Iglesia en España

Año nuevo, “misión” nueva, por Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia

Año nuevo, “misión” nueva, por Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia   

Queridos diocesanos: Llevamos ya mucho tiempo preparándonos para lo que ha de venir y justamente ahora, al comienzo del nuevo año, nos damos cuenta de que ya ha llegado: este es el año de la Misión Diocesana. Hasta ahora todo se ha movido en el diseño: desde las ideas más creativas, pasando por la búsqueda de las acciones más oportunas y, sobre todo, renovando la actitud misionera de todos, hemos puesto todo el esmero en lo que tenemos que hacer. Parroquia tras parroquia, y en ellas muchos cristianos que de pronto descubren que son misioneros, le han ido dando fondo y forma a lo que harán en la semana de misión. Y ahora sí, estamos en la rampa de salida.

Con ilusión nos miramos unos a otros y nos preguntamos entre nosotros si sabemos realmente lo que hemos que hacer. Seguramente aún hay dudas, tenemos nervios y, por supuesto, algo de miedo. Pero no temáis, la misión no depende sólo ni fundamentalmente de nosotros. Contad con el Espíritu. Pero, por qué dudar si los que han de invitar ya están trabajando para saber cómo han de ir entre los otros y qué han de decirles; si los que van a animar ya están perfilando sus estrategias y van a poner lo mejor de sí mismos para mover la voluntad de participar; si los que tienen que hablar ya están buscando las palabras oportunas que lleven al encuentro con Jesús. Nada se está dejando a la improvisación: cada sacerdote, cada consagrado y consagrada y cada laico están preparándose para ser misioneros, no sólo en la misión sino ya para siempre. Con esmero y dedicación llevan mucho tiempo sabiéndose discípulos del Señor y preparándose ante él y con él.

Dispuestos para una “gran salida”

En toda la Diócesis está emergiendo una verdadera multitud de testigos, que seguramente no podremos contar porque no se puede llevar la contabilidad de lo que está sucediendo en el corazón de tantos y tantos. No obstante, sí sabemos cuántos han dicho que están disponibles en equipos parroquiales y en cada equipo arciprestal, para participar en la “gran salida” de nuestra Iglesia Diocesana. Cada uno y juntos saldremos a los caminos a decir a todo aquel que nos quiera escuchar por qué creer en Jesucristo y amarle es el sentido y el valor de nuestra vida; por qué vivir de su amor y de su gracia es lo mejor que nos puede pasar; por qué nuestra felicidad está en vivir su misma vida; por qué es maravilloso encontrar la alegría y la paz en diálogo íntimo con él. Hablaremos de lo que sentimos y vivimos; daremos lo que recibimos y cada día nos alimenta; compartiremos lo que hace de nosotros una fraternidad familiar de vida y de amor como miembros de la Iglesia.

Daremos detalles, por supuesto, de la doctrina que nos alimenta; contaremos lo que experimentamos juntos en la liturgia de la Iglesia, y sobre todo en la Eucaristía, y diremos cómo nos fortalece; no negaremos nuestras dificultades y pecados, pero diremos con gozo, a todo el que quiera escucharnos, que vivir con el tono del Evangelio es lo mejor que nos puede suceder; y como niños con zapatos nuevos cantaremos el gozo de sentirnos íntimos del Señor en la oración personal y comunitaria. A quien se quiera parar con nosotros y escucharnos le diremos, sin ahorrarnos detalles, todo lo que alimenta nuestra inteligencia y nos lleva a creer, así como todo lo que fortalece nuestra voluntad y nos ayuda a vivir hasta sentirnos felices, aunque para ello tengamos que superar muchas dificultades y encontrar el gozo me medio de las dificultades y las tristezas.

Siempre con tono evangélico

Pero no dejaremos que nadie nos vea como superdotados y perfectos; al contrario nos pondremos a su altura, a la de la debilidad, la fragilidad y la pobreza de todos; y siempre dejaremos que por nuestro cuerpo y nuestra alma, “convertidos al Señor”, pase el Rostro de Cristo al corazón de los otros, para que sea en él con quien se encuentren con el amor de Dios. Nosotros sólo somos testigos del Único Salvador. En lo que hagamos y digamos dejaremos que todo tenga tono evangélico, que todo llegue como una noticia alegre y feliz, que todo tenga la ternura del amor de Dios. Aún en los argumentos más complicados, en aquellos asuntos en los que la distancia del mensaje sea absolutamente lejana de los criterios humanos, jamás nuestra palabra o nuestras actitudes herirán, nunca arrojarán pedradas el corazón de la gente.

La ternura del Evangelio jamás puede ser rebajada; al contrario, será el dardo milagroso que arrojemos a cuantos quieran abrir su corazón al Señor y convertirse. Nunca las piedras que lanza la ley son la solución de Jesús ante el dolor del pecado humano. A veces, es verdad que la ternura tendrá un rostro de tristeza; pero también la tristeza ante la debilidad humana es amor, un amor que espera que algún día todo pueda cambiar y convertirse en alegría. La tristeza ante el pecado humano, ante las debilidades del mundo, ante la ceguera de tantos, no puede herir ni condenar, es siempre una tristeza de puertas abiertas; lo que Dios mantiene abierto no puede cerrarlo el hombre.

El tono evangélico, el tono de Jesús es siempre de humildad, de perdón y de esperanza, y naturalmente es el tono de la alegría; porque del corazón de Cristo, y por eso del corazón de la Iglesia, sólo puede nacer la alegría.

Feliz Año Nuevo, Feliz Misión Diocesana.

+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Plasencia    

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