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Argüello destaca que la Memoria de Actividades es un ejercicio de «deber y de agradecer»

«La Memoria de Actividades responde a un ejercicio que es al mismo tiempo deber y agradecer». Así lo ha expresado este 11 de mayo el secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, en la rueda de prensa de presentación de la Memoria de Actividades de la Iglesia en España.

«Un deber que lo es tanto por ser miembro de la Iglesia como de la propia ciudadanía. Es dar cuenta de las actividades de la Iglesia que no en vano cuentan con la contribución de los miembros del Pueblo de Dios y ciudadana a través de la “democracia fiscal” que es la asignación tributaria a través de la declaración de la renta», ha subrayado Argüello.

Esta rendición de cuentas y transparencia «sobre las que emerge el agradecimiento a tantas personas que son y que somos Iglesia». Estas personas, ha matizado el portavoz, «expresan lo que la Iglesia es a través del hacer, relacionado con la palabra de Dios, con las celebraciones, con la caridad… Estos números son el reflejo de muchos rostros. Todos ellos con nombres y que dan sentido y criterio a esas cifras para poder administrarlos».

No obstante, pese a que los datos sean los correspondientes al ejercicio de 2019, «contemplamos este año la vida de la Iglesia a través de los cristales de la pandemia. Por eso hay que valorar si cabe mucho más la importancia de las comunidades cristianas en las 70 diócesis que han sentido el desafío de atender a más de cuatro millones de personas en nuestro país en los 9.163 centros socio-asistenciales católicos en 2019». Por todo ello, «emerge con fuerza lo que la Iglesia es y lo que la Iglesia proclama. Desde una propuesta de amor que debe hacerse cuidado, solidaridad y cercanía», ha concluido.

La principal herramienta para la rendición de cuentas

«La Memoria es la principal herramienta de rendición de cuentas de que dispone la Iglesia para dar cuentas a los ciudadanos y al Estado», ha explicado Ester Martín, la directora de la Oficina de Transparencia de la CEE y responsable de la elaboración de la Memoria de Actividades.

La Memoria, se ha confeccionado con toda la información económica de todas las diócesis, ha explicado, y como novedad, «se ha solicitado, en la línea de las recomendaciones del Tribunal de Cuentas; las declaraciones de impuestos sobre sociedades de todas las Diócesis, que incluyen la actividad de las parroquias para garantizar la bondad de los datos, incorporándose todos los ingresos y gastos de las entidades diocesanas y no solo el resultado. Por eso principalmente aumenta el balance de la economía diocesana».

Además, se ha dispuesto de más de 100.000 datos de la actividad diocesana y de una gran multitud de bases de datos que se cruzan con los datos de la actividad de las distintas instituciones de Iglesia. De esta forma, «se someten a depuración tanto los datos económicos como no económicos».

Un proceso de «mejora continua» y de de revisión externa que la CEE ha encargado por noveno año a PwC. «Para ofrecer una mayor calidad informativa a través de una nueva estructura, de cara a poder explicar qué es la Iglesia, qué personas y qué instituciones formamos la Iglesia, y cuál es la labor que realiza».

Los tres principales campos de actuación «el anuncio, la celebración y la vivencia» se anteponen a la parte económica que aparece al final, «desatacando los datos de la asignación tributaria , su reparto y su impacto en la actividad económica de las diócesis y sus instituciones».

Además, aparecen los datos de la asignación tributaria «definitivos» correspondientes a 2019, comunicados y recibidos el día 6 de mayo.

La Iglesia, una inmensa red de centros de atención a la sociedad

«La Iglesia sigue realizando una importantísima labor en favor de la sociedad, que se ha visto incrementada en estos tiempos de pandemia y que se hace tan necesaria», ha explicado Martín, que ha querido desgranar algunas cifras «como las 23.000 parroquias donde se alimenta y vive la fe y donde están las puertas abiertas a cualquier persona que lo necesite»; los colegios, que sirven a la educación de cada vez más alumnos en centros católicos, un millón y medio de alumnos en más de 2.500 colegios; los bienes de interés cultural puestos a disposición de la sociedad; o los 9000 centros sociales y asistenciales». Solo en materia educativa, «se multiplica por diez lo recibido a través de la ‘x’ de la declaración de la renta»,

Una labor que realizan «54.000 sacerdotes y religiosos, 10.800 misioneros, 96.000 catequistas o los más de 100.000 voluntarios en las distintas labores sociales y asistenciales»

 Una labor que no se agota nunca

Durante la rueda de prensa se han rescatado algunos ejemplos de actividades que han aumentado en tanto en cuanto a la ayuda y asistencia. Martín ha destacado la atención a los migrantes, «en el caso de Canarias, por ejemplo, donde estos años vemos la intensa actividad reflejada en los centros de acogida y acompañamiento a inmigrantes, por ejemplo la Casa de acogida de Tenerife de San Antonio de Padua, que recibe a más de 100 inmigrantes».

Por otro lado, los centros de protección a la mujer, «que está en situaciones de vulnerabilidad, que son víctimas de algún tipo de violencia. Por ejemplo, toda la labor que realizan las auxiliares del Buen Pastor o Villa Teresita, acogiendo a miles de mujeres cada año. En Valencia, más de 540».

De la misma forma, ha destacado los centros para mitigar la pobreza por donde más personas pasan cada año, más de 520.000 personas acuden a comedores sociales. «Sólo en Sevilla, las Hijas de la Caridad atienden a 8.000 personas», ha subrayado.

Con respecto a la Pastoral Sanitaria, la directora de la Oficina de Transparencia ha destacado la labor de los más de 1.200 capellanes en hospitales y con cada vez más voluntarios «que se vuelcan en esta labor y que acompañan a más de 180.000 personas». Durante la pandemia los capellanes, «como Javier Martín que es uno de los 3 capellanes que van a diario al Isabel Zendal han sido una pieza básica».

Una labor, ha concluido, que «no se agota nunca, no excluye a nadie, nos muestra una Iglesia que cumple su labor evangélica y da frutos, y además es aliento y esperanza en este tiempo tan especial que estamos viviendo». Ester Martín no ha querido finalizar «sin agradecer a todos los que sostienen la labor de la iglesia y todos los que han participado en la elaboración de la memoria».



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