Cartas de los obispos Última hora

Aquí estoy, envíame

Queridos hermanos y hermanas,

1. Al escuchar las palabras del profeta Isaías que el Papa Francisco ha elegido para la jornada del DOMUND de este año, «Aquí estoy, mándame» (Is 6, 8), no puedo menos que estremecerme por su fuerza y su capacidad para despertarnos de la rutina. Leídas en su contexto, conmueve comprobar cómo Dios cuenta con cada uno de nosotros para la misión: «Entonces escuché la voz del Señor, que decía: “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?”» Es una expresión trinitaria. Es la comunión de Personas quienes llaman, consagran y envían para llevar adelante la obra de la salvación. La misión procede de la Trinidad. Y sorprende la decisión y la confianza que expresa la respuesta del profeta. “Aquí estoy”. Rememora el hermoso salmo 39 que relata el núcleo de la misión de Jesús: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad», que de modo tan impresionante retomará después la carta a los Hebreos: «Por eso, al entrar él en el mundo dice: Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo; no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije: He aquí que vengo —pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí— para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad» (Hb 10, 5-7).

2. La voluntad humana de Jesús se configura plenamente con la voluntad divina: «Vengo para hacer tu voluntad». Esta configuración adquiere su momento más dramático en la oración en el huerto de los olivos: «No se haga mi voluntad sino la tuya» (Lc 22, 42). Esta conformación de la voluntad de Jesús con la del Padre constituye el modo en que nuestra vida debe ser también orientada a participar de la vocación, consagración y misión de Jesús, donde nuestra existencia adquiere su sentido profundo y completo. Esta configuración es la piedra angular de la dimensión misionera de nuestra vida y la razón de ser de la misión de la Iglesia. Esta consagración y envío es lo que llena de luz, amor y sentido nuestra propia historia.

3. Estamos viviendo esta jornada del DOMUND en el contexto de la crisis sanitaria, económica y social causada por la pandemia. Los obispos del País Vasco y Navarra os escribíamos una carta pastoral conjunta titulada «Bienaventuranzas en tiempos de pandemia». En ella os recordábamos que «somos conscientes de la necesidad de reforzar la cooperación y la comunión entre pueblos y naciones, superando localismos autorreferenciales y valorando el bien que supone la mutua colaboración. Esta dimensión es especialmente importante con respecto a países menos desarrollados, donde las difíciles condiciones de vida se ven agravadas por la pandemia y sus efectos económicos y sociales. Nos acordamos de las Iglesias hermanas de África y América a las que nos unen profundos lazos de fraternidad. Nos llegan noticias preocupantes sobre el agravamiento de la economía precaria de muchas familias a las que les falta lo más básico para vivir» (n. 28). Nuestro compromiso misionero se desarrolla precisamente en las Iglesias hermanas que viven en estos países. Si tenemos tantos motivos para servirlas con amor y entrega, esta voluntad de servicio se hace más imperiosa en las circunstancias actuales. Por eso queremos implicarnos con más ahínco si cabe en este compromiso de colaboración fraterna en sus diversas necesidades y en la tarea evangelizadora que llevan a cabo.

4. En su mensaje, el Papa Francisco interpela nuestra disponibilidad real para avivar nuestro compromiso misionero y responder con ilusión y confianza a la llamada de Jesús que vuelve a resonar en nuestro corazón en esta jornada: «La misión es una respuesta libre y consciente a la llamada de Dios, pero podemos percibirla sólo cuando vivimos una relación personal de amor con Jesús vivo en su Iglesia. Preguntémonos: ¿Estamos listos para recibir la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, para escuchar la llamada a la misión, tanto en la vía del matrimonio como de la virginidad consagrada o del sacerdocio ordenado, como también en la vida ordinaria de todos los días? ¿Estamos dispuestos a ser enviados a cualquier lugar para dar testimonio de nuestra fe en Dios, Padre misericordioso, para proclamar el Evangelio de salvación de Jesucristo, para compartir la vida divina del Espíritu Santo en la edificación de la Iglesia? ¿Estamos prontos, como María, Madre de Jesús, para ponernos al servicio de la voluntad de Dios sin condiciones (cf. Lc 1,38)? Esta disponibilidad interior es muy importante para poder responder a Dios: “Aquí estoy, Señor, mándame” (cf. Is 6,8). Y todo esto no en abstracto, sino en el hoy de la Iglesia y de la historia».

5. Que este día del DOMUND sintamos el don que supone el haber sido llamados por Dios para participar en esta hermosa tarea de amor al servicio del Evangelio, en la entrega a Dios y a los hermanos. No importan las circunstancias en las que se desenvuelve nuestra vida. Cualquier situación es momento de gracia para responder con generosidad a la llamada y colaborar con ilusión. Pedimos la gracia de poder responder con decisión con las mismas palabras del profeta: «Aquí estoy, envíame» (Is 6, 8). Colaboremos también con la tarea misionera por medio de la oración personal y comunitaria, con la generosa colaboración económica, con la participación en las actividades misioneras de nuestra parroquia, comunidad y de la diócesis. Entonces, como afirma Isaías: «Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor y te responderá; pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”. Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies al alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía» (Is 58, 8-10). ¿Existe tarea más apasionante? ¿horizonte más ilusionante? Que la Virgen María, Reina de las misiones, nos ayude a responder con generosidad. Con gran afecto.

 

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa
Administrador Apostólico de la diócesis de Bilbao

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