Cónclave marzo 2013 Especiales Ecclesia

Ante el Cónclave Marzo 2013 (46): Biografía del cardenal Vinco Puljic

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Biografía del cardenal Vinco Puljic

El cardenal Vinko Puljic, arzobispo de Vrhbosna-Sarajevo (Bosnia-Herzegovina), nació en Prijecani, en la diócesis de Banja Luka, el 8 de septiembre de 1945, duodécimo de trece hijos de una familia pobre en lo material,  pero rica en fe católica. Cuando contaba apenas tres años de edad quedó huérfano de su madre, Kaja. Su padre volvió a casarse, y el pequeño Vinko, junto con sus demás hermanos, halló en su madrastra Ana una nueva madre que lo educó como si fuera su propio hijo.

Ya desde niño mostró una gran religiosidad adquirida en el seno de la familia, donde cada tarde todos rezaban el santo rosario de rodillas. Su padre Ivan dirigía la oración. Además de la familia, también ejerció una gran influencia en su vida y en su perfil espiritual el monasterio Marija Zvijezda, de trapenses, situado no lejos de su pueblo natal. Y sería precisamente uno de sus monjes, el padre Ante Artner, quien lo ayudaría, con el dinero obtenido de las venta de su moto, a pagar la pensión del Seminario Menor de Zagreb.

 

Una vez frecuentado el bachillerato en Humanidades en el Seminario Menor Interdiocesano de Zagreb y en el Seminario Menor de Djakovo, cursó sus estudios filosóficos y teológicos en el Seminario Mayor de esta última ciudad.

Fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1970 para su diócesis natal de Banja Luka, en la catedral de Djakovo.

Tras su ordenación sacerdotal, fue durante tres años capellán en Banja Luka, hasta la primavera de 1973. Antes de pasar a la parroquia de Sasina, en la que permaneció desde junio hasta noviembre de 1973, trabajó durante tres meses en la Curia Episcopal de Banja Luka. Desde 1973 hasta 1978 fue párroco de Ravska, en las cercanías de la mina de Ljubija.

En el otoño de 1978 fue nombrado director espiritual del Seminario Menor Vicko Zmajevic, de Zadar, en el que permaneció durante nueve años, lo que le permitió conocer a muchos futuros sacerdotes de las diócesis de Zadar, Rijeka-Senj, Porec-Pula, Croacia, Banja Luka y Vrhbosna-Sarajevo, en Bosnia-Herzegovina. Durante su permanencia en Zadar fue también confesor del monasterio de las benedictinas, y dirigió numerosos ejercicios espirituales para sacerdotes, seminaristas y religiosas.

En el verano de 1987 fue nombrado párroco de Bosanska Gradiska, en su diócesis. En el verano de 1990 fue trasladado a Sarajevo en calidad de vicerrector del Seminario Mayor de la provincia eclesiástica de Vrhbosna.

En Sarajevo le alcanzó, el 19 de noviembre de 1990, su nombramiento como arzobispo de Vrhbosna-Sarajevo, por lo que se convirtió en el sexto arzobispo de esta sede tras la restauración de la jerarquía eclesiástica ordinaria en 1881, luego de la ocupación turca, durada más de cuatro siglos.

Juan Pablo II le confirió la ordenación episcopal en la solemnidad de la Epifanía de 1991, ante la tumba de San Pedro. Su ministerio pastoral en la archidiócesis de Vrhbosna-Sarajevo se inició el 19 de enero de ese año. Enseguida emprendió visitas pastorales a su diócesis para conocer mejor su situación religiosa y social. En el curso de dichas visitas, dedicó especial atención a sus encuentros con los sacerdotes.

Durante aquellos meses posteriores a la caída del Muro de Berlín, en Sarajevo, en Bosnia-Herzegovina y en el resto de la antigua Yugoslavia, así como en otros países excomunistas,  soplaban aires de libertad y de democracia. Pero muy pronto se detectaron también las primeras señales del mal que iba a llegar. En agosto de 1991 se iniciaron las hostilidades en Croacia. En Bosnia-Herzegovina los combates empezaron en noviembre del mismo año en Ravno, en el sur del país, mientras que en abril de 1992 comenzaron los asedios de ciudades, con inclusión del de Sarajevo. Ante la situación producida por la guerra, Puljic se dedicó de inmediato a socorrer a miles y miles de refugiados y de exiliados, movilizando todas las fuerzas de la Iglesia y de los hombres de buena voluntad. Sobre todo empezó a lanzar llamamientos tan numerosos como acongojados a favor del respeto de los derechos inalienables de la persona humana, sin distinción de etnia ni de credo religioso; por el derecho de cada uno a vivir en su propio hogar; por el respeto mutuo; por la unidad en la pluralidad del país. Debido a dicha actitud, fue en varias ocasiones objeto de hostilidad.

En el curso de su incansable labor a favor de la paz, se reunió varias veces con personalidades políticas: desde el presidente de Bosnia-Herzegovina, Alija Izetbegovic, hasta el presidente de la República de Croacia, Franjo Tudjman, así como con el secretario general de las Naciones Unidas, Boutros Boutros-Ghali, amén de con otros políticos, tanto en su país como en el extranjero. Tuvo también ocasión de reunirse con líderes religiosos ortodoxos y musulmanes de Bosnia-Herzegovina, con el fin de imprimir mayor impulso a la labor de las religiones por una paz justa: fue significativo, a este respeto, el encuentro interreligioso de octubre de 1993 en Sarajevo, que contó con la participación del presidente del Pontificio Consejo «Justicia y Paz» y del Pontificio Consejo «Cor Unum», el cardenal Roger Etchegaray; del nuncio apostólico en Bosnia-Herzegovina, el arzobispo Francesco Monterisi; de los líderes religiosos católicos, ortodoxos, judíos y musulmanes de la ciudad y del país. Lo mismo cabe decir del encuentro del 17 de mayo de 1994 en el aeropuerto de Sarajevo, en el que participaron el patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa, Alejo II; el patriarca de la Iglesia ortodoxa serbia, Pavle, y el arzobispo metropolitano de Zagreb, el cardenal Franjo Kuharic.

En no pocas ocasiones se jugó la vida al acudir en visita pastoral a sus parroquias, sobre todo en aquellas que habían sido víctimas del flagelo de la guerra. En el curso de una de dichas visitas permaneció detenido durante 12 horas por militares serbios en las cercanías de Sarajevo, cuando, corriendo un gran peligro, se dirigía en un vehículo blindado de los militares de la ONU –la Unprofor– a Vares, ciudad en poder de los croatas, pero ocupada después por los musulmanes.

Pese a estar en el punto de mira de quienes no compartían su actitud, se ganó la estima generalizada de la   gente y de los políticos, convirtiéndose en punto de referencia en los momentos más difíciles y en las crisis más agudas. Sus mensajes radiados o escritos fueron siempre bien acogidos tanto por la población católica como por la musulmana y por la de otras religiones.

Varias veces demostró que sabía ser  un constructor auténtico de la paz evangélica, sensible a los sufrimientos de la gente, abierto al diálogo y fiel a los principios de la convivencia entre los diferentes grupos sociales, religiosos y étnicos.

En abril de 1997 recibió al Santo Padre Juan Pablo II en su visita pastoral a Sarajevo, que el Papa había querido realizar en septiembre de 1994, durante la guerra.

Desde 1995 hasta marzo de 2002 fue presidente de la Conferencia Episcopal de Bosnia-Herzegovina, cargo que volvió a ostentar desde marzo de 2005 hasta marzo de 2010.

 

Creado y publicado cardenal por el Beato Juan Pablo II en el Consistorio del 26  de noviembre de 1994, con el título de Santa Clara en Vigna Clara.

 

(Original italiano procedente del archivo informático de la Santa Sede; traducción de ECCLESIA.)

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