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Opinión

Ante los casos de corrupción, urgen la verdad y la justicia – editorial Ecclesia

         Hace dos semanas nos referíamos en esta misma página a los recientes y presuntos casos de corrupción que asolan la vida política y social de España. Y en apenas dos semanas, la situación se ha agravado muy notable y severamente hasta el punto de que creemos que España está viviendo los momentos más delicados de los últimos treinta y cinco años.

         Ante esta hora, áspera y convulsa, bueno será retomar la instrucción pastoral que la CEE hizo pública en febrero de 1996, en momentos también muy complicados y condolidos por conocidos casos de corrupción. Moral y sociedad democrática es el título de este documento, que en continuación con La Verdad os hora libre, de noviembre de 1990, mostraba la preocupación de nuestro episcopado por “la profunda crisis moral y de conciencia de la sociedad española”, raíz infecta y pútrida donde tiene su caldo de cultivo la corrupción.

         Dirigiendo ahora nuestra mirada, perpleja y conmovida, a la actual situación,  la prioridad ha de corresponder a estos criterios. En primer lugar, es preciso saber la verdad, toda la verdad, del  “Caso Bárcenas” y de los otros “casos” que nos asolan. Urge, pues, que la Justicia actúe con premura, libertad, independencia y ecuanimidad. La resolución de estos casos no puede ni debe demorarse. Es mucho lo que está en juego. En segundo lugar, la presunción de inocencia debe  ser siempre un derecho a proteger, a respetar y a promover. Y un Estado de Derecho, como el español, no  debe dar cabida alguna a la presunción de culpabilidad.

Asimismo, consideramos que la gravedad de las posibles imputaciones no puede ni deber ser alimentada ni “retroalimentada” solo mediante supuestas exclusivas periodísticas, ni mediante sesgados debates mediáticos, ni mediante juicios paralelos y sectarismos varios, y menos aún mediante ejercicios de agitación ciudadana. Y tampoco consideramos camino adecuado para saber la verdad de estos “casos” la politización y utilización partidista, sea de un partido u otro. Porque antes que sus hipotéticos efectos políticos, lo que importa es la verdad. Y, por ello, desenmascarar a los mentirosos y corruptos, sean quienes sean y estén donde estén.



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