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Ante la clausura del Año de la fe, por el obispo de Sigüenza-Guadalajara

Ante la clausura del Año de la fe, por el obispo de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez Martínez

El próximo día 23 de noviembre, Dios mediante, celebraremos en Sigüenza la  Asamblea del Pueblo de Dios y, por la tarde, procederemos a la clausura del “Año de la Fe” en la Santa Iglesia Catedral.

Será un momento de profunda gratitud al Señor por los frutos espirituales de este año en la diócesis. Aunque en su momento hagamos una reflexión para valorar la repercusión de las actividades pastorales programadas con ocasión de este año de gracia, todos sabemos muy bien que la vivencia espiritual de cada uno es imposible evaluarla. Solamente Dios y la persona interesada la conocen.

Sin duda el “Año de la Fe” nos ha ayudado a repensar nuestra condición de hijos de Dios y nos ha permitido descubrir la necesidad de madurar en la adhesión a Jesucristo para crecer en el amor y para ser sus testigos en medio del mundo. Pero, sobre todo, las actividades pastorales programadas  con ocasión del  Año de la fe nos han permitido celebrarla con gozo con los hermanos en los sacramentos, renovando así nuestra esperanza en sus promesas. Por la fe en Jesucristo, muerto y resucitado por la salvación del mundo, experimentamos que no estamos solos en el camino de la vida y encontramos la luz verdadera que ilumina el origen y la meta de la existencia humana.

Por lo tanto, la clausura del “Año de la Fe” no puede ser el final de un camino ni la meta de nuestra experiencia creyente. Esta celebración tiene que ser el punto de partida para continuar madurando en la fe, para intensificar nuestra formación cristiana y para asumir con esperanza el reto de la nueva evangelización. Todos necesitamos pedir insistentemente al Señor que aumente nuestra fe para poder regalarla a quienes, por razones diversas, se han alejado de Dios o viven como si no existiese.

La fe en Dios no nos aleja de la realidad del mundo ni de los problemas de nuestros semejantes. Al contrario, la verdadera fe nos compromete cada día en la defensa de los derechos y de la dignidad de cada persona, y nos impulsa a trabajar con tesón por la consecución de unas relaciones más justas y verdaderas entre los seres humanos, poniendo todos los medios a nuestro alcance para eliminar las situaciones de pobreza y marginación que sufren tantos hermanos nuestros.

Partiendo de la íntima relación entre la fe y el amor, el Papa Francisco nos recuerda en la encíclica “Lumen fidei”: “Precisamente por su conexión con el amor (cf Gal 5, 6), la luz de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz”. Y añade a renglón seguido: “La fe permite comprender la arquitectura de las relaciones humanas, porque capta su fundamento último y su destino definitivo en Dios, en su amor, y así ilumina el arte de la edificación, contribuyendo al bien común” (LF 51).

Estas reflexiones del Papa nos ayudan a descubrir que los cristianos, al profundizar en la adhesión a Jesucristo y al proponer la Buena Noticia de la salvación de Dios a los hombres, estamos ofreciendo luz para entender el sentido de la vida y fortaleza para el logro de una convivencia social más justa, fraterna y humana. Esto tiene que estimularnos a conocer más íntimamente a Jesucristo y a buscar nuevos caminos para la  transmisión de la fe a los niños y jóvenes.

En comunión de fe, un cordial saludo.

 

+ Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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