Firmas

Aniversario, por el sacerdote Ángel Moreno de Buenafuente

Aniversario, por el sacerdote Ángel Moreno de Buenafuente

El día 16 de octubre de 1969 llegué por primera vez a Buenafuente, al haber sido nombrado capellán del Monasterio y párroco de Villar de Cobeta y de Huertahernando. Al cumplirse 47 años de mi estancia en el Sistal, deseo elevar mi acción de gracias a Dios, y a todos los que con vuestra amistad y oración hacéis posible el ejercicio gozoso del ministerio recibido.

Como sabéis durante los días 7-12 de octubre he acompañado la peregrinación diocesana a Roma, presidida por nuestro Obispo, D. Atilano, y guiada por nuestro Vicario General, D. Agustín Bugeda, experto vaticanista y gran conocedor de la histórica ciudad.

Son muchas las vivencias que se tienen, cuando se acude a los lugares santos, y sobre todo al compartir con creyentes de todo el mundo la misma fe, en comunión con el Papa, a quien pude estrechar su mano, según testifica el reportaje del Observatore Romano.

En la tarde del 8 de octubre asistíamos a la vigilia de oración en honor la Virgen y Madre de la Misericordia, dentro de los actos especiales del Año Jubilar de la Misericordia. En esos momentos en los que de manera muy sencilla y entrañable eran introducidas procesionalmente las imágenes de Nuestra Señora, traídas de los cinco continentes, sentí la especial protección de la Virgen, que ella me dejaba percibir de manera afectiva y muy sensible, al paso de la imagen de Nuestra Señora de Fátima, viniendo a mi memoria experiencias tenidas en 1985 en su santuario de Portugal, como ya os comuniqué desde Roma.

Al volver a casa, he reparado en el mosaico que me regalaron quienes fueron testigos de la experiencia de consolación, que mi regaló la Virgen en Fátima, cuando parecía que la intuición de crear una comunidad de sacerdotes en Buenafuente era algo imposible. Y mi emoción se ha hecho expresiva cuando he reparado que había sido justamente el mimo día, el 8 de octubre de 1985.

En aquellas circunstancias escuché, sin oír nada: “No temas, yo lo haré”, e interpreté que se refería precisamente a la consolidación de la comunidad, cosa que comenzó a suceder, y dura hasta hoy. Y en estos momentos, en los que han sucedido diversos cambios de sacerdotes, renuevo la confianza en Nuestra Señora. Ella nos acompaña maternalmente, más allá de lo que podamos sentir.

Cuando inicio el curso 48, y no faltan preguntas, me abandono en manos de María, ella nos conduce y con ella canto el Magnificat.

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