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Opinión

Ante la tragedia francesa, por José María Salaverri

Ante la tragedia francesa, por José María Salaverri

¿BASTAN LOS “VALORES REPUBLICANOS”?

Uno de los aspectos, que más asombra, de la ola de terrorismo vivida en París, es que los terroristas sean jóvenes musulmanes que han nacido en Francia, que tienen la nacionalidad francesa, que hablan perfectamente la lengua, que han sido educados en la escuela oficial laica. Y por lo tanto que, como los demás franceses educados así, han recibido. o por lo menos se les ha inculcado, lo que llaman los “valores republicanos”: fraternidad, libertad, igualdad, democracia… De una manera u otra se les ha dicho que esos valores provenían de una época muy importante que llaman la “Ilustración”. Una serie de autores, en general muy buenos escritores, pero laicistas, opuestos en general al cristianismo…

Sí, nos asombramos de que esos valores no hayan producido un fruto de integración. Y se dice que se debe a que han vivido en barrios cerradamente islámicos, con una presión ambiental y familiar religiosa muy fuertes. Todo eso es cierto; y más, hoy día, con la radicalización islamista. Pero no es toda la verdad. ¿No habrá algo más? Me atrevo a arriesgar una hipótesis. Yo he sido hijo de emigrantes en París, he recibido educación francesa en primaria y en la mitad del bachillerato… Es cierto que tuve la suerte de estudiar en colegios católicos. Pero allí también se nos inculcaban esos valores –llamémosles patrióticos-, pero se nos señalaba que su origen estaba en Cristo. Incluso reforzaron mi amor a España, sin perder mi profunda estima por Francia.

Hay algo que se olvida en esos análisis acerca de los valores republicanos. Se olvida que esos valores inculcados durante años produjeron anticristianismo. Y, dejando aparte la revolución francesa, para no ir tan atrás en la historia, recordemos que, en virtud de esos valores, se inició un anticlericalismo que culminó en 1903 con la expulsión de todos los religiosos de Francia, expolio de sus bienes y prohibición de vida común en todo el territorio francés. Hay un libro reciente “Quand les Catholiques étaient hors la loi” (“Cuando los católicos estaban fuera de la ley”) que es revelador. Creo que los franceses han olvidado ese sarampión anticristiano. Se llegó a extremos increíbles, por ejemplo, expulsar “manu militari” ¡a los cartujos de la Gran Cartuja! defendidos por todos los vecinos. Este que llamo sarampión se curó gracias a la Gran Guerra. Sí, porque entonces el gobierno movilizó a todos los religiosos que vivían expatriados, y ellos, patriotas, volvieron a defender a Francia. Y cuando en 1918 se les quiso volver a expulsar, ellos dijeron que no se iban. La Iglesia católica sacó los datos: más de 1800 sacerdotes, unos 1300 seminaristas y más de 1.500 religiosos, muertos en los campos de batalla. No les devolvieron sus bienes, pero se quedaron. El sarampión anticlerical bajó mucho de tono: creyentes y no creyente habían estado juntos en las trincheras.

Por eso me pregunto: si esos valores republicanos llegaron a producir ese efecto anticristiano ¿cómo no lo va producir en jóvenes que, en su casa, lo ven reforzado por el desprecio que su religión siente por lo que llaman “degeneración moral” de los cristianos? No creo que leer a Voltaire ayude mucho a los musulmanes a apreciar lo cristiano…

Hace unos pocos años, este problema ya se debatió en Francia, sin mucho fruto por lo que se ve. Nicolás Sarkozy -nada sospechoso de mucho cristianismo- llegó a afirmar: “No se puede educar a los jóvenes apoyándose exclusivamente sobre valores temporales, materiales, ni siquiera republicanos”. Y en un artículo publicado en “Le Figaro” de diciembre 2003, la filósofa parisina Chantal Delsol, tras un debate sobre el tema, afirmaba: “No creo que la laicidad sea la respuesta adecuada para los que se dicen partidarios de un integrismo religioso. Una religión puede responder a una religión, pero no el Estado”.

Me permito soñar. ¿Y si hubiera habido una asignatura de religión cristiana -no hablo de catequesis- en el programa lectivo oficial francés? ¿Eso no hubiera abierto, por lo menos algo, los ojos a todos esos musulmanes educados allí? ¿No hubieran podido ver, o por lo menos atisbar, que hay otro modo de concebir a Dios, de ver al prójimo, de situarse en el mundo?

Repito que eso no sólo es soñar; resulta incluso escandaloso el mero hecho de insinuarlo. No solo en la laica Francia, donde pondrían el grito en el cielo nada más oírlo, sino también aquí en España, donde estamos oyendo voces que pretenden dejar sin defensas a nuestra juventud. Y no solo desde la izquierda; que tomen nota los que se pretenden centro. Mientras no nos demos cuenta que sólo una religión puede responder a una religión, estaremos en inferioridad ante el islamismo.

Nos ha admirado la respuesta unánime de los franceses ante los atentados. ¿Por qué? Mi opinión es porque, pasado el sarampión ya citado, en el fondo los franceses tienen todavía un subconsciente cristiano, aunque sea como identidad cultural. Por eso la Basílica de Saint Denis la sienten suya, incluso los republicanos, aunque allí estén enterrados reyes… de muchos de los cuales se sienten orgullosos. Y Notre Dame es Notre Dame; es el corazón de París. Y Chartres es Chartres. Incluso me atrevo a añadir –tal vez exagero- que Lourdes es una gloria nacional. Pero esto no basta ante la gravedad de las circunstancias: es hora de comprender que un católico que se diga ‘no practicante’ no está a la altura de las necesidades de hoy.

Me abstengo de hacer una larga aplicación a España. Nosotros no sólo hemos pasado un sarampión, sino una muy grave epidemia allá por los años 30. Pero los franceses no solo han olvidado su sarampión, sino que la mayoría -lo he podido comprobar- ni siquiera saben que existió. No hay odio o por lo menos es minoritario. Aquí algunos, después de unos años de concordia ejemplar, se han empeñado en desenterrar el hacha de guerra… No es ése el camino. Aprendamos, por lo menos algo, de nuestros vecinos.

José María Salaverri

(20 de noviembre de 2015)

Publicado en PARAULA



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