Cartas de los obispos Última hora

Aquí estoy, envíame

En diversas ocasiones hemos comentado que un peligro muy real del fenómeno de la pandemia es que ésta nos va influyendo profundamente, introduciéndonos en una dinámica por la que nos podemos ir encerrando cada vez más en nosotros mismos.

En estas circunstancias, pendientes de la salud y las necesidades de nosotros y de los nuestros, y como mucho de la sociedad que nos rodea, y del país propio en general, viene a nuestro encuentro el Domund, la Jornada Mundial de las Misiones 2020.

Tal y como nos señala papa Francisco en su Mensaje para la Jornada de este año: «En este contexto, la llamada a la misión, la invitación a salir de nosotros mismos por amor de Dios y del prójimo se presenta como una oportunidad para compartir, servir e interceder. La misión que Dios nos confía a cada uno nos hace pasar del yo temeroso y encerrado al yo reencontrado y renovado por el don de sí mismo» (n.2).

El Domund es, pues, una llamada oportunísima en estos momentos, que nos despierta y que nos abre, mediante la toma de conciencia no sólo del carácter esencialmente misionero de nuestro ser cristiano, sino también de las dramáticas circunstancias de necesidad en las que sigue inmerso nuestro mundo. En su Mensaje, papa Francisco apunta a esto afirmando: «Comprender lo que Dios nos está diciendo en estos tiempos de pandemia también se convierte en un desafío para la misión de la Iglesia. La enfermedad, el sufrimiento, el miedo, el aislamiento nos interpelan. Nos cuestiona la pobreza de los que mueren solos, de los desahuciados, de los que pierden sus empleos y salarios, de los que no tiene hogar ni comida» (n.7).

El momento presente pone ante nuestros ojos, como acabamos de leer en las palabras del Papa, lo mucho que los dramas de nuestra humanidad exigen a la Iglesia como tarea a realizar; pero también nos revela lo mucho que la Iglesia está, desde siglos, realizando; nos recuerda que el papel de la Iglesia es crucial para los más necesitados en países de Asia, África y América. Allí la Iglesia está en primera línea en la lucha contra el virus, la pobreza y el hambre. El Domund, pues, es también oportunidad para apoyar su trabajo, por medio de la oración y la limosna, y para abrirnos espiritualmente cada uno, cada una de nuestras comunidades y la misma Diócesis, hacia esas necesidades de misión y de ayuda hacia países y personas lejanas. Oportunidad para, como miembros de la Iglesia que ha sido enviada al mundo entero, seguir abriéndonos y comprometiéndonos más con la misión y el servicio.

Detrás de la gran tarea que la Iglesia ha realizado, realiza, y está llamada a realizar, hay personas, hombres y mujeres que han hecho de su vida, como misioneros, una ofrenda total a Dios y a los hermanos. Muchos de ellos en la actual pandemia, y en anteriores emergencias, han entregado literalmente sus vidas; y las siguen entregando. Son imagen viva de Jesús que se inmoló por salvarnos, que murió para traer la Vida a la Humanidad. Ellos encarnan la misión, hacen visible a la Iglesia madre que se entrega, engendra nuevos hijos y da vida. La Jornada Mundial de las Misiones, el Domund de este año de especial sufrimiento y compromiso por la pandemia, es marco idóneo para recordarles, como hace el cartel de la actual Jornada con la figura central de esa hermana, que puede reflejar perfectamente toda una vida madurada por el sí a Dios, hecho entrega diaria.

El cartel, en su imagen central y en su composición, se compenetra con las palabras del lema de esta Jornada del Domund de 2020. En el contexto de tanta gente que sufre, que necesita de ayuda, llega hasta nosotros, hasta cada uno de nosotros, como comenta el Papa, «la pregunta que Dios hace: “¿A quién voy a enviar”», pregunta que «se renueva y espera nuestra respuesta generosa y convencida: “¡Aquí estoy, mándame!” (Is 6,8). Dios continúa buscando a quién enviaral mundo y a cada pueblo, para testimoniar su amor, su salvación del pecado y la muerte, su liberación del mal (Cf. Mt 9, 35-38; Lc 10, 1-12)» (n.7).

Durante el pasado confinamiento nació espontáneo el gesto del aplauso a médicos y enfermeros. Que el Domund de este año sea marco adecuado para extender este aplauso de gratitud profunda a nuestros misioneros, hombres y mujeres enviados de Dios que en tierras del mundo entero son imagen de su amor. Y sea marco para, con nuestra oración y aportación económica generosa, solidarizarnos eficazmente con su misión. Marco para responder al Señor, que recordándonos que nuestra vida tiene una misión, espera respuesta; una respuesta de disponibilidad a cumplir la propia tarea, la propia vocación, para, así, no perder la vida, su gran don.

Que María, madre de Dios y madre nuestra, nos asista a todos, misioneros de allí y de aquí, para que estemos a la altura de ser buenos servidores en tiempos de tanta necesidad.

A todos, mi afecto y bendición.

 

+ Jesús Murgui Soriano 
Obispo de Orihuela-Alicante.

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