Carta del Obispo Iglesia en España

Ante la crisis, menos palabras y más obras, por monseñor Ángel Rubio Castro, obispo de Segovia

Angel Rubio

Es grave la situación que atraviesa España que tiene seis millones de desempleados, diez millones de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza, la mitad de los jóvenes desempleados y la otra mitad tratando de marchar al extranjero.

El diagnostico de Cáritas es que en España tenemos dos millones doscientomil niños que son pobres, que no tienen en su hogares los medios necesarios para cubrir sus necesidades básicas, de manera que una galleta es un lujo. Hay niños pobres y niños ricos; hay familias ricas y familias pobres. Muchos recortes para unos y abundancia para otros.

La fe si no tiene obras está muerta por dentro. En la carta del apóstol Santiago se dice: “Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin obras, y yo con mis obras te mostraré mi fe” (St 2,18) y san Pablo sentencia: “Lo único que cuenta es una fe activa en la práctica del amor” (Gal 1,6).

Recientemente los Obispos, una vez más, nos lo han recordado:  “La caridad no se reduce a un mero sentimiento voluble; es más bien una voluntad que, iluminada por la fe, se adhiere al amor a Dios y al prójimo de modo constante, razonable y desprendido hasta la entrega de la propia vida, si fuera necesario”.

En el orden de las relaciones sociales, la Iglesia, viviendo toda ella en la caridad, da también cauce a la caridad de los fieles de muchos modos que permiten el intercambio de dones. Cáritas es la forma institucional oficial de la Iglesia, por medio de la cual las Iglesias diocesanas y las parroquias socorren a quienes lo necesitan. Existen también otras muchas beneméritas instituciones de ayuda promovidas por institutos de vida consagrada, asociaciones de fieles, hermandades y cofradías, etc. Hemos de agradecer en nombre del Señor a todos los voluntarios y donantes que colaboran con sus bienes y con su tiempo en estas obras: “Lo que  hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis —dice el Señor—” (Mt 25,40).

También hay una caridad que afecta directamente a las relaciones políticas. La situación de crisis genera en muchas personas sentimientos de malestar y de desencanto, de irritación y de rechazo ante unas instituciones sociales y políticas que, aun disponiendo de tantos medios económicos y técnicos, no han sido capaces de ordenar la vida en común de un modo verdaderamente justo y humano.

Sin embargo, el malestar social y político debería ser para todos un reclamo a la búsqueda sincera del bien común y al trabajo por construirlo entre todos. Este malestar no debería ser alimentado como excusa para la promoción de ningún interés político o económico particular, a costa del interés general, tratando de aprovechar en beneficio propio el descontento o el sufrimiento de muchos. Nadie se debería sentir ajeno al peligro de caer en este grave abuso: ni las personas, ni los grupos sociales, económicos o políticos.

Conviene recordar las catorce obras de misericordia que aprendimos en los catecismos; siete espirituales y siete corporales. Las espirituales nos exhortan a poner en el buen camino al pecador, enseñar al que no sabe, aconsejar bien a quien duda, consolar al triste, soportar pacientemente a quienes nos molestan, perdonar de corazón y  orar por los vivos y los difuntos. Las corporales nos instan a dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, liberar al cautivo, visitar al enfermo, enterrar a los muertos.

Todas ellas son obras de amor y misericordia y obras de justicia. Hoy existen desigualdades económicas y sociales inicuas, que afectan a millones de seres humanos, que están en total contraste con el Evangelio, son contrarias a la justicia, a la dignidad de las personas y a la paz.

La solidaridad, que emana de la fraternidad humana y cristiana, se expresa ante todo en la justa distribución de bienes, en la equitativa remuneración del trabajo y en el esfuerzo en favor de un orden social más justo. La virtud de la solidaridad se realiza también en la comunicación de los bienes espirituales de la fe, aún más importantes que los materiales.

Es urgente encontrar soluciones y signos de esperanza para atender y resolver entre todos, cada uno según sus posibilidades y responsabilidad caminos concretos de unidad y solidaridad, de libertad, de justicia y de paz.

 

                                                               + Ángel Rubio Castro

                                                                  Obispo de Segovia

 

 

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