Apoyar la asignación tributaria, ejercicio de libertad, progreso y transparencia – editorial Ecclesia
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Apoyar la asignación tributaria, ejercicio de libertad, progreso y transparencia – editorial Ecclesia

Apoyar la asignación tributaria, ejercicio de libertad, progreso y transparencia – editorial Ecclesia

Nos hallamos en la recta final del periodo de presentación de la declaración de la renta. Abierta el pasado 4 de abril, concluye el próximo 2 de julio. Hacer la declaración de la renta es un ejercicio de ciudadanía responsable y de bien; es, por tanto, un deber ético insoslayable. Y bueno será recordarlo aún más en relación a los contribuyentes católicos.

Y ello también, aunque no solo, porque la declaración de la renta está dotada de un sistema mediante el cual se apoya a la financiación de la Iglesia.  Es lo que entendemos por asignación tributaria. Su importe aproximado supone un cuarto del total de los haberes de que la Iglesia dispone para desarrollar su específica misión evangelizadora y contribuir a mejorar las condiciones de vida de los españoles y de otros miles y millones de personas necesitadas en todo el mundo.

El vigente modelo de la declaración de la renta permite elegir libremente el destino de 0,7% de nuestros impuestos en favor de la Iglesia católica. Y esto es algo que no sucede con el resto de los empleos a los que el erario público destina nuestros impuestos.  Es, por ello, un doble ejercicio de soberanía y de responsabilidad. Además, también podemos asignar otro 0,7% a la casilla de otros fines de interés social, sin que le repercuta al contribuyente (no pagaremos más, ni se deducirá ni más ni menos).

La asignación tributaria es un ejercicio de libertad, que anualmente puede ser ejercitado o no y en un sentido u otro.  Tampoco va contra nadie ni contra porque tal y como viene establecido no ofrece una alternativa que pueda sentirse marginada.

Asimismo, asignar la X en la casilla de la Iglesia es también un ejercicio de progreso y de solidaridad, como en estos días explicará, con todo lujo de detalles y de transparencia, la CEE. Así, el jueves 14 de junio se presenta a los medios de comunicación (informaremos amplia y cumplidamente de ella a nuestros lectores la próxima semana) la Memoria anual de actividades de la Iglesia Católica, titulada este año “¿Qué hace la Iglesia por la sociedad?”. Igualmente, en la tarde del martes 19 de junio, será la gala social de su presentación.

¿Y por qué apoyar a la Iglesia en la declaración de la renta es un ejercicio y una contribución de progreso y solidaridad? Baste por ahora recordar los datos ofrecidos días atrás por la CEE (ecclesia, número 3.938, página 9), y convenientemente auditados, a propósito de la aportación que prestan y revierten a la sociedad los colegios católicos.  Y es que además de educar a más de un millón y medio de niños, adolescentes y jóvenes y de generar unos 103.000 puestos de trabajo, los colegios católicos devuelven a la sociedad cuatro veces de lo que se invierte en ellos (una estimación de 19.735 millones de euros ante los 4.866 millones de euros percibidos). Y esto es solo una muestra, pues lo mismo acontece, en mayor o menor proporción, en ámbitos como la sanidad, el patrimonio cultural y turístico y los servicios sociocaritativos a las personas más necesitadas.

Apoyar la asignación tributaria, marcar la X en favor de la Iglesia, es igualmente sumar, apostar por la implementación efectiva de un imprescindible cultura y praxis de transparencia, que ha llegar a todos los ámbitos de nuestra sociedad y a todos y cada uno de los ciudadanos. En este sentido, el pasado 31 de mayo, la CEE renovó su convenio, suscrito hace dos años, con Transparencia Internacional España (TIE), tal y cómo ya contábamos en la página 9 de ecclesia de la pasada semana.

La transparencia no puede ser moda, cosmética, publicidad o propaganda. La transparencia –esto es, la verdad, la honestidad, las cuentas claras-  es un irrenunciable imperativo cívico para instituciones y particulares. Pero para los cristianos, para la Iglesia, es mucho más. La transparencia es un deber cristiano y de justicia, es una demanda de credibilidad, y la credibilidad es imprescindible para el desarrollo de la identidad y misión eclesiales. Porque la Iglesia es para los demás, no es un fin en sí misma, sino que está al servicio de los católicos y de todas las personas que quieren conocerla y acercarse a ella y que tienen el derecho de saber cómo es y cómo funciona y cuáles son también sus necesidades, recursos y empleos en materia económica.

 

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