Carta del Obispo

Ante el DOMUND 2013: Hay que avivar el espíritu misionero de la Iglesia, dice el Arzobispo de Santiago

julian barrio

OMPRESS-SANTIAGO DE COMPOSTELA (25-9-13) El arzobispo de Santiago de Compostela, Mons. Julián Barrio Barrio, se dirige a sus fieles diocesanos a través de una carta pastoral que titula “La Iglesia al encuentro del hombre” en la que les recuerda el compromiso misionero de todos y la importancia de la oración precisamente en esta próxima jornada del Domund que la Iglesia celebra el día 20 de octubre.

“Con este lema ‘Fe+Caridad=Misión’, la Iglesia nos llama en la Jornada Misionera Mundial a recordar nuestro compromiso misionero cuando estamos concluyendo la celebración del Año de la Fe cuyo propósito era ‘llevar a Jesucristo al hombre y conducir al hombre al encuentro con Jesucristo’. El papa Francisco en su Mensaje nos dice que las Obras Misionales Pontificias tienen como objetivo animar y profundizar la conciencia misionera de cada bautizado y de cada comunidad, ya sea llamando a la necesidad de una formación misionera más profunda de todo el Pueblo de Dios, ya sea alimentando la sensibilidad de las comunidades cristiana a ofrecer su ayuda para favorecer la difusión del Evangelio en el mundo.

La fe es sencillamente vida en Cristo, con Cristo y por Cristo, viviendo como hijo de Dios que busca ‘sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo eso se os dará por añadidura’ (Mt 6,33). ‘De este Evangelio fui constituido heraldo, apóstol y maestro. Esta es la razón por la que padezco tales cosas, pero no me avergüenzo, porque sé de quien me he fiado, y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para velar por mi depósito hasta aquel día’ (2Tim 1,10-12), comentaba san Pablo para quien ‘la vida es Cristo’ (Fil 1,21). La fe ha de enraizarse en la vida, dándole sentido. ‘El Espíritu de la verdad suscita y sostiene ese sentido de la fe. Así se adhiere indefectiblemente a la fe transmitida a los santos de una vez para siempre, la profundiza con un juicio recto y la aplica cada día más plenamente en la vida’. La fe se testimonia a través de la caridad. ‘La fe sin caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a la merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino’.

Esta fe que se manifiesta en la caridad constituye la misión. ‘Id y haced discípulos a todas las naciones’, repitió el Papa en la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro. No podemos sucumbir a una cierta corriente excesivamente negativa ni sublimar inmediatamente nuestros sufrimientos, haciéndonos os mártires, pero hay que ser conscientes tanto de la pasión como de la gloria, interna y externa, que lleva consigo la misión evangelizadora. Es necesario compartir el gozo de la fe, recordando aquellas palabras de Pedro: ‘Así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que aunque perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él, y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de la salvación de vuestras almas’ (1 Pe 1,7-9).

Este gozo debe manifestarse en una celebración  más intensa de la fe en la liturgia, particularmente en la Eucaristía, y en un testimonio cada vez más creíble de aquello que profesamos. Los cristianos llevamos en nosotros mismos la vida del Señor resucitado que hemos de testimoniar con las palabras que decimos, con el ejemplo de las virtudes que vivimos, y con las obras de caridad cristiana que realizamos. Sólo así seremos sal de la tierra, luz del mundo (Mt 5,13), y buen olor de Cristo (2 Cor 2,15). El testimonio cristiano nunca suple el papel insustituible de Cristo sin el cual no podemos hacer nada.

Los desafíos espirituales de la época actual superan nuestras capacidades humanas. En nuestro tiempo hay personas que aún esperan ser evangelizados; otras, que necesitan una experiencia de Dios más profunda; y otras en las que el Evangelio ha echado raíces, pero la secularización actual ha herido el sentido de la fe cristiana y de la pertenencia a la Iglesia. ¡Miremos a Jesús pero miremos como Jesús mira! Hay que avivar el espíritu misionero de la Iglesia pues sólo en ella podemos ser evangelizadores. Tal vez nos parezca revivir la experiencia de los Apóstoles, cuando miles de personas hambrientas seguían a Jesús, y él les preguntó: ¿Qué podemos hacer por toda esta gente? Ante la incapacidad de respuesta por parte de los apóstoles, Jesús les mostró que con la fe en Dios todo es posible. La preocupación misionera hay que vivirla ‘no como un aspecto secundario de la vida cristiana, sino como un aspecto esencial: todos somos enviados por los senderos del mundo para caminar con nuestros hermanos, profesando y dando testimonio de nuestra fe en Cristo y convirtiéndonos en anunciadores de su Evangelio’. ‘El impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial… La fuerza de nuestra fe, a nivel personal y comunitario, también se mide por la capacidad de comunicarla a los demás, de difundirla, de vivirla en la caridad, de dar testimonio a las personas que encontramos y que comparten con nosotros el camino de la vida’.

A nadie le hemos de imponer nada, pero tampoco debemos de dejar de proponer nuestra fe. El Evangelio debe resplandecer con el anuncio y el testimonio, y esto desde el interior mismo de la Iglesia. ‘Porque, en esta perspectiva, es importante no olvidar un principio fundamental de todo evangelizador: no se puede anunciar a Cristo sin la Iglesia. Evangelizar nunca es un acto aislado, individual, privado, sino que es siempre eclesial’.

Nuestro agradecimiento a todos los misioneros y misioneras y a todas las personas que les acompañan en el compromiso de anunciar el Evangelio, asegurándoles nuestra oración. Es siempre hermosos salir al encuentro de los demás para anunciar a Cristo”.

 

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