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Ante la fiesta de San Vicente de Paúl, carta a la familia vicenciana del superior general

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Ante la fiesta de San Vicente de Paúl, el 27 de septiembre, carta a la familia vicenciana del superior general

Queridos miembros de la Familia Vicenciana,

¡Que la gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo estén con todos ustedes!

En esta fiesta de San Vicente de Paúl me uno a ustedes para dar gracias a Dios por la bendición de servir al querido Pueblo de Dios, sobre todo a esos hombres y mujeres excluidos de su participación en la sociedad; esas gentes que viven en las periferias, nuestros amos y maestros. Estamos llamados a servir a esos hombres y mujeres y a encontrar a Cristo en ellos. Nos exhortan constantemente no sólo a prestarles nuestras voces en sus causas, sino también a escucharlos y hablar por ellos. Con suerte, como consecuencia de nuestra identificación con ellos, nos invitan a ser sus amigos. (cf. Papa Francisco, Evangelii Gaudium, # 198)

Al responder a esta llamada para participar en el proceso de la Nueva Evangelización, nosotros, como Vicencianos, tenemos una aportación excepcional que ofrecer. Primero, durante este año de colaboración, se nos presenta una oportunidad para fortalecer los vínculos de cooperación y solidaridad entre las casi trescientas ramas de la Familia Vicenciana. En aquellos lugares, donde estos vínculos pueden ser débiles o inexistentes, estamos retados a explorar caminos y medios para establecer tales vínculos. Dicha colaboración es esencial si vamos a seguir testimoniando que todos somos un Pueblo de Dios, una Familia Vicenciana.

Vicente de Paúl habló con frecuencia sobre un proceso afectivo y efectivo de evangelización. Nuestro esfuerzo para hacer realidad una colaboración mayor entre nosotros es el mejor medio de asegurar que llegamos a muchos más miembros olvidados de la sociedad.

Lo que es más, creo que tenemos otra aportación importante que ofrecer a la Iglesia a medida que nos comprometemos con la Nueva Evangelización. En años recientes, hemos visto unirse distintas ramas de la Familia Vicenciana para cambiar estructuras injustas y opresivas, que impiden a las personas vivir de una forma digna. Nuestra implicación en este proceso colaborador de cambio sistémico nos capacita para ser discípulos-misioneros Vicencianos.

Sigamos trabajando juntos en procesos creativos de colaboración de cambio sistémico, recordando que la última palabra pertenece al libro del Apocalipsis: Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de ser, y el mar ya no existía más (Apoc. 21, 1)… y que Dios nos bendiga hoy, y todos los días de nuestra vida.

Su hermano en san Vicente de Paúl,

Rdo. G. Gregory Gay, CM

Superior general

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