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Asesinan en Venezuela a un sacerdote dehoniano al intentar evitar el asalto a unos feligreses

El pasado 20 de octubre por la noche fallecía en Venezuela un sacerdote del Sagrado Corazón de Jesús (dehoniano), José Manuel de Jesús Ferreira, al ser disparado mientras evitaba el asalto a varios feligreses en la puerta de la casa parroquial. El padre José Manuel de Jesús era una persona joven que había decidido entregar su vida a las personas más vulnerables. Nació el 25 de noviembre de 1980 en la ciudad de Caracas cerca de la parroquia San Miguel Arcángel. El 24 de septiembre ingresó en el seminario Padre Dehon y en el año 2003 inició su noviciado en España, haciendo la primera profesión religiosa el 29 de septiembre de 2004. El 19 de diciembre de 2009 fue ordenado sacerdote en su parroquia natal de San Miguel Arcángel.

El padre Manuel Lagos dedica unas emotivas palabras a este religioso dehoniano que ha dado su vida por Cristo. Dice así: «Escuchar que la vida de una persona ha sido arrebatada a causa de la violencia y la delincuencia en Venezuela, lamentablemente se ha convertido en una cosa común. En 2019, Venezuela se mantenía como uno de los países con mayor número de muertes violentas en la región y en el mundo, con un saldo estimado de 16.505 homicidios. Este tipo de informaciones pueden parecernos simplemente datos o estadísticas. Pero si nos detenemos a escuchar las historias concretas de familias venezolanas, simplemente nos conmueven, nos indignan, nos llevan a la reflexión y nos hace preguntarnos por el sentido mismo nuestra vida y de nuestros seres queridos. Estas cosas no deberían pasar simplemente. En estas situaciones como religiosos y sacerdotes, desde nuestra fe, intentamos ser cercanos, vivir y elaborar el luto, dar esperanza, conforto y soporte a los familiares y a los más afectados».

Además, describe a José Manuel de Jesús de esta manera: «Quienes conocieron a José Manuel saben de su espíritu carismático y dinámico, interesado siempre a desarrollar actividades innovadoras. Su carácter afable y relajado, encajaba perfectamente con la pastoral. Ha sabido interiorizar el “ecce venio” en su vida. Recuerdo personalmente, cuán disponible era cuando se trataba de ayudar a los hermanos. A pesar que estaba inmerso de lleno en la pastoral de su parroquia, nunca dejó de tener un corazón dehoniano. Visitaba frecuentemente a los nuestros y providencialmente trabajaba al lado de nuestra escuela técnica, lo que le permitía tener una buena y estrecha relación con la comunidad. Era un hombre de “puertas abiertas” para acoger y hoy lo recordamos con su sonrisa y carisma particular. Lo recordamos como un devoto ferviente la Virgen y al Santísimo Sacramento, pero principalmente lo recordamos como un hombre inquieto, en movimiento y en constante búsqueda, como un “buen hermano”».

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