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Año nuevo con María Madre de Dios, rezando por la paz

Comenzamos un nuevo año. Dios pone delante de nosotros una nueva oportunidad para hacer el bien. Dios nos ofrece su gracia desde el primer día para que crezcamos en el amor a Dios, progresemos en el camino de la santidad, y volvamos nuestros ojos a los más necesitados, que viven cerca o lejos de nosotros.

Para comenzar el año con buen pie, la liturgia nos propone la fiesta de Santa María, la madre virginal de Jesús. Sería el aspecto más importante de la figura de María. Todo lo demás lo recibe en orden y por razón de su maternidad divina: “sin perder la gloria de su virginidad, derramó sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo nuestro Señor” (Prefacio). Ella es la Theotokos (Madre de Dios), porque dio a luz al Salvador del mundo. Y es madre nuestra, porque Jesús nos la dio como tal desde la Cruz. Para ser la Madre de Dios, Dios la hizo llena de gracia e inmaculada. Y por ser la Madre de Dios participa ya plenamente de la resurrección de su Hijo, asunta al cielo en alma y cuerpo.

La fiesta de Santa María Madre de Dios la celebramos a los ocho días del nacimiento de Jesús, y viene a ser como el sello de garantía de que el nacido es Dios y su Madre virgen. Atraídos por el misterio de María, “en la zarza que Moisés vio arder sin consumirse, reconocemos tu virginidad milagrosamente conservada” (antífona litúrgica). Ella nos introduzca en el misterio de Dios y nos envuelva con su maternidad virginal.

Y en este primer día del año, celebramos la 54 Jornada Mundial de la Paz, con el deseo de que llegue la paz al mundo, especialmente a las zonas en conflicto de guerra, que son muchas en este momento. La paz no será fruto de los consensos humanos, sino que es un don de Dios, que hemos de pedir con disposición de ponernos activamente a procurar esa paz en nuestro mundo. Por eso en esta Jornada se nos invita a pedir por la paz del mundo.

La Jornada Mundial de la Paz 2021 tiene como lema: “La cultura del cuidado como camino de paz” para erradicar la cultura de la indiferencia, del rechazo y de la confrontación que suele prevalecer hoy en día. Este cuidado tiene su referencia en Dios, que cuida constantemente de nosotros y nos ha encomendado el cuidado de la tierra y el cuidado de nuestros hermanos. Van íntimamente unidos estos aspectos. El egoísmo lleva a la destrucción de la naturaleza y a la eliminación de los más débiles, vulnerables e indefensos. Cambiar esa tendencia fruto del pecado nos conduce a la cultura del cuidado, de la atención, del tender la mano a quien lo necesita.

Ya desde el origen de la creación, Dios ha encargado al hombre del cultivo de la tierra y del cuidado de sus hermanos, cosa que Caín ya desobedeció, matando a su hermano Abel. Cuidar de los demás, no matarlos. Es el mandamiento de Dios, y es el camino para la paz hoy. Cuando la cultura de la muerte y del descarte va difundiéndose, entonces no vamos abriendo caminos a la paz ni colaboramos con la paz que Dios quiere para el mundo.

Hemos vivido a nivel mundial la pandemia del Covid-19, que debiera prolongar en todos nosotros las actitudes solidarias que ha despertado. El corazón del hombre no está corrompido, y tiene capacidad de reaccionar en la línea del bien. Sin embargo, no persevera en ese bien cuando a nivel mundial manipula el reparto de las vacunas, cuando al mismo tiempo que lamenta los muertos por el Covid-19, aprueba en España una ley de eutanasia. Los cuidados paliativos están en la línea del cuidado como camino de la paz. La eutanasia, sin embargo, está en la línea del egoísmo, de la destrucción y de la muerte.

Pidamos a Dios que este nuevo año que estrenamos sea venturoso porque prevalezca la gracia sobre el pecado, la luz sobre las tinieblas, el amor que construye sobre el odio que destruye. Santa María, Reina de la paz, ruega por nosotros.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández
Obispo de Córdoba



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