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Ante la Campaña LIV de Manos Unidas (febrero 2013)

         Queridos diocesanos:

         La Asociación de la Iglesia Católica en España “Manos Unidas” nos convoca un año más, y van 54, para sensibilizarnos nosotros mismos y sensibilizar a cuantos están a nuestro lado sobre la realidad en la que se encuentran los llamados “países en vías de desarrollo”. Esta expresión puede ser que suene extraña a algunas personas, más familiarizadas quizás con otras como “la geografía del hambre”. Pero el hecho que origina las campañas de “Manos Unidas” es el mismo: el subdesarrollo endémico que se traduce en toda una serie de carencias entre las que sobresalen la falta de alimentos, las enfermedades, las desigualdades sociales escandalosas, etc. Quizás no falte quien comente que bastantes problemas tenemos en España y en otros países de la Unión Europea con la crisis económica, los recortes, los impuestos y, sobre todo, el paro galopante, como para ocuparnos de las necesidades de otros pueblos.

 

         Y, sin embargo, debemos estar abiertos también a las necesidades de otros pueblos a los que las mismas crisis de los países desarrollados terminan afectando también porque se recortan programas y ayudas. Por otra parte, el modo de trabajar de “Manos Unidas” no se limita a enviar alimentos o medicinas, sino que orienta su labor hacia las causas que originan el subdesarrollo. Y esto lo hace, en primer lugar, concienciándonos a los que podemos colaborar pese a las propias dificultades, para que apoyemos eficazmente los proyectos orientados al desarrollo integral de las personas y de los pueblos menos favorecidos.  Y, en segundo lugar,  desplegando su actividad contra las causas que generan el subdesarrollo y todas sus secuelas. No creo necesario insistir para pediros generosidad y colaboración. Tan sólo permitidme ofreceros una motivación añadida con ocasión del Año de la Fe que estamos celebrando. El Papa Benedicto XVI ha afirmado al convocarlo: “El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad… La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. En efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo, marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el más importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro mismo de Cristo” (Carta Porta Fidei, n. 14).

         Por otra parte, me parece muy sugestivo el lema de la próxima Campaña de “Manos Unidas”: “No hay justicia sin igualdad”. La campaña mira especialmente a la condición de la mujer en los países subdesarrollados ante todo, para reivindicar su dignidad personal como imagen de Dios, lo mismo que el varón. Es la consecuencia de la afirmación bíblica fundamental: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó” (Gn 1, 27). En virtud de esta dignidad la mujer y el varón tienen los mismos derechos y, por tanto, deberían tener las mismas oportunidades, los mismos recursos, las mismas atenciones. La diversidad en el plano natural se traduce en la complementariedad y en la relación. “En un mundo como el actual, dominado por la técnica, se siente la exigencia de esta complementariedad de la mujer, para que el ser humano pueda vivir sin deshumanizarse del todo” (Benedicto XVI en Angola).

 

Termino felicitando a nuestra Delegación diocesana de “Manos Unidas” y agradeciendo su labor. Con mi cordial saludo y bendición:

+ Julián, Obispo de León



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