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Veinte años desde el 11S: «Rezamos por las víctimas del terrorismo y por la conversión de los corazones de los violentos»

Han pasado veinte años desde el terrible atentado terrorista en Estados Unidos. Dos décadas en las que, ante el recuerdo imborrable de lo ocurrido, desde la Iglesia se han multiplicado los llamamientos al diálogo y a la reconciliación. «Rezamos por las víctimas del terrorismo y por la conversión de los corazones de los violentos», ha escrito este 11 de septiembre el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española.

Hablar del 11 de septiembre es recordar a los ciudadanos de todas las naciones el atentado terrorista que reescribió la historia del siglo XXI en pocas horas, que culminó con el derrumbe de las Torres Gemelas.

Hubo 2.996 víctimas, incluidos los 19 terroristas de los cuatro atentados suicidas con aviones.

La consternación del Papa «más allá del dolor»

El 11 de septiembre de 2001, el Vaticano también recibió imágenes en directo del ataque terrorista. El Papa Juan Pablo II estaba en Castel Gandolfo ese día. Joaquín Navarro-Valls, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede durante más de 20 años, le advirtió.

«Llamé, hablé con él directamente. Le dije lo que estaba pasando. Le hablé de las terribles imágenes que la CNN estaba transmitiendo en directo», dijo el estrecho colaborador del Papa Wojtyla en una entrevista con Andrea Tornielli en el décimo aniversario del atentado.

«El Papa estaba profundamente conmovido, apenado. Pero recuerdo que se preguntó cómo pudo ocurrir un ataque tan atroz. Su consternación ante esas imágenes iba más allá del dolor. Se quedó un rato frente al televisor y luego se retiró a la capilla, que se encuentra a pocos pasos de la sala de televisión. Permaneció en oración durante mucho tiempo. También quería ponerse en contacto con George Bush, para hacerle saber su cercanía, su dolor, su oración. Pero no fue posible contactar con el presidente, que por razones de seguridad volaba en el Air Force One. Así que el Papa decidió enviar un telegrama inmediatamente. Y a la mañana siguiente dedicó la misa a las víctimas del atentado, pidiendo a Dios que diera descanso eterno a las numerosas víctimas y valor y consuelo a sus familias».

La audiencia del 12 de septiembre

De aquella la misa celebrada por las víctimas del atentado, Juan Pablo II habló durante la audiencia general del miércoles 12 de septiembre de 2001. El Papa definió lo ocurrido unas horas antes como «un día tenebroso en la historia de la humanidad, una terrible afrenta contra la dignidad del hombre». Luego, hablando de una «inaudita atrocidad», expresó su cercanía espiritual a las familias de los muertos y heridos, subrayando que «aun cuando parecen dominar las tinieblas, el creyente sabe que el mal y la muerte  no  tienen  la  última palabra».

Ayer fue un día tenebroso en la historia de la humanidad, una terrible afrenta contra la dignidad del hombre. Desde que recibí la noticia, seguí con intensa participación el desarrollo de la situación, elevando al Señor mi apremiante oración. ¿Cómo pueden verificarse episodios de una crueldad tan salvaje? El corazón del hombre es un abismo del que brotan a veces planes de inaudita atrocidad, capaces de destruir en unos instantes la vida serena y laboriosa de un pueblo. Pero la fe sale a nuestro encuentro en estos momentos en los que todo comentario parece inadecuado. La palabra de Cristo es la única que puede dar una respuesta a los interrogantes que se agitan en nuestro espíritu. Aun cuando parecen dominar las tinieblas, el creyente sabe que el mal y la muerte  no  tienen  la  última palabra. Aquí se funda la esperanza cristiana; aquí se alimenta, en este momento, nuestra confianza apoyada en la oración. Con gran afecto me dirijo al amado pueblo de Estados Unidos en esta hora de angustia y desconcierto, en la que se pone a dura prueba el valor de tantos hombres y mujeres de buena voluntad. De manera especial abrazo a los familiares de los muertos y de los heridos, y les aseguro mi cercanía espiritual.

 



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