comunidades ha aumentado el importe asignado por los contribuyentes, aunque con distinto ritmo. Es difícil conocer la razones de algunos descensos. Lo que sí es importante es concienciarse de que es una labor de todos sostener a la Iglesia.

—Con la máxima de que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda a veces no trascienden decisiones económicas de importancia. ¿A qué lugares fuera de España ayuda económicamente la CEE?
—La Conferencia tiene distintos programas de actuación con el que ayuda a países con especiales problemas. De manera singular se han gestionado ayudas a las Iglesias de América, de Venezuela, Cuba, Brasil, Bolivia… Y de manera también especial a distintos países de África.

—La organización eclesial no tiene nada que ver con la organización empresarial de manera que la CEE puede coordinar pero no es quien decide las actuaciones de las diócesis. Cada diócesis es autónoma y eso a veces es complicado de entender. Tras un camino de profesionalización ¿cuáles son los retos a nivel económico de la Iglesia en España?
—En la Iglesia, la economía no es un fin en sí mismo sino que es un instrumento más al servicio de sus fines propios, de la evangelización, de la vivencia de la fe y del darse a los demás. Por esa razón los criterios de gestión económica deben ser lo más profesionales posibles: administramos el dinero de los pobres. Y ello implica ser prudentes, austeros, eficientes en la gestión…; en este sentido se están implantando manuales de buena gestión y de control interno en todas las diócesis para que todos los recursos estén a disposición de la gran labor a realizar.

—Constantemente políticos y medios de comunicación insisten en el tema de las inmatriculaciones y sin embargo, la Iglesia ha actuado según se le ha ido indicando en cada momento. ¿Podría explicarnos de dónde viene el patrimonio de las diócesis y a qué se invierte principalmente?
—El patrimonio eclesial viene del pueblo cristiano que ha decidido confiarle recursos a la Iglesia para hacer el bien. La Iglesia en España lleva implantada prácticamente 20 siglos y es normal que a lo largo del tiempo se le haya ido dotando de bienes para el cumplimiento de sus fines. La memoria que publicamos cada año y que está disponible en el portal de transparencia de la Conferencia Episcopal es un buen referente del destino de esos bienes.

—¿Cómo valora la crisis económica que vive España? ¿Cuál sería el mejor camino a recorrer para una «reconstrucción»? ¿Qué puede aportar la Iglesia en este camino?
—Estamos viviendo un momento especialmente delicado desde el punto de vista económico. La vacunación va a marcar el ritmo de la posible recuperación. Yo confío, conociendo nuestro país, que si no se junta algún elemento adverso más y los políticos se ponen de acuerdo, habrá un buen segundo semestre económico, incluso por encima de la media europea. Lo importante de esta recuperación es que no se deje descartados por el camino. Hay que acoger a todos. Estoy convencido de que la Iglesia va a seguir aportando mucho. Primero por lo que es y lo que significa para millones de personas como razón de vida y de actuar en su trabajo cotidiano. En segundo lugar por lo que supone de hospital de campaña en momentos como este para estar verdaderamente presente cerca de todos aquellos que lo han pasado peor y que necesitan una especial ayuda.



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