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Antonio Viera: «La persona es lo primero, hay reconocer el valor intocable de cada persona»

Los compañeros de Noticias Obreras y en concreto su redactor jefe, José Luis Palacios, ha realizado una entrevista a Antonio Viera, consiliario de la HOAC de Canarias y capellán en el CIE Barranco Seco en Las Palmas de Gran Canaria. El pasado mes de abril fue distinguido por la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) con el Premio Carisma de Misión y Cooperación.

Al ser preguntado sobre cómo es su día a día y las responsabilidades que tiene a día de hoy, Viera explica que «el día comienza poniéndome en la presencia del Padre para escucharle, en la oración, el estudio del Evangelio y en la Eucaristía. Luego ya comienza la actividad pastoral, la atención a las personas de las parroquias, vivo en un barrio obrero, marginal de la ciudad de las Palmas de Gran Canarias, con una realidad muy fuerte de paro y exclusión social. El acompañamiento a las Cáritas del Arciprestazgo, a los grupos de las parroquias. También estoy en un equipo de HOAC».

«Quítate las sandalias»

«Soy capellán del Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) y miembro del equipo del Secretariado Diocesano de Pastoral de Migraciones; los miércoles por la mañana acudo al CIE para estar con los jóvenes migrantes, para acompañarlos; hacerles sentir que no están solos, que hay muchas personas que están comprometidas en la defensa de sus derechos y dignidad. Recuerdo que cuando me acerqué por primera vez al CIE, resonaba en mi mente y en mi corazón aquellas palabras del Señor a Moisés, “quítate las sandalias de los pies, porque el sitio que pisas es terreno sagrado” (Ex 3, 5). Descalzarme suponía liberarme de todo prejuicio, de esquemas preconcebidos, ir desarmado al encuentro de las personas migrantes, desde la presencia pequeña e insignificante».

La persona es lo primero

Sobre qué es lo que le mueve para encabezar esa lucha y defensa de los derechos de las personas migrantes, Antonio Viera expone que «bueno, yo no la encabezo, afortunadamente hay muchas personas, y plataformas sociales y eclesiales que están embarcados en esta lucha, yo me incorporo a esa ola, para hacer mi aportación. Y me mueve, por supuesto, mi condición de creyente en Jesucristo, viviéndolo desde el ministerio, para hacerme solidario y compartir con los descartados de la sociedad, a los que me siento enviado, haciendo presente y reconociendo entre ellos a Jesucristo, Salvador del ser humano y esperanza del mundo. Poniendo en el centro a la persona. La persona es lo primero; reconocer el valor intocable de cada persona, con todas sus circunstancias concretas, nada fáciles ni idílicas, cada persona es digna de ser acogida, respetada, valorada y acompañada en su proceso y situación. Y porque veo en ellos el rostro sufriente del mismo Jesús. Según aquellas palabras del Mensaje del papa Francisco en la I Jornada Mundial de los Pobres que nos dijo: “Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres”».

«Me mueve servir a la persona concreta en su situación específica. Muchas personas internadas en el CIE se encuentran en situación de vulnerabilidad que además siempre se agravan con el paso del tiempo de internamiento. Me mueve defender sus derechos y denunciar su vulneración. Me mueve, en definitiva, como creyente en el Proyecto de fraternidad y humanización de Jesús, la lucha contra la injusticia social, en concreto en el CIE».

Llamarles por su nombre

En referencia a qué le dicen las personas internas y cómo cree que le ven los propios migrantes, afirma que «¡cuánto agradecen esas visitas! Son muy agradecidos, tan solo el hecho de reconocerles, de llamarles por su nombre, de saludarles con cariño y ternura, les hace sentirse reconocidos como personas en su dignidad. Recuerdo una anécdota: un chico senegalés, en una de las visitas, recién llegado al CIE, cuando le cuento que detrás hay muchas personas que están apoyándoles y trabajando por el respeto a sus derechos y dignidad, me dice, “Gracias por ponerte tus zapatos y venir a visitarnos”… Y una vez que van entrando en la confianza, comienzan a relatar sus historias de dolor y sufrimiento que llevan alojados en sus mentes y en sus corazones. Son los sueños rotos. Tantas esperanzas y proyecto frustrados. Y tienen necesidad de verbalizarlos, de compartirlos, de encontrar oídos para escuchar y corazón para acoger».

¿Cómo es la convivencia entre migrantes y autóctonos?, ¿y dentro de las comunidades cristianas?

«En primer lugar, hay que decir, que ha habido un problema de gestión muy importante por parte del Gobierno. La ocupación de zonas turísticas como medida urgente, fruto de la improvisación…, pero a la vez se tenían que haber previsto protocolos de acogida humanitaria que contemplaran lugares de acogida dignos donde las personas migrantes recibieran el tipo de ayuda necesaria, no solo comida y cama, sino también atención psicosocial en su propio idioma, contribuyendo a superar el trauma que supone tener que migrar, y en las condiciones que lo ha tenido que hacer, el respeto al derecho a recibir asesoramiento jurídico…, así como los recursos necesarios para la integración, considerándolos ciudadanos de pleno derecho».

«El pasado año llegaron a Canarias 23.000 personas y , por tanto, que las situaciones que se dieron de choque, no dejan de ser casos aislados. La ley se les tienen que exigir a todo el mundo también a las personas migrantes lógicamente. Pero esto es algo que ya habíamos denunciado, el hecho de convertir Canarias en un gueto insular hace que comience a reproducirse las condiciones propias de los guetos, hablamos de personas a las que la Delegación del Gobierno les decía que sí podían viajar a la península porque tienen pasaporte, sin embargo, se les retienen en el aeropuerto y se les impiden viajar… mientras se estaba manteniendo esta situación y desoyendo los derechos… lo normal es que fuera aumentando la sensación de malestar, los nervios…la tensión… esto le pasa a cualquier ser humano. Cuando se someten a las personas a tanta presión, a tanto sufrimiento añadido al que ya traen, después de haber resistido a una de las travesías más duras y difíciles, cuando además se hace como medida disuasoria por la obsesión ante el discurso del “efecto llamada”, pues las personas terminan explotando…».

Cultura del encuentro

«Dentro de las Comunidades Cristianas hay que hacer un importante trabajo que también el Secretariado impulsa, sensibilizar a nuestras comunidades para que sean espacios de acogida, hospitales de campaña. Promoviendo una acogida integral, personalizada, generando procesos de inclusión y potenciando espacios de escucha y encuentro, lazos de amistad: por ejemplo, cafés-tertulias, acciones de patrocinio comunitario como pisos tutelados por miembros de las parroquias, grupos de escucha y orientación psicológica para gestionar la soledad, talleres de formación para personas recién llegadas y también talleres sobre la cultura del encuentro que ayuden a sensibilizarse y situarse a las comunidades que acogen».

«Es urgente trabajar la “cultura del encuentro” como oportunidad de transformación personal y colectiva. Para que nuestras comunidades se transformen en “comunidades acogedoras”, desde la hoja de ruta que hace unos años nos marcó el papa Francisco, sintetizada en aquellos cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Cada comunidad cristiana tendrá que discernir cómo y qué aportar para convertirse en “comunidad acogedora”, y qué ha de modificar para ser percibida como “hogar espiritual”, “familia” y referencia para todos, los de siempre y los que van llegando. Valorando la riqueza de cada persona que llega y poniéndola en valor».



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