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Antonio Gómez Cantero se despide de Teruel: «El corazón sangra por donde ama»

«El corazón sangra por donde ama» con esa frase comenzó su homilía el obispo Antonio Gómez Cantero en su despedida de la diócesis de Teruel. El prelado tuvo que celebrar dos Eucaristías para salvaguardar las medidas sanitarias y poder despedirse de los fieles que quisieron agradecer al obispo «estos cuatro años tan intensos en los que hemos querido ser comunidad, orante, peregrina y, por último apostólica».

El vicario general, Alfonso Belenguer Celma, quiso recordar el paso de Cantero en la diócesis impregnado por «la fe, su alegría y su acompañamiento. Todos hemos recibido a través de don Antonio la ternura de Dios». En nombre de la diócesis, hizo entrega, como agradecimiento, de un báculo «hermoso y sencillo», con su sello y lema episcopal, «para que le sirva de apoyo con nuestro cariño en su nuevo caminar, y recuerde siempre a esta diócesis que fue la primera».

Por su parte, el obispo Cantero, visiblemente emocionado, rememoró el momento cuando hace 4 años y cinco semanas «me dirigía a vosotros como vuestro obispo. Y dije que era “vuestro” porque os pertenecía en cuerpo y alma, y debía olvidarme de mi, incluso de mis propios planes, para ser realmente de vosotros». En este punto, Cantero no quiso olvidar a «todas las personas que han sufrido a causa de la pandemia que nos asola».

«Gracias a todos y a cada uno»

Tampoco a «todos y a cada uno de los que formáis esta querida diócesis, y también a los que nos rodean, pero que sin ser del todo creyentes hemos hecho muy buenas migas, por todo lo que hemos compartido, por la cultura que hemos promovido, por los diálogos profundos que hemos mantenido. Sabéis que, desde el primer momento, os alenté a ser comunidad y a no vivir, como esas personas que sólo adoran su propia espiritualidad, a veces en contra de otros, olvidado que todos somos el Cuerpo de Cristo, y que la diversidad forma parte intrínseca de este cuerpo, donde hay muchos miembros y cada uno actúa para el bien de todos».

Y dando las gracias a todos los colaboradores y realidades de la diócesis expresó que «vosotros sois mi mejor regalo». Esta es la verdadera historia que permanece, «todo lo demás lo deshace el tiempo, pero el amor no pasa nunca». «Doy las gracias por el trabajo infatigable de Cáritas, el de Jesús que lava los pies y sana las heridas de los descartados. Gracias a Manos Unidas y el esfuerzo de hormigas en el diseño de los proyectos para el tercer mundo. Gracias a la Acción Católica General, dinamizadora de tantos encuentros de formación y oración en nuestras parroquias».

También quiso agradecer a la Pastoral Penitenciaria, «que me ha sabido acercar con gozo a una realidad compleja, pero con la mirada en el futuro. Y gracias a dos nuevas realidades: a las SEPAS (pastoral de las personas separadas) y a la Hospitalidad de Lourdes, samaritana de los enfermos y desvalidos. Gracias a los que animáis la pastoral de las parroquias, tantas personas voluntarias, laicas y consagradas, que me habéis mantenido despierto; amigos y familias siempre ¡tan cerca! que formáis ya parte de mi vida y permanecéis en mi corazón».

Además dio las gracias a los sacerdotes y al diácono, «que siempre habéis estado ahí y que os habéis fiado de las propuestas que hemos ido haciendo, y con el esfuerzo de todos los consejos de pastoral, hemos ido sacando adelante. Como yo os digo: lo importante es probar, diseñar nuevos y valientes proyectos, y si no salen, pues cambiamos, pues el desafío que hoy tiene nuestra Iglesia (es decir, el que todos tenemos) no nos permite el lujo del inmovilismo. El Espíritu Santo que nos mueve: es empuje, creatividad, dulzura, ternura, gozo… y todos los dones que de él hemos recibido».

Por último, también destacó el apoyo de «los hermanos obispos de Aragón, y a todos los vicarios de las diócesis aragonesas, que me ayudasteis a discernir para redactar la carta pastoral “Nazaret era un Pueblo pequeño”. Así como vuestro acompañamiento en las dificultades por las que también hemos pasado».



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