Carta del Obispo

Ayuda a tu parroquia. Ganamos todos

Mons. Demetrio Fernández

“La diócesis en una porción de pueblo de Dios, cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la colaboración del presbiterio, de manera que, unida a su pastor y congregada por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en la cual está verdaderamente presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica” (c. 369). La Iglesia universal está compuesta por las diócesis, como Iglesias particulares, y todas forman la única Iglesia de Cristo. La Iglesia universal la preside el Sucesor de Pedro, el Papa. La Iglesia particular, la preside un Obispo, sucesor de los Apóstoles, presididos por el Papa. Todo ello se vive y se expresa en la comunión eclesial.

 

El día de la Iglesia diocesana es para tomar conciencia de nuestra pertenencia a la Iglesia universal en este lugar concreto, Córdoba. Y a través de la Iglesia diocesana, amamos la Iglesia universal, la única Iglesia fundada por Cristo. Una comunidad de fieles, presididos por un obispo, donde hay multitud de carismas y funciones. Los seglares, como insertos en el mundo para transformarlo desde dentro a manera de fermento, según el Evangelio. Los consagrados/as, que nos anuncian la belleza de la santidad, hacia la que todos caminamos. Los pastores, presbíteros con el Obispo, que presiden cada una de las comunidades parroquiales que componen la diócesis.

Todos formamos la Iglesia. Todos contribuimos a su edificación. Todos somos responsables de la misma. Cada uno según el don recibido, puesto al servicio de los demás y para edificación del cuerpo común. La comunidad de base son los Apóstoles, a los que suceden los Obispos. La comunión de todos los fieles con los pastores, -en la doctrina, en la disciplina, en la caridad y en la liturgia-, es signo de pertenencia auténtica a la única Iglesia de Cristo.

Nuestra diócesis de Córdoba ha dado pasos notables a lo largo de este año en la constitución del Fondo Común Diocesano y en la atención al sustento de los sacerdotes. Eficacia, transparencia, austeridad, comunión eclesial. Es tarea de todos: de las parroquias, de las asociaciones y grupos apostólicos, de las hermandades y cofradías, de las comunidades. Pertenecemos a una diócesis y hemos de sostenerla entre todos. Pertenecemos a una parroquia, y hemos de sostenerla entre los fieles que a ella pertenecemos. Somos responsables de este sostenimiento, también en el campo económico.

La Iglesia es pobre de medios materiales. Es rica en esperanza, en mensaje, porque lleva en su seno el Evangelio, lleva en su seno a Jesucristo, redentor del hombre. Pero para poder cumplir su misión, necesita de medios materiales, como en toda actividad de este mundo. El día de la Iglesia diocesana es una llamada de atención a esta solidaridad y comunión fraterna. En los presupuestos de cada año hay partidas importantes de sostenimiento del clero, de obras de apostolado, de restauración de templos, de caridad con los pobres. Sin la ayuda de los fieles es imposible avanzar y atender todas las necesidades. Urge que lleguemos a la autofinanciación, es decir, a que la Iglesia sea sostenida por los fieles que la componen, puesto que del servicio que presta somos beneficiarios quienes a ella pertenecemos.

La campaña de este año se centra en la parroquia, porque la parroquia es la Iglesia que llega hasta mi casa. En la parroquia vivo los sacramentos, la Misa del domingo, toda la vida litúrgica y devocional, la catequesis, la caridad con los necesitados, me siento acompañado y ayudado en todos los sentidos. Desde la parroquia vivo mi vida cristiana. Si ayudo a mi parroquia, ganamos todos, porque en la diócesis hay una economía de comunión, como vasos comunicantes, y lo que damos en un lugar revierte en bien de todos. Por eso, “ayuda a tu parroquia; ganamos todos”.

Recibid mi afecto y mi bendición.

 

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

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