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Ante el viaje del Papa Francisco a Corea (12): Los jóvenes católicos de Corea

Ante el viaje del Papa Francisco a Corea (12): La jóvenes católicos de Corea

Jóvenes y parroquias

En Corea, los jóvenes adultos (de entre 20 y 35 años de edad, e incluso, últimamente, hasta finales de la treintena) participan en la Iglesia en el ámbito parroquial. Los grupos de jóvenes se reúnen antes o después de la misa vespertina dominical, misa que en muchas parroquias está principalmente centrada en los jóvenes feligreses. Dos servicios básicos que realizan los miembros jóvenes de la Iglesia son los relacionados con el coro y con la liturgia (por ejemplo, lectores, monitores e incluso acólitos y sacristanes en algunas parroquias). Los coros suelen celebrar dos ensayos semanales: por regla general, uno durante la semana y otro antes de la misa. Otras actividades populares entre los jóvenes son la frecuentación de los præsidia de la Legión de María, de las reuniones de estudio del Movimiento Bíblico de la Juventud Católica, nacido en Corea; de la Sociedad de San Vicente de Paúl, y de otros varios encuentros de oración. Los jóvenes feligreses que participan en dichos grupos organizan una comunidad de jóvenes adultos de ámbito parroquial en conexión con otras parroquias, principalmente en sus distritos y diócesis.

Otro servicio popular llevado a cabo por los jóvenes, sobre todo por los de viente años en adelante, es el de la enseñanza en la escuela dominical, a la que asisten estudiantes de educación primaria, secundaria y superior. Estos maestros de la escuela dominical trabajan en estrecha colaboración con el párroco o con el sacerdote responsable de dicho ministerio y constituyen uno de los pilares de la pastoral juvenil.

A pesar de tan amplio abanico de actividades, el número de participantes jóvenes en la Iglesia raramente supera los cien en cada parroquia. Se trata de un número muy reducido, incluso si se tiene en cuenta que los católicos registrados en parroquias representan entre el 10% y el 20% de la población del país y que solo el 30% de ellos asisten a la misa dominical Así las cosas, la falta de participación de los jóvenes constituye una preocupación común compartida por los párrocos.

Una sed espiritual

Con todo, no se puede decir que los jóvenes católicos no estén interesados en Jesús o en la Iglesia; antes bien, muchos de ellos parecen experimentar una sed espiritual. Cada año un número creciente de personas participa en retiros de cuatro días (o, alternativamente, de diez) organizados por el Movimiento Bíblico de la Juventud Católica. Los estudiantes universitarios que cursan estudios lejos de sus hogares se ??incorporan a la Federación de Estudiantes Católicos o, si se matriculan en universidades católicas, frecuentan la Oficina de Pastoral Universitaria. Algunos jóvenes creyentes participan por su propia iniciativa en retiros ocasionales, organizados por órdenes religiosas. El Fin de Semana «Escoge», iniciado por el P. Tom Morrow en Nueva York, se ve siempre concurrido por jóvenes participantes. Una sed espiritual también la expresan los jóvenes católicos de sexo masculino que cumplen el servicio militar obligatorio. Los militares católicos de todo el país representan más del 20% de la población que viste uniforme.

Dificultades en la fe, autoindulgencia, cosificación sexual y empleo

Una gran cantidad de dificultades respecto a la fe guarda relación con las condiciones sociales propias de Corea. La mayoría de los jóvenes coreanos han vivido muy controlados durante su adolescencia, época durante la cual han pasado todo su tiempo en la escuela y en institutos privados en los que han hecho sus deberes por las tardes, y excepto las horas de sueño, nada más se les ha permitido. Han tenido que estar «empollando» y memorizando conocimientos –que no sabiduría– digeridos por otros. No han tenido tiempo para preguntarse por el significado de la vida, por la existencia de Dios o por lo que es más valioso.

Una vez que salen graduados de la escuela secundaria superior, se ven repentinamente enfrentados a la libertad. En una nación conocida como el cuartel general informático mundial, una cantidad incalculable de información está tan solo a un clic de distancia. Rodeados por un océano de información, resulta difícil distinguir el bien del mal, y ello expone completamente a las personas a los placeres superficiales, impulsa la sociedad a un consumismo extremo y aísla a los individuos entre sí (cf. Evangelii gaudium, n. 2: ecclesia 3.704-05 [2013/II], pág. 1817). Las personas se entregan a los placeres inmediatos en vez de saborear la alegría del Evangelio a través de Jesús, que nunca renunció a la esperanza de la resurrección, ni siquiera en la cruz.

En este mismo contexto, el sexo se ha convertido en objeto de explotación, y las relaciones prematrimoniales en algo a lo que no se le da mayor importancia. Por ejemplo, un anuncio de preservativos recientemente emitido ofrecía un primer plano de una actriz que llevaba un anillo de rosario. A los jóvenes católicos, sumidos en este ambiente, les cuesta llevar la luz de Jesús, siguiendo las enseñanzas de la Iglesia, y, en lo tocante a valores, se encuentran tan confusos como sus coetáneos no católicos.

Otra triste realidad es que nadie dispone de una solución clara para el desempleo juvenil en el marco de la actual estructura económica coreana. Los jóvenes que buscan trabajo afirman que no pueden ir a la iglesia porque se sienten avergonzados de estar en paro. Los que han conseguido un empleo, se encuentran demasiado ocupados y cansados ??como para acudir a ella. También existen barreras reales y físicas para los jóvenes creyentes que tienen que trabajar los domingos o cubrir tres turnos.

Más que Jesucristo, la tranquilidad mental

Hay un tema que preocupa incluso a los jóvenes que participan activamente en la Iglesia. Cuando, en una encuesta realizada hace varios años, se les preguntó por qué motivo frecuentaban la Iglesia, más del 60% de los encuestados dijo que lo hacía porque la fe le daba tranquilidad. Y esto refleja una faceta propia de los católicos coreanos. Un buen número de feligreses abandonan la Iglesia cuando su relación con un sacerdote o con sus coparroquianos resulta incómoda. Para ellos, la salvación o Jesucristo no constituyen el centro de su fe, y la tranquilidad mental resulta superior a las demás razones. Se trata de actitudes peligrosas, ya que quienes las adoptan fácilmente se mantienen alejados de la Biblia, consideran las doctrinas como algo prácticamente imposible de entender y juzgan las enseñanzas de la Iglesia como meras opiniones. Y este es un desafío no sólo para los fieles, sino también para los agentes pastorales.

 Las esperanzas de los jóvenes coreanos

Fueron jóvenes los que iniciaron la Iglesia católica en Corea. John the Baptist Yi Byeok, Peter Yi Seung-hun, Ambrosio Kwon Cheol-shin, el P. Francis Xavier Kwon Il-shin, Augustine Jeong Yak-jong, Jeong Yak-yong y sus demás compañeros, con sus viente o treinta años, se parecían a Jesús y a sus discípulos. Hoy, sin embargo, parece bastante difícil que el país, debido a su estructura social, acoja el movimiento juvenil.

Durante la preparación de las Jornadas de la Juventud Asiática y de la Juventud Coreana, hemos detectado una corriente de afecto hacia el Papa Francisco entre los jóvenes, incluso en los que no se dejan caer con frecuencia por la iglesia. Oramos para que la visita papal no se limite a poner los ojos de los jóvenes en el Santo Padre, sino que los ayude a compartir su punto de vista sobre los santos mártires coreanos, sobre los pobres y sobre los jóvenes de Asia.

Esperamos que los jóvenes coreanos se encuentren con Dios en el anuncio de la Palabra de Dios y a través de las actividades de la Iglesia –con inclusión de los servicios litúrgicos–, y que disfruten de la amistad de sus vecinos. También esperamos que aprendan la alegría de construir el Reino de Dios saliendo en busca de los pobres.

(Original inglés procedente de la página web oficial de la visita papal a Corea; traducción de Ecclesia)

 



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