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Antonio Navarro: Entre el Cristianismo y el Islam «hay que crear puentes de comprensión y concordia»

«En un mundo plural y amenazado por tantas discordias, estamos llamados a crear puentes de comprensión y concordia». Así lo ha expresado Antonio Navarro, sacerdote de la diócesis de Córdoba y profesor de «Introducción al Islam: una perspectiva cristiana», el nuevo curso que ofrece el Instituto de Ciencias Religiosas «Beata Victoria Díez» en Córdoba.
Este curso, que además estará bonificado por unas Becas del Cabildo Catedral, se realizará en el segundo cuatrimestre del año y atendiendo a las medidas sanitarias provocadas por la pandemia, será presencial solo cada quince días desde el mes de marzo y hasta la semana del 24 de mayo. Navarro, concedió una entrevista a la Delegación de Medios de la Diócesis de Córdoba en la que expresó cómo «el Cristianismo y el Islam han tenido una relación llena de guerras, conflictos y recelos. Sin embargo, estos dos mundos también han colaborado e interactuado de forma positiva en muchos casos a los que se suele dar menos relieve».

—¿Cómo llegaste a ser especialista en islam y en cultura árabe?

Por una propuesta del Obispo. Cuando desempeñaba mi ministerio sacerdotal en la parroquia y colegios de la Trinidad, el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, me llamó y me comunicó que quería enviarme a realizar estudios a Roma y que, en cuanto al «tema», tenía un ofrecimiento algo peculiar que era libre de aceptar: especializarme en estudios sobre mundo árabe e islámico para servir a la diócesis de Córdoba y a la Iglesia universal con esos conocimientos. La idea me pareció interesante, motivadora, y acepté con gusto. Y me alegro mucho de haberlo hecho.

—Recientemente defendiste tu tesis doctoral sobre la figura de uno de los pensadores islámicos que ha influido para la modernización del islam, su adaptación al siglo XXI y su diálogo con el cristianismo. ¿Cómo decidiste ahondar en este asunto?

Dentro del islam actual, hay corrientes conservadoras que buscan responder a los retos del mundo moderno repitiendo moldes del pasado que traerán, supuestamente, la prosperidad y la gloria a la «nación islámica». Dichas corrientes están bien financiadas, tienen popularidad y muchos seguidores. Sin embargo, desde el punto de vista intelectual, me parecía más estimulante el pensamiento modernista, que intenta ayudar al islam a entrar en el mundo contemporáneo cuestionándole, reflexionando de manera crítica para abandonar lo opcional y caduco e ir a lo esencial. Es un pensamiento más creativo y que se esfuerza en no perder la identidad doctrinal y espiritual a la vez que se reforma propiciando un mayor diálogo con otras religiones y corrientes ideológicas. Para muchos musulmanes, esta línea de actuación es herética; y, para otros, es un paso indispensable y realista. Sea como sea, yo soy cristiano y no me toca decidir cuál es el «verdadero islam». Lo que sí es cierto es que, desde mi punto de vista, el diálogo con el islam es imposible si este no realiza una cierta revisión de sus principios legales clásicos, lo que me llevó a buscan un pensador musulmán que hiciera esta valiente y difícil tarea, como es el caso de Mohamed Talbi, defensor del diálogo islamo-cristiano, cuya obra es polémica a la vez que interesante.

—¿Qué es lo que más te llamó la atención de las relaciones del islam con el cristianismo? ¿Ha encontrado alguna relación entre el islam y el cristianismo?

El cristianismo y el islam parten de unas raíces culturales y religiosas semejantes, como son el mundo semítico, el monoteísmo y la creencia en que este único Dios todopoderoso y misericordioso se comunica con la humanidad y le ofrece su Palabra y una alianza a través de profetas y enviados. A la vez, hay profundas diferencias en cuanto a las doctrinas dogmáticas o las prácticas legales, morales y rituales. Negarlas u obviarlas carece de sentido, ya que son patentes y generan una visión de Dios, de la familia, de la sociedad y sus derechos y leyes, y de la vida del creyente, con diversos fundamentos y perspectivas. Estos dos mundos han tenido una relación llena de guerras, conflictos y recelos. Sin embargo, estos dos mundos también han colaborado e interactuado de forma positiva en muchos casos a los que se suele dar menos relieve. Las colaboraciones filosóficas y científicas han sido abundantes, y las investigaciones de un lado han llegado al otro lado y lo han beneficiado. Célebres pensadores y santos cristianos como Tomás de Aquino han admirado y bebido de los escritos de autores musulmanes como Averroes y Avicena quienes, a su vez, utilizaron obras traducidas al árabe por cristianos o tuvieron a profesores cristianos como referentes. En mi conferencia inaugural del Estudio Teológico san Pelagio, mostraba cómo la espiritualidad islámica o sufismo bebe del monaquismo oriental y, con sus intuiciones y experiencias interiores, contribuyó a la mística cristiana del s. XVI. A nivel científico, técnico y artístico hay innumerables casos análogos. Con esto quiero decir que, por debajo de una «macrohistoria» de conflictos fluía una «microhistoria» de intercambios, encuentros, diálogos y debates que enriquecieron a ambas partes. La pregunta que debemos hacernos ahora unos y otros, conociendo y reconociendo ese pasado, es cuál de esas dos dimensiones queremos trabajar e intensificar en nuestro presente y futuro, si la del conflicto o la de la colaboración.

—¿Qué te ha aportado como sacerdote conocer otra religión?

De entrada, a nivel personal e intelectual, me ha enriquecido estudiar otro universo religioso, cultural e histórico como es la civilización islámica. Como sacerdote, me ha ayudado a conocer mejor mi propia religión, a responder preguntas que hasta ahora no me había hecho y que el islam me planteaba, afianzándome en mis propias convicciones de fe no “porque es lo que me han dicho” sino porque investigaba y encontraba los argumentos y motivaciones que las sustentan. Otras veces me hizo matizar ciertas posturas personales, cómo no. A nivel espiritual, ver cómo tantos musulmanes rezan y llevan una vida de búsqueda de la virtud es un incentivo a profundizar en mi propia vida de encuentro con Dios, intentando ser mejor testimonio de Cristo y de su Amor ante todos los hombres, crean en lo que crean.

—¿Cree que existe necesidad de un diálogo interreligioso?

Absolutamente. En un mundo plural y amenazado por tantas discordias, estamos llamados a crear puentes de comprensión y concordia entre todos los seres humanos. Hace pocos días el papa Francisco firmaba la encíclica “Fratelli tutti” sobre la fraternidad humana y la amistad social. Pero este diálogo interreligioso hay que saber entenderlo bien. No se trata de una renuncia a nuestras propias convicciones religiosas, ni taparlas o disimularlas de modo relativista, ni abandonar el anuncio de Cristo como la Palabra de Dios para toda la humanidad. El diálogo interreligioso, según el magisterio eclesial, es una parte integrante y necesaria (no la única) de la misión de la Iglesia que, a imitación de Dios, se acerca a todo hombre, habla con él, lo ama y lo conduce al bien. En el diálogo conozco al otro como él es y piensa, lo escucho y aprendo de sus riquezas y, aunque no compartamos ciertos puntos de vista, podemos centrarnos en lo que nos une y en luchar juntos por bienes comunes para nuestra sociedad como son la paz, la justicia o la solidaridad. En el diálogo, a su vez, el cristiano se muestra como es, piensa y cree, sin ocultarse, intentando ser transparencia de Cristo ante todo el que lo vea en aquello que habla y practica.

—Por último, como miembro de la Pastoral Universitaria, ¿qué ofertas tiene la diócesis para conocer más sobre todo esto?

La pandemia ha limitado, temporalmente, la realización de ciertos proyectos que teníamos en mente, como era la realización de conferencias y foros en ámbito universitario sobre cuestiones relativas al cristianismo, el islam, y las implicaciones políticas y sociales de ambas religiones en nuestro mundo, contrastando y conociendo sus problemáticas y sus respuestas a los diversos retos. Por otro lado, sí hay ciertas cosas que estoy haciendo. Desde mi puesto como profesor en el Centro de Magisterio «Sagrado Corazón» dedico una parte de una asignatura sobre hecho religioso a enseñar a los alumnos qué es el islam y sus distintas corrientes, de manera que tengan un conocimiento objetivo frente a tantas reducciones simplistas que se ofrecen a veces en los foros informativos y de opinión. En algunas parroquias y grupos de formación de jóvenes también me han pedido charlas de formación sobre el tema.

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