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Iglesia en España Nacional

Apertura de la causa de canonización de María Benedicta Daiber Heyne

María Benedicta Daiber Heyne

(Del ateísmo al heroísmo de la Fe)           

El Cardenal Arzobispo de Barcelona, Mons. Lluis Martínez Sistach, ha dispuesto que el 8 de febrero de 2013, en pleno “Año de la Fe”, tenga lugar la apertura canónica diocesana de la causa de beatificación y canonización de la Sierva de Dios, María Benedicta Daiber Heyne. Nacida el 2 de diciembre de 1904 en Stuttgart (Alemania), partió a la Casa del Padre en Barcelona, el 8 de febrero de 1987. Nos congratulamos con el Sr. Cardenal Arzobispo y toda la diócesis de Barcelona, seguros de que esta “Causa” será motivo de alegría no solo para Barcelona, sino para toda España que recorrió casi entera con sus conferencias y cursillos bíblicos; y además para Alemania, país de su nacimiento, para Suiza, nación de sus padres, para Chile, su patria de adopción; así como para Bolivia, Perú, Uruguay y Argentina, naciones que se beneficiaron de su testimonio y apostolado.

Rasgos biográficos:  A) Ambiente antirreligioso familiar. Su padre, Albert Ludwig Daiber, médico, y su madre, Hildegard Heyne, profesora graduada en Basilea, eran ambos suizos y ateos militantes. Además, su padre perteneció a la masonería durante once años. Distintas circunstancias los impulsaron a establecer su residencia en Chile, cuando María Benedicta contaba alrededor de ocho años. “Los sacerdotes, me decía mi padre, son unos hipócritas que explotan al pueblo y no creen lo que enseñan.

Y cuanto me decía mi padre era para mí dogma de fe”. “Mi madre quiso enseñarme historia eclesiástica, y yo la escuchaba con avidez. Pero, ¡ay!, era la historia vista a través del odio a la Iglesia; y bebí a torrentes ese odio en las enseñanzas de mi madre. Era el odio al Papa, el odio al clero, etc. Alrededor de los diez años era yo una atea consumada”. “En marzo de 1922, a los diecisiete años, mi padre me llevó a Santiago (capital de Chile), para mis estudios”. Allí se propuso María Benedicta conocer seriamente la religión católica; pero si deseaba conocerla era por odio. “Hay que conocer al enemigo, para saberlo combatir”, (se decía.)

B) Proceso de conversión a la Fe. No obstante, llegó a estudiar y conocer tan perfectamente la Fe católica que se fue enamorando de ella. En efecto, la conducta irreprochable y virtuosa de sus dos profesores de religión así como su evidente competencia doctrinal, a lo que hay que añadir el trato bondadoso de quien sería en el futuro su madrina de bautismo, todo esto fue derribando sus prejuicios contra la Iglesia católica y favoreciendo una auténtica conversión. Y llegó el momento de convencerse de que necesitaba y debía aceptar la Fe católica; hasta concretó con su madrina el día de su bautismo. Pero se interpuso una barrera infranqueable para ella: el gran amor que profesaba a sus padres.

C) Tormenta contra la aceptación de la Fe. Ella misma describe así su conflicto interior: “Aquella noche de agosto me acosté con el rosario en las manos, tranquila y feliz, porque había encontrado la fe. A las pocas horas desperté, presa de angustia indecible. Pensé en mis padres, recordé sus ideas hostiles a la Iglesia; se me presentó el profundo dolor que les causaría mi conversión y cómo interiormente me separaba de ellos. Por otra parte, Dios me atraía, y se libró en mi alma una lucha formidable que terminó al amanecer con la derrota de Dios. Resolví no hacerme católica, y así se lo comuniqué a mi madrina”.

D) Su bautismo. El combate en su interior se prolongó durante semanas y meses. Pero al final triunfó la gracia y el amor de Dios. Y el 8 de septiembre de 1923 recibía el bautismo de manos del Sr. Rector de la Universidad Católica de Santiago. Ahora bien, “si me felicidad de ser católica era inmensa, algo sin embargo le faltaba: el que mis padres la compartieran conmigo.  Durante las vacaciones recorría casi todo Santiago pidiendo oraciones a las comunidades religiosas. Y a todos los sacerdotes conocidos les suplicaba también se acordaran en la santa Misa de pedir la conversión de mis padres. En apariencia, durante varios años, las oraciones no producían ningún resultado”. Finalmente, el Señor en su misericordia les concedió el don de la fe: “mi padre abrazó la religión católica a finales de 1927; y  mi madre, poco después, a principios de 1928”. (1)

Una vez que María Benedicta aceptó la fe católica, su entrega a Jesucristo y a su Iglesia (a sus hermanos, a la humanidad) fue total para toda su vida. Al mismo tiempo que perfeccionaba su espíritu con la virtud y la sabiduría de la fe, incorporada a la “Acción Católica” pujante especialmente en el pontificado de Pío XI, desplegó un apostolado de marcado carácter bíblico muy estimado por sus párrocos. Su director espiritual de entonces, P. Standaert,C.M., excelente profesor del Seminario, viendo su afán de conocer y vivir con plenitud el cristianismo le proporcionó para su estudio, además de la Biblia, la obra de Tanquerey; después la Suma de Sto. Tomás, e incluso los SS. Padres de la patrología de Migne.

E) Su espiritualidad. Lo que podemos llamar característico de su espiritualidad, aunque siempre permaneció como cristiana laica-seglar, es su anhelo de una consagración plena y total a Cristo y su Iglesia mediante votos religiosos autorizados todos ellos por sus directores espirituales. Así, en la fiesta de la Inmaculada de 1925, se le concedió hacer voto perpetuo de castidad; acababa de cumplir los veintiún años; meses antes había solicitado hacer voto de víctima por los sacerdotes, pero esto no se lo permitió su director espiritual hasta los veinticinco años cumplidos. Posteriormente hizo voto de pobreza, obediencia y varios más.  Habla (Cf. Diario Esp. I, p. 26) de una doble vocación: a) la del apostolado bíblico; y b) la de víctima sacerdotal. Sin embargo, al “voto perpetuo de víctima por los sacerdotes: ofreciéndome sin reserva en sacrificio por todos los sacerdotes y aspirantes al sacerdocio”, lo designaba como “toda la razón de ser de su existencia”. “¡Cómo quisiera que todos los sacerdotes comprendieran claramente lo que significa ser sacerdote! Después de la maternidad divina –privilegio único de María Santísima—nada hay tan grande y sublime como el sacerdocio ministerial, y nada denota un mayor amor de Cristo para con una persona” (Cf. Diario Espiritual II, p. 9). “Veo cómo Cristo, con este amor que llega al extremo, nos deja en la Eucaristía su Sacrificio redentor y nos asegura la aplicación de sus méritos redentores, mediante el sacerdocio ministerial. Eucaristía y Sacerdocio son los dones supremos del amor de Cristo” (Id. págs. 29-30).

El 8 de diciembre de 1972, fiesta de la Inmaculada Concepción, pronunciaba el último voto de su vida: el voto de fe. Al P. Eliézer S.J., su director espiritual entonces, le expuso antes (en carta del 11 de octubre de 1972) su anhelo de hacer “voto de fe, voto de vivir plenamente de fe”. “El motivo para hacer el voto [le decía] es la situación de la Iglesia, la crisis de fe que atravesamos y que, por desgracia, se va acentuando… es también algo diametralmente opuesto a la autosuficiencia reinante hoy día”. Su director espiritual aprobó su aspiración e incluso le indicó la fecha para efectuarlo: la festividad de la Inmaculada. Realizado el voto, le comentaba al P. Eliézer tres días después (carta del 11-XII-1972): “Sentí y experimenté una cercanía espiritual extraordinaria a María y un ver clarísimamente con qué amor ama ella, Madre del Sumo y Eterno Sacerdote Cristo, a los sacerdotes; y que debo a ella, a su intercesión, ese gran amor al sacerdote que ha llenado toda mi vida. Vi cómo ella intervino en mi conversión y me alcanzó la gracia de una total entrega a Cristo desde el primer momento de ser católica. Igualmente experimenté cómo este mi amor al sacerdote, más que mío, es un reflejo en mi alma del amor de Cristo y de la Virgen al sacerdote y, por lo mismo, me une más y más a Cristo y a María. Al mismo tiempo, la luz sobre lo que soy, mi nada y mis pecados…”.

Demos gracias a Dios por regalarnos este “Ángel-Apóstol del Sacerdote”, al estilo de María Magdalena (Jn 20, 17), a quien encargó Jesús: “Anda, ve a mis hermanos y diles…” Su vida y su obra son un mensaje para todo cristiano y, en especial, para los sacerdotes.

Nota (1)  Lo dicho hasta la nota (1) es un resumen esquemático de lo que ella misma relata con detalle y con un realismo impresionante en las páginas autobiográficas del librito (de 54 págs.) “Vencida por el Amor”; y que ha editado, y distribuye la asociación “Amigos de María Benedicta”: C/. Gran de Gracia, 241, 2º,  08012-BARCELONA;

E-mail: mariabenedictad@gmail.com

Fr. Francisco Femenía, O.P.

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