Carta del Obispo

Auméntanos la fe

demetrio

“Auméntanos la fe” (Lc 5,7). En el Evangelio de este domingo, con esta petición se acercan a Jesús los apóstoles, porque esta es la clave del seguimiento de Cristo. O tienes fe, y le sigues. O no tienes fe, y le dejas. O –lo más frecuente- vives una situación bipolar, que va desde momentos de fervor, en los que todo es muy fácil, a momentos de oscuridad en los que todo se hace cuesta arriba. La vida de fe es la respuesta al don de Dios que sale a mi encuentro, me habla en su Palabra y en los acontecimientos de mi vida y de la historia, y espera una entrega total de mi persona a la llamada continua que El me hace. La fe es don y tarea, regalo y esfuerzo. La fe comienza en Dios, que tiene siempre la iniciativa y viene a plenificar una búsqueda del hombre, que sólo en Dios alcanza esa plenitud. “Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”, nos recuerda san Agustín.

Nos encontramos en el Año de la fe, que abrió el Papa Benedicto el 11 de octubre de 2012, para conmemorar el 50 aniversario del concilio Vaticano II, y concluirá el Papa Francisco el próximo 24 de noviembre de 2013, fiesta de Cristo Rey del universo. Un año largo para darle gracias a Dios por el don de la fe, profundizar en el significado de este don y el compromiso personal que lleva consigo y descubrir sus ramificaciones en todos los ámbitos de la vida. En el contexto de este Año de la fe, el Papa nos ha regalado una encíclica, “Lumen fidei” (29.06.2013), escrita a cuatro manos, es decir, redactada en gran parte por el Papa Benedicto y rematada por el Papa Francisco. Esta encíclica explica la fe desde distintas perspectivas, pero sobre todo presenta la fe como una luz deslumbrante, que ilumina todos los aspectos de la vida presente y de la vida futura, incluido el más allá.

 

La fe no es un sentimiento pasajero, no es una emoción del momento, no es algo fugaz, como casi todo lo que nos rodea. La fe consiste más bien en ver la vida, las cosas, a los demás, la historia, con los ojos de Dios, con los ojos humanos de Cristo. ¿Y eso cómo puede ser? –Porque abrimos el corazón a Dios que se comunica y respondemos en la obediencia a Dios que quiere el bien del hombre. Para creerle a Dios, él nos ha dado abundantes signos a lo largo de la historia de la salvación, pero sobre todo nos ha dado a su Hijo Jesucristo, Dios y hombre verdadero, que ha entregado su vida por nosotros y muriendo ha destruido la muerte para resucitar glorioso del sepulcro. Sólo el amor es creíble. Y en Jesucristo el amor de Dios al hombre ha llegado a su máxima expresión. En Jesucristo Dios nos ha dicho que nos ama, y que nos ama hasta el extremo de dar la vida por nosotros. Ese amor, que nos precede, es un amor creíble. Y por eso, movidos por su Espíritu, respondemos en la misma onda: entregando nuestra vida, toda nuestra vida, a Dios que va siempre por delante.

 

La fe no es algo individual, sino una realidad comunitaria. Creemos en el seno de la Iglesia, creemos lo que la Iglesia nos enseña, creemos por el testimonio de la Iglesia. Y en la Iglesia están nuestros padres, nuestros catequistas, nuestros sacerdotes, tantas personas que nos han ayudado a creer, está el Magisterio de la Iglesia, está el Catecismo de la Iglesia Católica, precioso resumen de la fe. Tantos hijos de la Iglesia han vivido este diálogo de salvación entre Dios y el hombre, de tantas maneras, que se convierten para nosotros en testimonios fuertes y en crédito seguro para nuestra vida de fe. Son los santos.

 

Por eso, Jesús nos dice: “Si tuvierais fe como un grano de mostaza…”, seríais capaces de hacer obras grandes, y además al hacerlas nos parecerá que “hemos hecho lo que teníamos que hacer”, como lo más natural del mundo. Para el que no es creyente, para el que tiene la fe oscurecida o nublada, muchas cosas le parecen imposibles. Pero para el creyente, tales cosas no son imposibles, porque para Dios no hay nada imposible y colaborando con él nos hace casi omnipotentes. Si tuviéramos fe como un grano de mostaza…

 

Auméntanos la fe, Señor. En este Año de la fe y siempre. Una fe honda y bien arraigada en la verdad. Una fe que se expresa en el amor. Una fe que surte siempre esperanza, incluso en los momentos decisivos del sufrimiento y de la prueba. Una fe que mueva montañas.

 

Recibid mi afecto y mi bendición.

 

 

 

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

 

 

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Print Friendly, PDF & Email
Etiquetas