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Aniversario #ECCLESIAdesdeCASA: Un año acompañando durante la pandemia

Cuando aún no sabíamos que nos  esperaba una de las mayores crisis de nuestra historia reciente en todos sus ámbitos, el equipo ECCLESIA trasladó la redacción a cada una de sus casas para seguir acompañando a todos nuestros lectores. #ECCLESIAdesdeCASA fue nuestro lema en redes sociales a través del cual trabajamos para hacernos cercanos y llevar a los hogares luz en los momentos más oscuros del confinamiento.

Hace un año tanto la Conferencia Episcopal Española como las diócesis adoptaban una serie de disposiciones que pasaban por suprimir el culto público en la mayoría de los lugares. En algunas diócesis, se decretó el cierre temporal de lugares de culto, templos, iglesias y capillas, atendiendo a la urgencia de los contagios, que se convirtió días más tarde, en obligado cumplimiento tras la declaración del Estado de Alarma.

Los discernimientos de los obispos con sus consejos episcopales no fueron fáciles fáciles. Ellos, delante de Dios, ayudados por las mediaciones de sacerdotes, consagrados y fieles laicos, tuvieron que tomar decisiones con libertad, buscando lo que Dios quería de nosotros en esa situación de emergencia. En aquel primer número «confinados» explicábamos que se trataba de vivir esos momentos «con toda nuestra responsabilidad ciudadana, con la solidaridad fraterna hacia las personas afectadas y con la confianza en el Señor que en tiempos de prueba nunca nos deja de su mano, sino que sostiene nuestra esperanza y nos invita a la conversión».

Por eso, en ese momento más que nunca buscábamos ese tiempo de comunión, de renunciar a las críticas y desacuerdos y «ayudarnos a no contraer la enfermedad y así no ser la causa de que otros cercanos a nosotros se contagien. Por ello, estamos llamados a realizar esfuerzos y renuncias, aunque resulten dolorosas».

https://twitter.com/ecclesiadigital/status/1239493052609282048

La Iglesia siempre abierta

Cerrar los templos o suprimir las misas con público no significó de ninguna manera que la Iglesia cerrase. En ese momento, más que nunca, la Iglesia se abrió a la creatividad pastoral necesaria para que nuestras casas se conviertieran en templos sagrados. La Eucaristía se mantuvo, y los pastores fueron convocados a una nueva entrega y creatividad en la manera de acompañar al Pueblo de Dios. Como dijo el Papa Francisco «que el Pueblo de Dios se sienta acompañado por los pastores y el consuelo de la Palabra, los sacramentos y la oración».

Los medios de comunicación fuimos y fueron nuestros aliados y se convirtieron en verdaderos mediadores de la Palabra: Eucaristías en televisión, en radio, en Youtube, en Instagram, en FacebookLive; rezo de la Liturgia de las Horas (como las que organizó ECCLESIA en Instagram todos los días a las 20.45 horas), acompañamientos virtuales, meditaciones, el rezo del Rosario… son tantas las iniciativas que solo podemos agradecer desde la perspectiva del tiempo las muchas posibilidades que se nos ofrecieron y que aún se nos ofrecen.

La Iglesia no cerró y la caridad mucho menos. Todas nuestras Cáritas diocesanas reforzaron «su misión de atender, acoger y escuchar a los últimos y más excluidos, velando por su atención y cuidado». Todos colaboramos para adaptar la vida de las comunidades cristianas a las limitaciones impuestas. Un año después, tras doce meses, echamos la vista atrás y de la misma forma, en comunión, todos juntos y unidos, nuestro mensaje sigue siendo el de la esperanza en Dios, la solidaridad sin límites y la centralidad en Aquel que nos da sentido: Jesús.

Nuestra primera portada del confinamiento

«Todo estará bien». Con nuestra #PortadaEcclesia quisimos transmitir un mensaje de esperanza. Este retiro insólito al que nos vimos abocados escondía una oportunidad: La de encontrarnos con lo esencial, con la raíz y el sentido de nuestra vida. Para ello, tuvimos que acoger y abrazar la realidad con la confianza de saber que no estábamos solos, que el Señor nos sostenía. Fue entonces cuando descubrimos que este tiempo pudo fortalecer nuestro compromiso y acercarnos a los demás a través del corazón. Conectarnos juntos desde la oración y sintiéndonos respondidos por la presencia de Quien nunca nos abandona. Hasta el momento de volver a abrazarnos, fue entonces y es tiempo a día de hoy de ensanchar el alma para que este sentimiento llegue a quienes más sufren: Los enfermos, los ancianos, los que han tenido y tienen miedo y los que han estado y ahora siguen estando solos. La clave fue siempre poner a Dios en el centro y buscar la santidad en lo escondido.

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