Papa Francisco Santa Sede

Audiencia a los seminaristas de Lombardía (Italia)

Audiencia a los seminaristas de Lombardía (Italia), 16.10.2018

Publicamos a continuación la transcripción del dialogo del Santo Padre con los seminaristas lombardos recibidos en audiencia el sábado pasado en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.

Resumen

Dialogo del Santo Padre

Papa Francisco:

Tengo las preguntas, porque me las enviaron; pero vosotros decidlas: tomo nota de las cosas que me vienen a la mente porque quiero ser espontáneo en la respuesta.

Daniele:

Santo Padre, soy Daniele, de la diócesis de Mantua, y asisto al año introductorio. Al comienzo de nuestro camino en el seminario, la emoción que prevalece en nosotros es la alegría. Sin embargo, a veces, detrás de este entusiasmo, se esconde el germen de la duda y la dificultad de seguir a Jesús en la forma del sacerdote en la sociedad contemporánea. Según su experiencia, ¿cómo podemos los seminaristas en camino enfrentar la cruz de la duda?

Papa Francisco:

La cruz de la duda es una cruz, pero fecunda. No confío en las personas que nunca dudan. La duda nos pone en crisis; La duda nos hace preguntarnos: “¿Pero esto es bueno o no bueno?”. La duda es una riqueza. Estoy hablando de la duda normal, no de aquellas personas dudosas que se vuelven escrupulosas. No, eso no está bien. Pero la duda normal de la personalidad es una riqueza, porque me pone en crisis y hace que me pregunte: ¿este pensamiento viene de Dios o no viene de Dios? ¿Es esto positivo o no positivo?

Has dicho “la cruz de la duda”, y te estoy respondiendo con respecto a la duda interna, la duda que tienes en tu orientación espiritual. Tal vez tú también estás hablando de la duda cultural. Pero hoy no hay tanta duda cultural; quizás haya más afirmaciones culturales contrarias, cada uno tiene la suya y creo que a la humanidad le falta la capacidad de dudar bien. Las grandes preguntas …: pensad en la duda sobre la guerra, sobre las migraciones … Estas son dudas que deben tomarse en serio, porque de lo contrario, en estos ámbitos, el problema se resuelve no con una búsqueda interna, sino de acuerdo con los intereses de cada nación, de cada sociedad, de cada pueblo. Entonces, la falta de estas dudas está mal, porque te hace estar siempre seguro, sin plantearse el problema… Es una cruz, una duda, pero es una cruz que te acerca a Jesús y te pone en crisis. Y como dijiste, aquí está escrito: “¿Qué acciones concretas podemos poner en práctica todos los días para que nuestra vida diaria alimente este camino de confiarse?”. La acción concreta es el diálogo con la persona que te acompaña, el diálogo con el superior, el diálogo con los compañeros. Pero diálogo abierto, diálogo sincero, cosas concretas. Y, sobre todo, el diálogo con el Señor: “Señor, ¿qué quieres decirme con lo que me haces sentir, con esta desolación, con esta duda? …”. Tomar la duda como una invitación a buscar la verdad, a buscar el encuentro con Jesucristo: esta es la verdadera duda. ¿Vale así?

Andrea:

Santidad, soy Andrea, de la diócesis de Brescia, y estoy en primero de Teología. “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado”. Santidad, meditando en sus palabras con las que invita a la Iglesia a salir, llamada a realizar una nueva misión evangelizadora, nos hemos interrogado sobre algunas dificultades para ponerlas en práctica. Frente a un mundo cada vez más secularizado, en el que Jesús se olvida y es difícil transmitir y, por lo tanto, entender la verdad, ante la debilidad de la comunión y del sentido de pertenencia e identidad en las comunidades cristianas, y ante una escasez de participación activa en la liturgia, le preguntamos a través de qué medios concretos sea posible realizar esta salida a la que nos está llamando y, sobre todo, cómo poder educar en el amor hacia la Iglesia y por la Iglesia misma.

 Papa Francisco:

Gracias.

Iglesia en salida, como Jesús quería: “Id y predicad el Evangelio, id…”. ¡No “Iglesia de paseo”! Quizás a veces, en algún plan pastoral, confundimos lo qué es salir, ir al encuentro de las personas y lo que es un buen paseo y luego quedarme donde estoy. Esto es importante: la salida no es una aventura, es un mandato del Señor, es una vocación, es un compromiso. Hablas de “este mundo cada vez más secularizado”. Pero te digo: ¿qué mundo es más secularizado, el nuestro o el de Jesús? ¿Qué mundo es más corrupto, el nuestro o el de Jesús? Lo mismo, ambos. Sí, éste está secularizado con medios nuevos y modernos; Pero el otro estaba secularizado con los medios de la época. Pero la corrupción es la misma. Piensa en la corrupción de los habitantes de Atenas, cuando Pablo comenzó a hablar, ese discurso tan bien hecho, que también citaba a sus poetas y al final, cuando llegó a un punto un poco difícil [el de la resurrección de Cristo], dijeron los atenienses. : “Sí, sí, vale…  ya te escucharemos mañana”. Sucede hoy también. Si vas a hablar de Jesús, en muchos lugares, en muchas ciudades no te escuchan, no te oyen. Aquel tiempo también estaba secularizado. Piensa que en esa época también se hacían sacrificios humanos… y hoy también. De otra manera, con guantes blancos, pero se hacen. La secularización es la misma, más o menos, la de  Jesús y la de nuestro tiempo. En cambio, ¿qué debemos hacer, qué cosas concretas, en este mundo secularizado? Las mismas cosas concretas que hizo Jesús, que hicieron los apóstoles. ¿Cómo se construye la Iglesia? Tomad el Libro de los Hechos de los Apóstoles y allí está lo mismo. No hay otro método fundamental diferente. Sí, hay matices, cambios de época, pero lo esencial es lo mismo que hizo Jesús.

Y a partir de Jesús, ¿qué podemos decir? ¿Cuál es el “núcleo” propio del mensaje de Jesús, de la actitud de Jesús ante ese mundo secularizado? ¿Qué hacía Jesús? Cercanía. La cercanía, el encuentro.  Jesús encontraba al Padre en la oración y Jesús encontraba a la gente. También se encontraba con sus enemigos, y a veces los escuchaba, les explicaba, a veces les decía cosas que parecían malas palabras. Por ejemplo, leed Mateo 23: lo que Jesús dice no son cosas bonitas. Porque estaba cercay podía decir las cosas claras, y a algunos no les gustaba; y luego tuvo que pagar el precio en la cruz. Hacer lo mismo por Jesús: la cercanía. Cercanía a Dios, cercanía a la gente, cercanía al pueblo de Dios.

Por eso me gusta decir que debéis ser sacerdotes del pueblo de Dios, es decir, pastores de pueblos, pastor de la gente, y no “clérigos de estado”, porque Jesús apaleaba con fuerza el clericalismo de su tiempo: los escribas, los fariseos, Los doctores de la ley…, muy fuerte. Y os digo que el clericalismo es una perversión de la Iglesia. Cuando ves a un joven sacerdote todo centrado en sí mismo, que piensa en  hacer carrera… ese está más del lado de los fariseos y saduceos que del lado de Jesús. Esta es la verdad. Tú, cuando ves a un sacerdote que reza, que está con los niños, enseña catequesis, que celebra la misa con su comunidad, que conoce los nombres de las personas porque se acerca, al final de la misa va y saluda a uno y al otro. : “¿Cómo estás? ¿Y la familia? … “. Esta es la cercanía que tenía Jesús. Una vez escuché a uno de aquí, que trabaja en el Vaticano,… ¡porque hay santos aquí dentro,  hay santos! -, que me dijo que había sido párroco una vez y que sabía el nombre de todos, ¡incluso el nombre de los perros! Esta es la cercanía de un sacerdote, un sacerdote santo, pero con la santidad ordinaria a la que todos estamos  llamados. Cercanía a la gente y cercanía a Dios en la oración. El sacerdote que se afana  demasiado en la organización de las cosas y pierde un poco esta cercanía se aleja del ideal sacerdotal de Jesús.

Pero ¿por qué la cercanía? Me gustaría enfatizar un aspecto teológico de la cercanía, esto lo he dicho en otras ocasiones, -tal vez lo hayáis escuchado-. Dios, en Deuteronomio, le dice a su pueblo: “Piensa: ¿qué pueblo tiene a sus dioses tan cerca como yo estoy cerca de ti?”. Es una elección de Dios, la cercanía a la gente. Y Él guio a su pueblo como un pastor y lo guio bien. Pero se ve que no se quedó satisfecho, y también vino a ser uno de nosotros: ¡así de cerca! Es la condescendencia de Dios que desciende: lo que se llama synkatabasi. Es la actitud fundamental de Dios que se hace hombre para nosotros, se acerca. La actitud del sacerdote es esa. Me han regalado, el padre Rupnik me lo regaló, un ícono de la Madona hecho por él. La Virgen está en el centro, pero mirándolo bien, no es un ícono de la Virgen: la Virgen está en el centro, grande, y tiene al pequeño Jesús aquí [en su seno pero de pie], un Jesús de cuatro o cinco años; las manos de la Virgen son así, como una escalerilla, y Jesús baja, baja a nosotros … En la mano derecha tiene la plenitud de la ley [un rollo] y con su izquierda se aferra a la Virgen, para no caer. Dios es un hombre que desciende. Es Nuestra Señora de la Condescendencia: el centro es Jesús, Nuestra Señora es una escalera para este misterio de cercanía. Esta es la razón por la que la devoción a Nuestra Señora nos ayuda a estar cerca de Jesús. Hay una oración que nos enseñaron, una jaculatoria, que hace tanto bien: “Madre, ponme con tu Hijo, déjame estar cerca de tu Hijo”. Así es, esto ayuda, porque el que está cerca de Jesús está cerca de la gente y hace lo que Jesús hizo.

Por lo tanto, un mundo secularizado como en el tiempo de Jesús, esto está claro. La actitud más concreta de Jesús es el encuentro: conocer gente, acercarse. Cercanía pastoral. Y también entre vosotros, la cercanía presbiteral… Si hay tiempo, .no recuerdo si hay alguna pregunta al respecto, en el colegio presbiteral … Si no la hay, recordádmelo.

 

Giovanni:

Santo Padre, soy Giovanni, vengo de la diócesis de Bérgamo y asisto a cuarto de Teología. Santidad, algunos de nosotros, nos preparamos para recibir el ministerio de lectores y leyendo la Exhortación Apostólica Post-Sinodal Verbum Domini del Santo Padre Benedicto XVI,  nos llamó en particular la atención el número 82: ” El Sínodo ha encomendado que se ayude concretamente a los seminaristas a ver la relación entre el estudio bíblico y el orar con la Escritura. El estudio de las Escrituras les ha de hacer más conscientes del misterio de la revelación divina, alimentando una actitud de respuesta orante a Dios que habla. Por otro lado, una auténtica vida de oración hará también crecer necesariamente en el alma del candidato el deseo de conocer cada vez más al Dios que se ha revelado en su Palabra como amor infinito.». Nos gustaría preguntarle sobre su experiencia personal en los años de formación, sobre la relación entre el estudio y la oración y entre el estudio y la actividad pastoral. Finalmente, nos gustaría saber qué parte de la Escritura, descubierta y disfrutada más gracias a los estudios, le ha acompañado en la oración durante los años de formación y lo acompaña todavía hoy.


Papa Francisco:

Gracias.

Parto de la cita del Papa Benedicto XVI. Él toca un punto que es muy importante: la relación entre la oración y las Escrituras. Una cosa que debemos aprender a  hacer, y hacer continuamente es la lectio divina, es decir, el encuentro con el Señor a través de su Palabra: la lectio divina. Ir siempre a la Escritura. La Palabra de Dios que nos enseña a dialogar con las Escrituras: esta es la lectio divina. Estar ante el Señor, en su presencia, con la Biblia, y escuchar. Esto también se puede hacer con pasajes pequeños: Recomiendo a la gente que lleve el Evangelio en su bolsillo, un Evangelio de bolsillo, o en el bolso, [y lo lean] cuando tengan tiempo, dos o tres cosas… Familiaridad con la Palabra de Dios. Hay muchos autores espirituales que nos enseñan a progresar en la vida espiritual y hay que leerlos, ¿no?, pero la Palabra de Dios, esta lectio divina, esta familiaridad con la Palabra de Dios, que no es una familiaridad de citas, en el versículo, tal… no, no es eso: es la familiaridad del corazón, es conocer la Palabra de Dios desde dentro.

Luego, la pregunta: “Nos gustaría preguntarle por su experiencia personal en los años de formación, sobre la relación entre el estudio y la oración, entre el estudio y la actividad pastoral”, y falta un cuarto elemento: hay cuatro columnas, los pilares de la formación: estudio, oración, actividad pastoral y vida comunitaria, y por eso el seminario es importante. Una vez, un sabio obispo dijo: “El peor seminario es mejor que ningún seminario”. Porque la vida comunitaria nos ayuda: es una preparación para el colegio presbiteral. La relación entre estudio, oración, actividad pastoral y vida comunitaria: estos son cuatro pilares que interactúan, y tú tienes que rezar con las cosas que estudias o con lo que ves en la vida pastoral, el fin de semana o con lo que sucede en la comunidad. La oración debe abordar todo, está relacionada con todo. Los cuatro aspectos son interactivos, no son piezas separadas: es una unidad de los cuatro pilares de la formación. Y cuando acudes al padre espiritual, a tu compañero o al rector o al superior de la comunidad, debes hablar sobre los cuatro, cómo interactúan y buscar la relación que existe. No sé si esto está claro… ¿Está claro? Hay cuatro, pero debemos hablar sobre la relación, la relación entre los cuatro.

Después, esto es un poco una curiosidad, -pero pobre Eva, ¡qué pasó con la curiosidad! – “Finalmente, nos gustaría saber qué parte de las Escrituras, descubierta y disfrutada más gracias a los estudios, le ha acompañado en oración durante los años de formación y lo acompañó todavía”. Me impresiona la dimensión de la memoria, la dimensión “deuteronómica”, y por esta razón, un pasaje de la Biblia que me acompañó, y siempre vuelve, es Deuteronomio 26: “Recuerda, no olvides: cuando llegues a esa tierra que no has conquistado, cuando tengas  el vientre lleno de cosas que no has sembrado, cuando vivas en casas que no has construido, recuerda: recuerda que fuiste esclavo en Egipto “(véanse los versículos 1-7). Memoria: siempre mirar hacia atrás, de dónde vengo, de donde me salvó el Señor. Esta dimensión deuteronómica es buena para mí. “Ah, soy un gran sacerdote, mira, me han nombrado rector de ese santuario, hago esto y esto…”. Recuerda de donde te sacaron. “No fui profeta ni hijo de profeta, pero me sacaste de dentro del rebaño…” (ver 7,14-15). Esto me impresiona mucho: vuelve, recuerda, no te hinches con vanidad, orgullo, autosuficiencia… Todo es don, todo es gracia, todo se te ha dado. Este es un pasaje con el que rezo mucho hoy, es bueno para mí.

Luego, otro pasaje que considero como la historia de mi vida es Ezequiel 16. Del Nuevo Testamento, me detengo. Será porque me gustan las fiestas. Me detengo en la boda en Caná: cómo actúa Nuestra Señora en ese momento, discretamente, como se da cuenta, como lo hace…; y ese mandamiento de Nuestra Señora, es el único mandamiento que Nuestra Señora nos da: “Haced lo que os diga” (cf. Jn 2, 5). Me gusta, esto me conmueve. Estas son los tres pasajes que, me gustaría decir, me conmueven. Pero el primero, por favor: tomad esta dimensión deuteronómica de la vida que os ayudará mucho, con la memoria, a no creeros más de lo que sois.

Piergiorgio:

Santo Padre, buenos días, soy Piergiorgio de la diócesis de Crema. Soy acólito y el próximo sábado seré ordenado diácono. Algunos de nosotros recibiremos en los próximos meses el ministerio del acólito, que nos convertirá en ministros extraordinarios de la comunión eucarística. La profundización del misterio santísimo de la Eucaristía, por lo tanto, acompaña y acompañará todo nuestro camino. En este sentido, y también con motivo del Sínodo Juvenil, nos gustaría hacerle una pregunta que surge de nuestras experiencias pastorales. Al ver a tantos jóvenes que no reconocen la Eucaristía ni siquiera como algo importante, ¿cómo podemos, por el contrario, hacer que perciban su centralidad culminante para la vida de cada hombre y cada mujer? En este sentido, ¿le gustaría compartir con nosotros un recuerdo de su juventud con respecto a la relación con Jesús Eucaristía?

 

Papa Francisco

Ayer, en el Altar de la Cátedra [en la Basílica de San Pedro], a las seis menos cuarto de la tarde, había casi mil jóvenes, y di una meditación, y luego ellos  hicieron una hora de adoración eucarística. Los jóvenes no la rechazan, pero tienen que llegar a comprender, a sentir la necesidad… Es verdad, si le dices a uno: “Ven, vamos a adorar”, se queda dormido … Pero es bueno quedarse dormido frente al Señor! Santa Teresa del Niño Jesús lo hacía a menudo, ¡y yo también, es verdad! Pero se necesita una catequesis sobre lo que es la Eucaristía, una catequesis de vida. Os  contaré una anécdota. En una de las parroquias de Buenos Aires, el párroco daba de cenar a las personas sin hogar. Todo estaba bien organizado: todos los días de la semana había un grupo diferente. Jóvenes de buena voluntad, en su mayoría católicos, e incluso algunos que no creían en nada pero que querían hacer este servicio, y funcionaba bien. Había quienes cocinaban,… En total, -piensa,- unos veinte jóvenes por día: 150 jóvenes más o menos con los que cocinaban. En un momento dado, el párroco dijo: “Estos están haciendo bien este servicio. Tengo que hacer algo más”. ¿Qué propuso antes de salir? Escuchar una palabra del evangelio. Así, todos en la Iglesia, no más de cinco minutos: una palabra del Evangelio. Y dijeron: “’ ¡Es bonito! Pero es poco… “. Y el párroco dijo: “Aquí está Jesús con nosotros. Vosotros id a dar de comer a Jesús necesitado, pero Jesús está también aquí en el pan, escondido, podemos mirarlo un poco antes de salir… Y así, para no alargarme, comenzó a hacer esa lectura de la Biblia ante el Señor. No más de un cuarto de hora. Y esos jóvenes aprendieron lo que es la Eucaristía, pero poco a poco: la catequesis sobre la Eucaristía debe hacerse poco a poco, porque es el gran misterio de la presencia del Señor con nosotros. No puedes ir con un libro y decir: “Esta es la Eucaristía, es el sacrificio de la Ley Antigua que entonces, etc., etc.” El joven no entenderá esto. Haz que sientan la necesidad. En este caso el cura era inteligente. Él dijo: “Estos van donde Jesús necesitado. Les mostraré al Jesús que les da fuerza con la Palabra, 15 minutos, no más”. Después, del otro lado comenzaron con la adoración, y muchos de ellos iban a adorar.

En este sentido, me gustaría ir más allá en las celebraciones litúrgicas. La celebración litúrgica es un acto de adoración, un acto de participación en la pasión, muerte y resurrección de Jesús, todos lo sabemos. Es un acto de alabanza a Dios, de alegría espiritual. ¡Pero muchas veces parece un velorio! Y ahí debemos ayudar a los sacerdotes. Y vosotros que seréis sacerdotes, por favor, no aburráis a las personas. Había una costumbre, no sé si todavía será así, cuando comenzaba el sermón, muchos salían a fumar un cigarrillo. El sermón aburrido. El sermón es la homilía: debe tocar el corazón. Por el contrario, si es aburrido, no se entiende. Vosotros, como sacerdotes, leed  lo que está escrito en Evangelii gaudium sobre la homilía. Es largo pero quería hacerlo así. Tocar. Un sacerdote que nos enseñó homilética nos decía: “Una idea, una imagen, un sentimiento”. Y esto se puede hacer en cinco minutos. Pensad que psicológicamente las personas no pueden mantener su atención durante más de ocho minutos. Una homilía bien preparada de ocho minutos: con una idea clara, un sentimiento claro y una imagen clara.

El amor de la Eucaristía debe hacerse con una catequesis, pero de esta manera a través de la misa: que vean cómo se celebra la misa. Que lo entiendan. La adoración es más fácil para la catequesis para los jóvenes que la Santa Misa, porque puede explicar: habrá veinte minutos de adoración, y el sacerdote cada seis o siete minutos dice una palabra, y esto ayuda. Introducir la adoración. Pero la celebración eucarística es importante: es importante hacerlo bien, que sea un culto de adoración, de alegría, de comunión entre nosotros, de comunión con Cristo. En esto estamos en crisis: no hemos resuelto el problema de la celebración eucarística. Hablo en general Hay muy buenos ejemplos, pero generalmente tenemos que retomarlo. Y este es un problema global. Algunos creen que no debemos hacer bien las rúbricas: no funciona. Tenemos que festejar y hacer ruido: no funciona. Hacen falta buenas rúbricas, fiesta, música, oraciones, silencio. Pero celebrar la Eucaristía no es fácil, y esta es una tarea para vosotros como futuros sacerdotes. Entonces, muchas veces la Eucaristía (esto es malo, pero debo decirlo) la Eucaristía se celebra también “socialmente” [como costumbre social], no comunitariamente. ¿Hay una misa por ese papá difunto? Aprovechad esa costumbre social para evangelizar, decir una buena palabra, celebrar con belleza. Un obispo, aquí en Italia, dijo que algunos de sus sacerdotes, cuando les piden que vayan y digan misa por un aniversario en las aldeas, si antes no llega la oferta, no van.  No me lo invento. Ese obispo me lo contó. Es instrumentalizar la eucaristía. Subrayo esto porque es el centro de nuestra vida. Pero hoy la celebración eucarística está en crisis. Se han dado buenos pasos, pero debemos cuidarla siempre No se puede ir a celebrar la Eucaristía a toda prisa, “tocata y fuga”. No. Tu corazón debe estar allí, en la Eucaristía. Y es contagioso. Cuántas veces la gente dice: “¡Qué bien celebra este sacerdote!”, Y se refiere a la unción [espiritual], la verdadera unción. Pensadlo. Recuerdo de cuando era niño, de chico, la Eucaristía y la monja que me prepararon: era buena, nos hacía cantar, nos enseñó una misa con una canto que, a lo mejor se sigue cantando: “Oh, santo altar custodiado por ángeles”. Nos enseñaba la canción y luego explicaba una cosa y otra… y sentíamos curiosidad. Y así me enseñó la misa, preparándome para la primera comunión.

No sé, sobre esto me he alargado un poco, pero me preocupa: que la celebración de la Eucaristía sea digna, piadosa, que también implique el afecto de la gente. Y también en la homilía. Luego, cuando era joven, después de mi conversión, a los diecisiete o dieciocho años, iba una o dos veces al mes a la adoración perpetua de los Sacramentinos por la noche. Era el momento en que no había misa vespertina, y los Sacramentinos en Buenos Aires tienen la iglesia en un distrito central y elegante. Recuerdo, eran las cinco y media de la mañana, había misa después de la adoración y la gente venía directamente de las fiestas a la misa para dormir todo el domingo. Esto, lo recuerdo, no me gustaba porque decía: “Pero estos vienen a misa solo para cumplir el precepto”. Y no me gustaba el lujo de las mujeres allí. Pero esas noches de adoración… Era una hora, luego cuarenta minutos de descanso, luego una hora. Me hizo bien en ese momento prepararme para la decisión final. Sí… No sé si respondí a  la pregunta sobre la Eucaristía.

 

Marco:

Santo Padre, soy Marco, de la diócesis de Milán, seminarista de quinto de Teología. Santidad, el año de quinto de Teología es un año decisivo para el camino del discernimiento vocacional, en vista de las órdenes sagradas. Te preguntamos: ¿Cómo viviste la parte del discernimiento espiritual en tu vida? ¿Cómo entendiste el llamado a la vida religiosa y al sacerdocio, con especial atención a la vida emocional? ¿De qué manera las diversas figuras de acompañamiento espiritual durante los años de formación fueron verdaderos sujetos de tu discernimiento?

Papa Francisco:

Cómo cada uno de vosotros ha discernido en su vida para decidir ingresar al seminario. Es un camino el de discernir y ver lo que el Señor quiere de mí, acompañado por otro que me ayude. ¿Cómo se ve? Lo que siento, lo que me da paz,  lo que me deja intranquilo, lo que me quita la paz… Tuve un gran hombre que me ayudó mucho en esto: era el decano de Filosofía, pero era un hombre que había estudiado mucho la vida espiritual y sobre todo el discernimiento desde la época de los monjes hasta ahora. Y me ayudó mucho. Daba consejos reales y concretos para ayudar a avanzar. Por ejemplo, recuerdo que una vez que hablábamos en una escuela de antropología, se hablaba de madurez. “Y ¿cómo se sabe?, dijo un amigo mío, ¿cómo sabe si uno es maduro o no?”. Y él dijo: “Bueno… tú tienes hermanos y hermanas ¿están casados?” – “Sí, los dos” – “Y ¿tienen niños?” – “Sí” – “¿Tu eres capaz de jugar con tus sobrinos?” – ” Eh, no sé… “-” Intenta: si eres capaz, va bien; si no eres capaz, te estás perdiendo algo “. Las cosas concretas de la vida te llevan al discernimiento, y un signo de madurez es la capacidad de jugar con los niños. Un hombre que no puede jugar con los niños pierde algo. Jugando con los niños de la familia; perder el tiempo, como papás, padres y madres …, las madres lo hacen más a menudo hacen porque están con el niño, pero el padre cuando vuelve del trabajo cansado, deben hacer un esfuerzo para jugar con el niño … Este es un ejemplo de discernimiento. Discernir es la vida cristiana. Hoy, ¿por qué tengo que hacer el examen de conciencia? No solo para llevar la contabilidad de los pecados que he cometido o las virtudes de hoy, sino por lo que ha sucedido en mi corazón. Un niño mira a una chica y le gusta… ¿Qué es? Luego le vuelve a gustar, Mira a otra y no le gusta… Y va pensando en esto, y finalmente  le habla, se comprometen y continúan. Mirar lo que pasa en mi corazón: esto es discernir. Lo que sucede dentro de mí: ¿qué pensamientos me dan alegría, qué pensamientos me dan pena, que cosas me ponen triste y las siento como algo que no sirve … Y una de las cosas más difíciles en la vida cristiana, y en la que hace falta tanto discernimiento, es como vivir con el pecado. Todos somos pecadores, todos nosotros; Y no solo en teoría, en la práctica. Y cuando caigo, ¿cómo vivo esta caída? ¿Cómo resuelvo este fracaso? Buscar en la oración, en el consejo cómo  salir adelante con el pecado y resolverlo. Recuerdo una vez, yo estaba en Buenos Aires, en el obispado, tenía las citas, y la secretaria viene  y me deja un sobre diciendo: ” El padre tal  está aquí, sólo se le pide que lea esto, entre una cita a otra.” Lo leí y decía: “Padre, he pecado. Necesito tu ayuda Estoy tranquilo, espero abajo. Llámame cuando tengas un poco de tiempo”. Y no abandonó el obispado hasta el momento en que lo llamé. Es un ejemplo extremo, pero ese hombre estaba en crisis porque no sabía cómo resolver un fallo que había cometido. Esto es discernir. Estoy en la oscuridad por un error, un pecado que he cometido, voy al Padre, de inmediato. O voy a ese compañero que me ayudará. Pero siempre buscar a los que me ayudan a vivir con mis cosas malas, con mis errores. También con las cosas buenas, pero quiero hacer hincapié en el convivir con el pecado, porque parece que no se sabe muy bien cómo resolver el problema concreto de ser pecadores. Lo resolvemos en teoría, pero no concretamente. Y es por eso que se necesita discernimiento.

Me gustaría saludaros uno por uno, pero escuchemos la otra pregunta…

 

Don Davide

Santo Padre, soy Don Davide, desde hace dos semanas diácono en la diócesis de Milán. Santidad, nos gustaría hacerle una pregunta que comienza con la frase de Pablo “Sed alegres en la esperanza”. De hecho, la esperanza es un rasgo necesario y esencial del testimonio que la Iglesia debe dar de Cristo, y es solo la verdadera esperanza que fluye de la Pascua de Jesús la que hace posible a nosotros, los seminaristas dar nuestras vidas a Dios y a su Esposa. Muchos, sin embargo, son los enemigos de esta esperanza: en los últimos meses hemos sido testigos de eventos serios que han sacudido la barca de Pedro desde dentro y nos han desolado profundamente. Te preguntamos: ¿cómo estar verdaderamente frente a los escándalos que nos afligen y también involucran a los consagrados? ¿Cómo podemos ayudar a los fieles a no perder la esperanza a pesar de la pobreza de sus ministros? En resumen, ¿qué pasos de conversión para nosotros los sacerdotes y los futuros sacerdotes en este sentido?

Papa Francisco

“Es necesario que haya escándalos”, dice Jesús. El escándalo está desde el principio de la Iglesia: piensa en Ananías y Safira, esos dos que querían engañar a la comunidad: un escándalo. Pedro ha resolvió claramente el escándalo, en ese caso: les “cortó la cabeza” a ambos. Jesús dice que sí, es necesario que haya escándalos para ver dónde está tu corazón, pero también advierte: “Ay, ay de ti si escandalizas a uno de estos”. Escandalizar al pueblo de Dios, es terrible. Es terrible. Y no hablo del escándalo de los débiles, sino del pueblo de Dios: el escándalo del sacerdote al pueblo de Dios. En mi tierra, por ejemplo, el pueblo de Dios no se escandaliza mucho, sino que actúa. Por ejemplo, puede perdonar a un pobre sacerdote que tiene una doble vida con una mujer y no sabe cómo resolverlo: “Ah, pobre hombre, ayudémoslo…”, pero no condena de inmediato. Es capaz de perdonar a otro sacerdote que está un poco solo y bebe con demasiada frecuencia: “Eh, pobre hombre, un poco de vino es bueno para él, está solo…”. La gente tiene gran sabiduría. Pero no perdona al sacerdote que maltrata a la gente: ¡esto no te lo perdona! Porque se escandaliza. Y no perdona al sacerdote apegado al dinero: no lo perdona. Escandalizar a la gente es algo malo, e incluso escandalizar al presbiterio es algo malo. Si tu vas a una reunión del presbiterio y habla el obispo, o habla otro, y luego sales con uno o dos amigos a chismorrear contra el obispo o contra el otro que dijo eso, contra ese otro… eso es un escándalo que lastima el cuerpo. Las heridas de escándalo. Debemos ser claros: no renunciar a este punto. Los escándalos, no. Especialmente cuando los escándalos hieren a los más pequeños. El pueblo es más simple… Condenar el escándalo, siempre. No ceder. “Pero, ¿cómo puedo hacer?”. Ve, habla con él. Habla con él como un hermano: “Escucha, estás escandalizando a la gente con esto”. O dirígete al obispo y dile al obispo: “Háblele usted como padre”. Pero cuando veáis que un sacerdote escandaliza, id directamente a él, a un amigo suyo, al párroco o al obispo, para ayudarlo. En Argentina existe la costumbre de invitar a los sacerdotes a la fiesta de bodas: cuando celebras la boda, te invitan a la fiesta. A última hora de la tarde, se celebra la boda; Luego está la fiesta. Y muchos sacerdotes van allí y causan una mala impresión porque están en medio de una fiesta mundana y luego beben demasiado… Un escándalo … “No,  yo voy a hacer apostolado”. ¡Pero por favor! [risa] Es cierto que los cónyuges lo piden “¡Sí, venga, ven!”, pero los sacerdotes inteligentes dicen: “No, mire,  yo vendré, pero cuando vuelva de la luna de miel, iré a su casa, la bendeciré y cenaré con vosotros dos”. Esto no escandaliza. Pero, por favor, el arte de permanecer en el lugar de uno. Para estar en el lugar del sacerdote, uno no debe ser rígido, no, humano, normal. Pero en su lugar. No escandalizar nunca.

Detrás de tu pregunta está el escándalo del abuso. Vosotros conocéis las estadísticas: el 2% de los abusos cometidos han sido cometidos por sacerdotes. “Ah, es poco, padre”. No. Porque si fuera un solo sacerdote, es monstruoso. No nos justificamos por qué somos solo el 2%.  El 70% ocurre en las familias y en el barrio; Luego, en los gimnasios, los entrenadores; en las escuelas… Es un escándalo, pero es un escándalo mundial que me hace pensar en los sacrificios humanos de niños, como hacían  los paganos. En este punto, hablad claramente: si veis algo así, inmediatamente al obispo. Para ayudar a ese hermano abusador. Inmediatamente al obispo. Pero hay otros escándalos de los que no está de moda hablar. Un fuerte escándalo es el sacerdote mundano, el que vive en la mundanalidad espiritual. Un hombre educado, socialmente bien aceptado, pero mundano. Nunca se le ve rezar delante del tabernáculo; nunca ves que vaya a un hospital y esté allí y  tome las manos de los enfermos, nunca. Nunca obras de misericordia, las difíciles de hacer. Es un sacerdote mundano: esto es un escándalo. Y la mundanidad… Me impresionó tanto cuando leí, por primera vez, Meditación sobre la Iglesia del  Cardenal de Lubac: el último capítulo, las dos últimas páginas. Cita a un benedictino que dice que el peor pecado de la Iglesia es la mundanidad espiritual. Es convertir a la religión en una antropología. Leed estas dos páginas: os hará bien. Os hará bien.

 

Don Marco

Buenos días, soy Don Marco, del seminario de Cremona. En Florencia, usted entregó la Evangelii gaudium a la Iglesia italiana, y nos imaginamos que no quisiera solamente “entregada a las diócesis y a las parroquias”, sino “entregada a la comunidad del seminario”: cuáles son los procesos de renovación que cada comunidad, también con los propios Obispos, con los propios educadores está llamada a hacer, Lo segundo que nos gustaría preguntarle, como educadores, es que, ante todo, estar en el seminario con estos jóvenes es algo grande  para nosotros, pero también es algo que nos llama a la conversión todos los días, eso es lo que el sacerdote acaba de decir: Lo que significa ser auténtico como sacerdotes. Tal vez no tengamos que enseñarles grandes filosofías: debemos hacerles entender que gastar la vida es algo… pero para nosotros se vuelve muy difícil. Y la tercera cosa que nos gustaría preguntarle es: cuando el Obispo nos pregunta en la ordenación para los seminaristas: “¿Estás seguro de que son dignos?”, Entonces vienen a la mente todas las reflexiones: el futuro que se abre ante ellos, con la gracia de Dios, con la Iglesia… Si pudiera ayudarnos a decir, como mencionó antes, lo que significa vivir como presbíteros, de manera comunitaria, el nosotros no solo el yo mismo. Primero mencionó el clericalismo: ¿Podría decir una palabra sobre esto? Gracias.

Papa Francisco:

Aquí, también en la pregunta escrita estaba: “Una pregunta sobre el temor de estar en salida  y habitar la condición de Iglesia como un hospital de campaña. Para vivir esto es necesario volver a atar el nudo vocación-conversión. Nos sorprende que a menudo invite a la Iglesia a comprender cómo el Espíritu nos saca de nuestras certezas: ¿cómo podemos evitar  sabiamente el riesgo? ¿Qué puede significar para nosotros que también debemos cuidar una antigua tradición de formación de seminaristas? ¿Qué puede sugerirnos para ayudar a nuestros jóvenes a gustar el riesgo del Evangelio y no a enredarse en formas de defensa y clericalismo? “. Quería leerlo porque eran las tres y quería…

En primer lugar, ponlos en camino. Una formación seria es ponerlos en camino, que no se quedan quietos. Ponedlos en camino porque un sacerdote que no está en el camino piensa estupideces, dice estupideces y hace estupideces. En el camino, siempre, para que al menos no haga estupideces. “Pero es arriesgado…”. Sí. Se deslizará, pero te digo una cosa: muchas veces he rezado al Señor por un sacerdote, -como un ejemplo para  muchos- pero pensemos en uno, para que le lanzase una cáscara de plátano y diera un buen resbalón que lo humillase y que así pudiera seguir. Ponedlos en camino, sin tantas seguridades. Es cierto que es un riesgo, formar a las personas es un riesgo, pero asumid el riesgo. Una vez, un viejo sacerdote sabio decía: “Cuando el obispo le preguntó a mi rector: ¿Sabes si este es digno? En ese momento mi rector se había quedado dormido y él respondió no sé qué…”. Es un riesgo

Anteayer tuve que – escuchad esto – ¡tuve que, desde Roma!, suspender una ordenación sacerdotal en otro continente. ¿Pero qué tiene ese obispo en la cabeza? Y los formadores que presentan al obispo una persona así: ¡las noticias que habían llegado eran terribles! Hay estos casos, pero la mayoría no son así. Tenéis una experiencia de fraternidad, sois hermanos mayores y con el diálogo… Te arriesgas. En la vida los que no arriesgan no avanzan. Pero arriesgaos con precaución, arriesgaos con cautela. ¿Y de dónde tomo la prudencia? De mi experiencia de acompañar a este joven, y de la oración. No hay un “cómo” preciso. En las reuniones para examinar la elegibilidad hay pros y contras, pero debéis tomar una decisión prudencial y avisar al obispo, y el obispo decidirá. Pero vosotros sois corresponsables con el obispo.

“Ayudar a nuestros jóvenes a gustar el riesgo del Evangelio” es ponerlos en el camino, porque escuchan tantas cosas que escucha uno está en camino: aceptación, rechazo, insulto, alabanza, vanidad… Y que aprendan esto: a distinguir las cosas. Y, sobre todo, usaré una palabra un tanto extraña, educarlos para que tengan paciencia. Hay un libro de Guardini, no sé cómo se tradujo al italiano, “Glaubenserkenntnis”, “el conocimiento de la fe”, con capítulos sobre diferentes temas: el primero trata sobre la adoración, el segundo capítulo sobre la paciencia de Dios. Educarlos a la paciencia, porque Dios también es paciente. Ese capítulo es una joya: buscadlo y dadlo a conocer. Dios es paciente con nosotros.

El problema de la rigidez: la defensa, el clericalismo… Cuando en un joven, -este es un criterio que digo seguro-  si ves a un joven seminarista que se pone rígido, que cae en la rigidez, hazlo esperar. Si es rígido no es adecuado para la ordenación. Hoy la rigidez es un impedimento para la ordenación. Si ves a otro que se toma todas las cosas en serio y no tiene sentido del humor, ¡envíalo a trabajar en el circo por un tiempo! Luego, cuando regrese, después de dos años, veremos cómo van las cosas. El sentido del humor, no de rigidez: la rigidez es un impedimento. Hay problemas graves detrás de toda rigidez. Podría seguir, pero… El último.

 

Don Ivan

Buenos días, Santidad, soy Don Ivan, rector del seminario de Como. Les hago una pregunta a los formadores y profesores. Es una pregunta sobre el criterio “el tiempo es superior al espacio”. Hoy parece cada vez más decisivo que el ministerio se conciba y, sobre todo, que se viva de manera comunional y así intentar declinar el mensaje profundo del Concilio. Esto es importante tanto por la forma en que vivimos en el presbiterio como por la forma en que proponemos a los seminaristas el modo de vivir y formarse con nosotros, entre ellos y con quienes se encuentran. Vivir el proceso nos hace apreciar el bien que es posible, orientado hacia el Evangelio, y Usted insiste constantemente en este aspecto. Santidad, ¿puede ayudarnos a declinar educativamente el alcance de este criterio “el tiempo es superior al espacio”? Y luego, en el contexto de esta pregunta, ¿qué les pide a los docentes de los seminarios de las diócesis lombardas? Gracias.

Papa Francisco:

Vivir el proceso es no tener miedo. La vida sucede siempre en proceso: los niños no nacen adultos, todo es un proceso para convertirse, todo es un proceso de maduración o corrupción, pero es un proceso. Y cómo ayudar a los seminaristas e incluso a los sacerdotes en esto. ¡Es el método de Jesús con los apóstoles! Podemos ver como Jesús enseñó a los apóstoles, cómo los llevó a la obra de evangelización… Piensa que todos los [seminaristas] están en proceso. Aquellos que se han equivocado al dar el primer paso, si no lo corrigen, caminarán mal toda su vida. Piensa en el “escalador”, por ejemplo: si no corriges a un seminarista que da señales de ser un escalador, harás daño a la Iglesia. Una vez escuché a un obispo con experiencia decir: “El escalador quiere lo mejor, pero si le ofreces la diócesis más pequeña, la tomará, porque da un paso adelante: ahora es obispo. Pero en lugar de guiar a la diócesis, mirará a la otra, la del vecino, y –decía aquel obispo- esto es adulterio episcopal: mirar a la esposa del otro. Hasta que llega a donde quiere”. El escalador siempre está en proceso. La palabra de San Juan Pablo II me conmovió mucho cuando el entonces prefecto de la Congregación de Obispos fue a decirle: “Dame algunos criterios para elegir a los obispos”. Y, con esa voz que tenía Juan Pablo II [baja el tono de la voz]: “Primer criterio: volentes nolumus”. Con esto quiso decir: no hay lugar para los escaladores. Servicio. El santo también está en proceso: ir… nunca se llega a la santidad, se vive una vida de santidad en proceso. Y se intenta seguir este método de Jesús: Jesús apostaba por el tiempo, por el desarrollo de los discípulos; podía tolerar los errores: toleró a Pedro cuando lo renegó, toleró a los otros que habían huido, porque Jesús seguía los procesos.

Os di estos dos ejemplos, el escalador y el santo, ambos en proceso. Vuelvo atrás: la persona rígida no está en proceso. Con esto veis bien el asunto: el rígido se guarda a  sí mismo, porque tiene miedo o tiene alguna enfermedad en su interior, un desequilibrio, para cubrir algo… pero siempre es incapaz de entrar en proceso. En cambio, el bien y el mal siempre están en proceso.

No sé…, es un poco la síntesis de lo que quería deciros Y os agradezco vuestra confianza al hacer preguntas.  La sabiduría en la vida cristiana más que en dar respuestas  consiste en saber hacer preguntas: a Dios, a la comunidad, al obispo, a los sacerdotes… saber c hacer preguntas. Con esto iremos por este camino del tiempo, de los procesos. Si un joven no sabe cómo hacer preguntas, debe aprender: este es vuestro trabajo, el  de los formadores. Y si no aprende, no sirve para el sacerdocio.
¡Muchas gracias por vuestro testimonio!

“Ave oh María…”

[Bendición]

Foto de archivo
Vatican.va

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