El arzobispo Scheinig, junto a Nuestra Señora de Luján, patrona de Argentina, el 8 de mayo
Coronavirus Internacional

Argentina: El Gobierno autoriza la reapertura de las iglesias, pero sin misas

El Gobierno argentino ha autorizado la reapertura de las iglesias y templos del país, pero solo para «la oración individual» y para que «los sacerdotes puedan recibir, de ser posible de manera previamente acordada, a los fieles que soliciten ayuda y orientación espiritual». Y siempre «teniendo en cuenta las disposiciones sanitarias». Lo dice un comunicado de la Conferencia Episcopal (CEA) difundido a la conclusión de la reunión que su Comisión Ejecutiva mantuvo el 11 de mayo con miembros del Gobierno. Participaron en ella, de una parte, el presidente, vicepresidente primero y secretario general del episcopado, obispo Óscar Ojea, cardenal Mario Poli y obispo Carlos Malfa, respectivamente; y de otra, el jefe de Gabinete de Ministros, Santiago Cafiero, el canciller Felipe Solá y el secretario de Culto, Guillermo Olivieri.

En lo referente a las Eucaristías presenciales, la declaración de la CEA, de solo dos párrafos, señala únicamente que «se acordó ir trabajando en la elaboración de los protocolos litúrgicos y sanitarios correspondientes» para «cuando llegue el momento adecuado».

Las celebraciones presenciales en Argentina están suspendidas desde el pasado 20 de marzo, día en que entró en vigor el Decreto de Necesidad y Urgencia que regula el confinamiento. Ese mismo día, la cúpula episcopal se reunió con el presidente Alberto Fernández durante casi una hora para transmitirle la disponibilidad de la Iglesia «para lo que se necesite, sea en cuestiones sanitarias, tareas de concienciación y, sobre todo, el acompañamiento a los más pobres». El decreto presidencial excluyó de la obligatoriedad de confinamiento a los sacerdotes y ministros de los diferentes cultos con el fin de que estos pudieran prestar asistencia espiritual allí donde fueran requeridos.

Contundente respuesta a un video

En estas últimas semanas, sin embargo, los obispos han tenido que afrontar las descalificaciones de una parte de la feligresía que, en un vídeo titulado «Devuélvannos la misa», les ha reprochado la supresión de las misas. Al menos dos de ellos consideraron su obligación salir a la palestra para responder a quienes, inconscientemente, exigían la vuelta a la normalidad. Se trata de los titulares de San Francisco, Sergio Buenaventura, y de San Justo, Eduardo García. El primero recordó que la decisión de suspender el culto —«dificilísima» y tras «un discernimiento muy serio»— fue adoptada no solo porque lo ordenara la legítima autoridad sino porque está fundada en el Evangelio. La prioridad —dijo— es cuidar la vida de las personas, de todas las personas, pero en especial de las más vulnerables. «No hemos tomado esta decisión ni por cobardía, ni por miedo y menos aún por falta de fe», apuntó, antes de recordar que «el Espíritu no está en cuarentena y sigue animando a nuestras comunidades». «Creo que [estos hermanos] tienen que ampliar la mirada y ver mejor la gracia que está pasando en nuestras comunidades cristianas».

Más duro fue todavía monseñor García. En un artículo que escribió para el diario Clarín afirmó que leyó con asombro «la angustia que en muchos provocaba no poder comulgar», y acto seguido se preguntó si esos cristianos «acaso experimentan la misma angustia al no poder salir a ayudar en una salita de primeros auxilios o a un anciano que está aislado». «También escuché —argumentó— que sienten que la fe se les debilita al no poder comulgar y me pregunto: los mártires encarcelados del siglo pasado y de este siglo que no podían acceder a la misa en sus cautiverios y dieron su vida, ¿cómo lo hicieron? Porque su fe fue robusta para aceptar flagelaciones, hambre, humillación y muerte. Dios nunca nos deja solo». Y remató: «Creo firmemente en el Señor presente en la Eucaristía, centro y culmen de la vida cristiana, pero desde una comunidad que celebra y toma la fuerza para vivir jugándose por la vida de los demás, no como un self service de la gracia o un Redoxon de la vida espiritual. (…) De muy poco servirá la reapertura gradual de los templos si no hay una reapertura radical de la Iglesia de cara a la realidad, sin ombliguismos seudorreligiosos de autocomplacencia».

Misa virtual en Luján

En los últimos días, varios obispos más han llamado a sumar esfuerzos —y no a dividir— en estos duros tiempos de pandemia. Es el caso del residencial de Lomas de Zamora, Jorge Lugones, SJ, que ha pedido que las ollas sean de las que se comparten y no «cacerolas golpeadas para dividir», porque «esto no nos ayuda»; o el de Nueve de Julio, Ariel Torrado Mosconi, que ha insistido en que no se puede caer en la tentación de descartar y dejar afuera a los que aparentemente «sobran»: los pobres, los ancianos, los niños por nacer, los presos, los enfermos terminales, etc.

Estos dos prelados hicieron estas apreciaciones en las homilías que pronunciaron en sus respectivas diócesis el 8 de mayo, festividad de Nuestra Señora de Luján, patrona de Argentina. El arzobispo de Mercedes-Luján, Jorge Eduardo Scheinig, tardará en olvidar la Eucaristía que ofició esa misma tarde en la basílica, acompañado únicamente por el presidente de la CEA, monseñor Ojea, y por los sacerdotes del templo. Fue una misa a puerta cerrada, pero al mismo tiempo multitudinaria, pues fue seguida por unas 250.000 personas a través de internet. «Físicamente somos muy pocos, pero espiritualmente estamos absolutamente todas y todos», dijo Scheinig, que pidió a la Virgen «fuerza» y «valentía» para «vivir como una Nación que desea renovar su unidad», a fin de superar juntos la pandemia y afrontar «los tiempos que se vienen, que sin duda serán difíciles, arduos y desafiantes».

El Papa Francisco fue uno de los fieles que, seguramente, siguió como «peregrino espiritual y virtual» esa celebración, pues le aseguró al arzobispo que lo haría en una carta que le remitió una semana antes. En ella le decía: «Se acerca el 8 de mayo… y mi corazón “viaja” a Luján. (…) La miraré una vez más y, también una vez más, me dejaré mirar por Ella. (…) Le cambiaremos el manto todos juntos, le diremos nuestras preocupaciones y nuestras alegrías. Le pediré que nos cuide y —porque soy pecador— le pediré que nos dé la gracia de pedir siempre perdón, de no cansarnos de pedir perdón… porque sabemos que su Hijo no se cansa de perdonar».

Suspensión de eventos

Hoy 11 de mayo, en la casa de ejercicios El Cenáculo La Montonera del barrio bonaerense de Pilar debería haber comenzado la 119ª Asamblea Plenaria del Episcopado. El encuentro, sin embargo, fue suspendido ya a primeros de abril, como también lo han sido otros dos acontecimientos eclesiales en Argentina desde el reconocimiento de la pandemia por parte de la Organización Mundial de la Salud: el IV Congreso Mariano Nacional, que tenía que haberse celebrado en Catamarca del 23 al 26 de abril, y los fastos por los 500 años de la primera misa en suelo argentino, previstos en Puerto San Julián (diócesis de Río Gallegos) para los días 31 de marzo y 1 y 2 de abril.

A día de hoy, Argentina lleva reportados 6.278 contagios y 314 muertes por COVID-19.

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