Revista Ecclesia » Ángelus para el 18 domingo de Tiempo Ordinario, A, 3-8-2014
Juan Pablo II Benedicto XVI
Rincón Litúrgico

Ángelus para el 18 domingo de Tiempo Ordinario, A, 3-8-2014

DOMINGO 18-A DEL TIEMPO ORDINARIO

NVulgata 1 Ps 2 EConcordia y ©atena Aurea (en)

 

Textos recopilados por, fray Gregorio Cortázar Vinuesa, OCD

 

(1/4) Benedicto XVI, Ángelus 3-8-2008 (de hr es fr en it pt)

(2/4) Benedicto XVI, Ángelus 31-7-2011 (de hr es fr en it pt)

(3/4) San Juan Pablo II, Ángelus 2-8-1987 (es it):

«La liturgia de este domingo nos muestra a Jesús que siente compasión de la muchedumbre hambrienta que le seguía y multiplica el pan con el fin de alimentarla; pero, en su designio salvífico, prepara otro pan: él mismo, que será verdadero alimento para la vida eterna».

(4/4) San Juan Pablo II, Ángelus, 2-8-1981 (es it pt):

«1. “Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente” (Sal 145, 18).

Traemos a la memoria estas palabras del Salmo de la liturgia de hoy en el momento en que nos reunimos, como cada domingo, para la oración común del “Ángelus Domini”, el “Ángelus” recitado por el Papa en la plaza de San Pedro (…). Y aunque también hoy me toca presidir esta oración desde el hospital, ella es, como siempre, la expresión misma de nuestra comunión ante el Señor. ¡Es la expresión de nuestra cercanía al Señor! En efecto: “Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente”.

2. Estamos aquí para acercarnos a Dios; para sentir una vez más su cercanía. La oración realiza precisamente esto: nos acerca a Dios, y acerca Dios a nosotros. Y esto es lo que nos enseña a todos, de modo sencillo y al mismo tiempo perfecto, María de Nazaret. Cuando nos reunimos para el “Ángelus Domini”, no solo pronunciamos las palabras de esta oración, sino que hacemos revivir en la memoria y en el corazón esas mismas palabras con las que ella, la Virgen, habló con Dios en ese momento inefable cuando, de la boca de Gabriel, conoció su vocación a ser Madre del Verbo Eterno. Dios no estuvo nunca tan cerca del hombre, y el hombre jamás estuvo tan cercano a Dios, como precisamente en ese momento: ¡en el instante del misterio de la Encarnación!

3. Al recitar el “Ángelus” aprendemos, pues, de María la cercanía de Dios. Aprendemos que él “está cerca de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente”. Y suplicamos que esta cercanía de Dios no nos abandone jamás y en ningún lugar: tanto en los días festivos, como en la vida cotidiana; en el trabajo y durante el descanso: así en la alegría como en el sufrimiento o en la enfermedad.

¡Queridos hermanos y hermanas, los que estáis aquí reunidos y los demás, dondequiera que os halléis! Os deseo que encontréis la cercanía de Dios “invocándolo sinceramente”. ¡Os deseo que la oración sea siempre una constante en vuestra vida! Que no se seque nunca la fuente de la cercanía de Dios y la relación con él.

4. Esto pedimos a María en el “Ángelus” de hoy, para nosotros y para todos los hombres».



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